Silya Ziani, voz de libertad en el RIF

Silya Ziani, activista de Derechos Humanos en Marruecos

El desnorte del país más al norte de África no es una novedad. Desde hace décadas dejó de serlo. Tampoco es algo que, con los antecedentes conocidos, pueda sorprender a nadie. En su obsesivo afán por aplacar y neutralizar las reivindicaciones sociales, todo un ‘señor’ Estado ha resbalado, de forma reiterada, en un descarado incumplimiento de los Derechos Humanos.

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Cuarenta años de espera

Los saharuis están ‘encantados’ de rememorar una marcha ‘tan pacífica’ que cumple ya cuatro décadas. La celebración de la Marcha Verde llega en un momento muy delicado para miles de personas y familias que han perdido lo poco que tenían ante las inclemencia del tiempo. Unas virulentas riadas han invalidado la utilidad de hospitales, escuelas y jaimas.
Y, España, ¿dónde está? Desde entonces, no ha existido una compensación, una reparación, una respuesta después de abandonar, a su dicha, a miles de seres humanos que aprendieron, por necesidad, a vivir en campamentos de refugiados en medio de un inhóspito desierto.

El pueblo saharui sigue encontrar otra salida que vivir en los campamentos de regufiados Sigue leyendo

Inaceptable amnesia de España en el Sáhara

Campamentos de refugiados en el Sáhara

El pueblo saharui es otro de los grandes olvidados por el gobierno español. A la situación de ambigüedad política, por no decir de abandono, se unió la reciente decisión del ministro de exteriores de retirar a un importante número de cooperantes de la zona por considerarla como una ‘zona caliente’ para la práctica del secuestro o el atentado por parte de los Yihadistas. Hasta la fecha, ingnoramos si aquella determinación fue una excusa para seguir rebajando el presupuesto de la Agencia Española de Cooperación o una amenaza real.

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Suma y sigue hacia el abismo

Es muy posible que las maquilas de las fábricas del textil en Marruecos no sepan, a día de hoy, que la marca Europea para la que producen prendas de ropa se han convertido en todo un referente del poderío económico. Inditex y Amancio Ortega lograban encabezar la lista de empresas y personas más ricas del planeta. Esta posición duro segundos hasta que las acciones de Bill Gates, de Microsoft, volvieron a crecer y desplazar al empresario gallego a la ‘deshonrosa’ segunda plaza: “Que pugna tan absurda cuando se tiene más de lo que necesitarían en cinco generaciones”.

Los derechos humanos se incumplen en las fábricas del textil de Marruecos que contrata Inditex y Amancio Ortega Sigue leyendo

Malhechores involuntarios

El cumplimiento de los Derechos Humanos en Marruecos es una verdadera entelequia. Sobre todo cuando se trata de un activista de origen saharaui que reivindica el reconocimiento oficial de su pueblo a una comunidad internacional que se pone de perfil. La única respuesta posible se centra en la persecución y en la prisión, como mal menor. A partir de ahí… podemos echar a volar nuestra imaginación para pensar en los peores augurios.
La represión de Marruecos contra los activistas de Derechos Humanos Sigue leyendo

De denunciantes a denunciados

Wafa Charaf es activista de Derechos Humanos en MarruecosWafaa Charaf ingresó en prisión el 9 de julio en Tánger después de presentar una denuncia por secuestro, detención ilegal y amenazas de la Policía Marroquí. Fue abandonada en una carretera a once kilómetros de la ciudad marroquí de Tánger. Acababa de asistir, en aquel 27 de abril de 2014, a un mitin de apoyo a los trabajadores de la multinacional estadounidense Greif (el líder mundial en envasado industrial). Parte de la plantilla había sido despedida por crear una sección sindical. Prohibir y pulverizar cualquier estructura que permita articular una organización de defensa de los derechos laborales es una realidad muy consolidada en las prácticas de las empresas radicadas en las Zonas Francas. Sigue leyendo

El bucle de Sarah

La discriminación de la mujer soltera en Marruecos

Foto: Miguel Núñez

Escondida ante la vida se encontraba aquella mujer que una tarde de agosto decidió romper su silencio. Gritar su verdadera historia al mundo, a los cuatro puntos cardinales. Y denunciar aquello que oprime de forma asfixiante por dentro y por fuera.  Estaba harta de buscar escondites para evadirse de su propia realidad. Agazapada en una madriguera, rezaba por que algún día los zarpazos recibidos no volviesen a convertirse en una amenaza insalvable.

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Espiando una realidad social

Detenerse, observar y hasta espiar una realidad social con es constituyente de delito, según las leyes internacionales.  La visión de un determinado contexto puede tener, en origen, un importante sesgo por los deformados mensajes que llegan desde ese lugar y como viven sus gentes.
Es el caso de la sociedad marroquí. En múltiples conversaciones llegaron a confesar que se sienten prejuzgados por la polvareda de los retorcidos estigmas en los lustrosos países de occidente. No dudan en censurar a aquellos que se niegan a conocerlos por como haber sido presentados en la distancia. Y exigen un mínimo ejercicio de comprensión y empatía.
ESPIONAJE SOCIAL

Foto de Carolina Sertal realizada en la provincia de Nador (Marruecos)

Pero, sobre terreno, las cosas son bien diferentes: Una cosa es el sistema y otra bien distinta sus gentes, quienes componen un modelo social con sus virtudes y defectos. De esto último ya conocemos incontables problemáticas: Desigualdad, injusticia, pobreza, entre otras.
Así pues, resulta más recomendable quedarse con la primera parte para ayudar a construir un edificio multicultural sin rendijas en sus imaginarias ventanas.

¿Quién los rescata ahora a ellos?

Ha vuelto a suceder. Y mucho nos tememos que no será la última escena de terror que protagonicen seres humanos embarcados en la temible patera de la inmigración. La tragedia tiene por costumbre reaparecer, con más frecuencia de la deseada, entre las costas de Marruecos y España.

La realidad se ha teñido de muerte en la última travesía para 54 personas procedentes del África Subsahariana: 14 de ellas perecieron a bordo y 40 se encuentran desaparecidas en la inmensidad, donde el agua se mezcla con la sal… El mar ha aplicado el mayor de sus castigos jugando durante 36 horas con la vida de 80 personas en un endeble chinchorro. A tal deriva solo lograron sobrevivir 15.

El resultado, al nuevo intento de cruzar una peligrosa frontera de agua, nos advierte de la desesperada pretensión de muchos/as por acariciar, aunque sea en sueños, una mínima oportunidad de mejorar las condiciones de vida.

Inmigración de África hacia Europa

Alquilar una patera hacia el abismo es la única garantía que pueden ofrecer las incontroladas mafias que operan con impunidad en las invisibles redes de la inmigración. “El resto suele convertirse en una inalcanzable expectativa”. Sólo unos pocos elegidos lo logran.

Abonados al embuste; niños, mujeres o jóvenes caen en la trampa: Ponen rumbo a un futuro que suele acabar desviándose en la mitad del camino hacia un incierto y pésimo lugar.

Muchas aventuras se detienen en una eterna espera en el monte Gurugú, próximo a la ciudad de Nador; también en Alhucemas, donde los meses se transforman en años o en la periferia de ciudad de Tánger, formando parte de un poblado de infraviviendas cercado por una intensiva policía marroquí.

Improvisados lugares. Una especie de prisiones naturales compuestas por los densos flujos migratorios, principalmente, procedentes de los países del sur del continente. Allí, la calidad de vida es una entelequia tan pírrica como la seguridad de navegar en una humilde barcaza a través del Estrecho de Gibraltar.

Las avalanchas en la valla que separa Melilla de Nador (España/Marruecos), en la frontera de Beni Enzar,  son otra imborrable evidencia del nivel de presión que un problema social global adquiere bajo la indeleble sombra de la pobreza. Vivir un poco mejor, ese gran anhelo, conduce a miles de seres humanos a empotrarse contra el grueso muro de la insolidaridad a uno y otro lado….

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras, de forma reiterada, advierten de los continuos dramas que atienden a diario en territorio marroquí. A las severas condiciones de errar miles de kilómetros se añaden las violentas palizas de la policía marroquí. En el caso de las mujeres y niños, los peligros aumentan ante un innegable riesgo a las agresiones sexuales o exposición al maltrato continuado…

Y todo esto sucede mientras el incumplimiento de los Derechos Humanos se agudiza con deportaciones de inmigrantes a la frontera de Argelia, en pleno desierto de Oujda, a la espera de que las fuerzas cedan, sin compasión, en un medio tan hostil y cruel como poner los dos píes en una patera con casi un centenar de personas en su interior.

Es conocido que Marruecos hace el trabajo sucio de contención demográfica a Europa. De tal modo que el control fronterizo sea una prioridad por encima de cualquier consideración humana. Por su parte, España negocia un rescate de las estructuras económicas y financieras con la Unión Europea y, como contrapartida, se ceba con la Ayuda Oficial al Desarrollo convirtiéndola en una víctima indefensa de los recortes.

En los últimos meses, el deterioro de los recursos disponibles destinados a la Cooperación Internacional se ha visto acelerado. Uno de los mecanismos más humanizados para rebajar el número de migrantes, con una contribución específica y real al progreso social en las regiones deprimidas, agoniza en medio del océano del repudio.

Pensar en sustraerse a esta furiosa realidad también precisaría de un profundo plan de salvamento de la conciencia colectiva. Pero, las reflexiones más urgentes no se encuentran a esta orilla del dilema… La principal pregunta es muy escueta: ¿Quién los rescata ahora a ellos?

Desafortunadamente, al cerrar este post, la radio vuelve a las inmundas aguas del Estrecho: Informa que Salvamento Marítimo (SM) acaba de localizar otra patera, sin coordenadas fijas, con medio centenar de personas en medio de la nada, sin nada (Viernes, 26 de octubre de 2012).

Es obligado poner el punto y seguido…