La teocracia en Irán no relaja su persecución a los derechos humanos

El joven Peyvand Naimi ha sido encarcelado por participar en las protestas de inicios de año y por sus creencias religiosas bahá’í.

El estruendo de las bombas y las hostilidades en Oriente Medio ensordecen y ensombrecen otras realidades que acontecen y atropellan la dignidad de las personas. Repeler la guerra no lleva aparejada la renuncia a exigir algo tan básico como las libertades y derechos de los seres humanos.

Al margen de las operaciones militares dentro de Irán siguen pasando cosas: los derechos humanos no cuentan con una mínima garantía bajo el asfixiante yugo del régimen ayatolá. Y dependiendo de la situación, condición, creencia o pertenencia a una comunidad o colectivo, la situación puede ser aún más compleja para recibir el obligado respeto y protección del Estado.

La situación de jóvenes como Peyvand Naimi, encarcelado por sus creencias bahá’í, evidencia la inexistencia de elección de culto, orientación sexual o ideología en un país que estrangula los derechos y libertades más fundamentales.

El caso de Peyvand Naimi

Peyvand Naimi fue detenido el pasado el 8 de enero, bajo las falsas acusaciones de haber instigado disturbios durante las protestas de ese mes. Como consecuencia de su arresto fue trasladado a un centro de detención de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), conocido y temido por tratarse de un centro de tortura y malos tratos contra los detenidos.

Posteriormente, fue obligado a una confesión forzada, sometido a una coacción, en la que supuestamente reconocía su participación en las protestas. Para evitar cualquier atisbo de duda, el régimen de los Ayatolas difundió este hecho por la televisión estatal el 1 de febrero.
Fue trasladado a la prisión de Kerman. Y, desde mediados del pasado mes marzo, durante un periodo de diez días, el Peyvand Naimi ha sido objeto de torturas severas, interrogatorios interminables y privación de alimentos y agua. De hecho, sufrió y permaneció durante 48 horas atado de pies y manos a una pared, mientras en esta situación de indefensión también era golpeado una y otra vez.

Al parecer, sus creencias como bahá’í se han acabado convirtiendo en su principal enemigo. Por ello, fue objeto torturas psicológicas con más interrogatorios ejecuciones simuladas con el objetivo de obtener la confesión falsa.

La comunidad bahá’ía y la teocracia

La comunidad bahá’í en España y el resto del mundo, y diferentes colectivos de derechos humanos exigen una pronta reacción y, en particular, una obligada liberación de Peyvand Naimi. Una reivindicación que requiere ser atendida con el mayor compromiso político exterior para incidir en el interior de un país manejado por una recia teocracia que se niega a ceder un milímetro ante la obligación de cumplir con lo más elemental de los derechos humanos.   

Podcast

(Entrevista  con Shoreh Rezaie, miembro del Comité Derechos Humanos y Solidaridad con los Bahaís de Irán, y Clarisa Nieva, coordinadora de la Oficina de Asuntos Públicos de la Comunidad Bahaí en España)

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