
Las mexicanas vuelven a velar a una mujer víctima de la violencia machista, del feminicidio más atroz que se conoce. Es una de las amenazantes realidades con las que conviven a diario: cada mañana, tarde y noche. Cualquier situación, por nimia que parezca, puede derivar en una desaparición o en el asesinato de una mujer.


Es la consecuencia de muchas realidades preñadas de injusticia social y pobreza. Un paseo kilométrico a lomos de un tren de mercancías que se ha convertido en el canguro de miles de personas que huyen de sus raíces. De ese lugar que les vio nacer y crecer. De esa escena en la que residieron, en otras condiciones, padres y abuelos. Pero, la situación aprieta tanto en el cogote, en los últimos tiempos, que no queda otra que hacer el petate y dejar todo atrás. Sin tiempo para meditar sobre lo que se queda en el pasado y sobre lo que metemos en la mochila del presente.

