Víctima de la violencia sexual del Estado Islámico, su dura historia contada en un libro ha logrado conmover al mundo
Foto ONU/Manuel Elias
Asomarte y sobrevolar por las páginas del libro ‘Yo seré la última’ de Nadia Murad es una experiencia que marca y deja una huella indeleble en la memoria literaria que cada uno conservamos, como un verdadero tesoro, en una de las incontables habitaciones neurales de nuestro infrautilizado cerebro.
Se trata de una bofetada de realidad, de las muchas que acontecen y duelen de manera infinita. Nadia era una joven cuando todo ocurrió en su adorado Irak. De familia humilde, dedicada al cultivo y ganado de subsistencia en el pueblo de Kojo en Sinjar, al norte del país, pertenece a una minoría étnica religiosa como la yazidí. Un hecho que condicionaría para siempre los pasos futuros de su vida.
El genocidio yazidí y la ofensiva del Estado Islámico en Irak
A los 21 años, la sinrazón del terrorismo manufacturado por el Estado Islámico convierte su realidad en un verdadero abismo: combatientes de este extendido grupo de extremistas armados deciden tomar el pueblo y someter a sus habitantes a la peor de las pesadillas: secuestro, tortura y muerte.
Nadia narra en el libro, con extrema precisión, cómo acaban siendo confinados en la escuela del pueblo, al más puro estilo del gueto de Varsovia, en plena ocupación de Polonia por los nazis, con la finalidad de seleccionar quién y quién no podía continuar existiendo por sus creencias religiosas. Por practicar un culto con sólidas raíces en el Kurdistán. Están considerados por las corrientes más extremistas del islam radical como una comunidad que venera los postulados del diablo.
¿Qué es la cultura yazidí y en qué consiste su credo?
Ser o decidir seguir la cultura yazidí supone abrazar un credo con unas características sincréticas en las que las imágenes se encuentran próximas al mundo sufí (una corriente mística del islam), mientras que la mitología empleada se aleja de este contexto y se inspira en las antiguas religiones persas. Una miscelánea de lo más interesante que requiere de tiempo de estudio para comprenderla en su máxima extensión.
Entregar las convicciones a esta idea, a una filosofía de vida, a un credo determinado se transformó en la sentencia de muerte para centenares de personas durante el asalto a la existencia sosegada y tranquila de los habitantes de Kojo. En aquella acción hostil, cargada de violencia y crueldad, que se produjo en 2014, perdieron la vida los hermanos y los padres de Nadia. En un chasquido de dedos, su entorno familiar quedó extinguido y ella, como más de 6000 mujeres, según Naciones Unidas, fue convertida en esclava y vendida a diferentes mandos del EI. Tuvo que resistir a un continuo maltrato, a violaciones e incluso vejaciones de diversa naturaleza. A una de las mayores condenas que puede afrontar una joven mujer, cargada de incontables expectativas de vida.
Transcurrido un año, en 2015, aprovecha un descuido para huir de la casa de uno de sus captores y buscar ayuda para salir de un laberinto oscuro, tenebroso, terrible. Es ayudada por una familia Kurda que logra ponerla a salvo. Ese mismo año, en el mes de septiembre, Nadia es una de las 1000 mujeres y niños que se beneficiaron de un programa de refugiados del Gobierno de Baden-Württemberg, en Alemania. Aprovecha estas condiciones para iniciar una campaña de denuncias y sensibilización. De forma accidental, forzada por las circunstancias, inicia una carrera imparable como activista, hoy en día una referencia mundial.
Comprometida con su labor y con la inquebrantable idea de evitar que otras chicas como ella sufran una condena que ampute la dignidad y libertad de su vida, Nadia Murad informa al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre la trata de humanos y el conflicto armado que se libra en el territorio iraquí.
La abogada Amal Clooney y la batalla judicial contra el ISIS
Poco después, en 2016, decide emprender acciones judiciales contra los altos cargos del ISIS gracias a la implicación de la abogada Amal Clooney, quien decidió anunciar personalmente que representa a Nadia Murad como víctima de la violencia sexual, la trata de personas y de un genocidio ante la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
Fruto de todas sus incansables acciones, tras arborecer sus iniciativas para prevenir más casos con el suyo, recibe el Premio Nobel de la Paz (2018) mientras trabajaba, con máxima dedicación, en un libro que recopila sus memorias y su experiencia como mujer explotada y despojada de la más mínima consideración. De ese enorme esfuerzo personal por recordar pasajes dolorosos de sus vivencias nace una obra imprescindible para entender que hay muchas historias anónimas parecidas a la de Nadia. Una realidad humanitaria que comparte profundos paralelismos con las crónicas que recojo en mi primer libro, titulado [La cara más dura de la esperanza]. Que existen numerosas jóvenes en el mundo y en su propio mundo (del que ella fue capaz de huir) que precisan de una urgente protección.
‘Yo seré la última’: memorias de una activista por los Derechos Humanos
‘Yo seré la última: Historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado islámico’ es en sí un libro necesario de lo que no puede volver a padecer una mujer por el hecho de ser mujer pobre y pertenecer a una minoría étnica. De lo que puede volver a suceder en escenarios donde las mujeres son forzadas a renunciar a su dignidad como ser humano.


