Más de seis décadas, obligados a ser humanos…

El derecho a vivir rodeado de la máxima humanidad debe mudar hacia la senda de la obligación. Sin distinciones culturales, sociales o políticas, el ser humano está llamado a aprovechar su existencia ejerciendo como tal. Al final, tener que aprobar una Declaración solo delata que el derecho ha ganado la partida a la obligación en el tablero de ajedrez como sinónimo de un fracaso colectivo en el transcurso de la historia.

Desde que asomamos la cabeza, nuestra integración a cualquier opción de sociedad queda sobrentendido que debe hacerse bajo los más esenciales y elementales criterios de desarrollo. Crecer y conocer la felicidad infantil forma parte de una evolución natural que solo el ser humano es capaz de truncar sin complejos: “Cualquier siniestro argumento inventaremos para ello”. Similar situación que también alcanza a millones de mujeres, mayores o personas desfavorecidas por múltiples causas en el mundo…

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Hace más de medio siglo, el 10 de diciembre de 1948 llegaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tuvieron que transcurrir un millar de años para llegar a impulsar una obligación vestida de derecho.  Hoy en día, el Alto Comisionado de Naciones Unidas intenta velar por el respeto e igualdad entre los seres más racionales, conocidos hasta el momento, que habitan el planeta.

Haciendo un barrido geográfico resulta inabarcable denunciar, en un puñado de palabras que componen este post alojado en un rincón de la blogosfera, todas las acciones y contextos donde se ha pisado y traspasado la línea roja. Queda claro que la vulneración de alguno de los 30 artículos es continua y consentida, en numerosas ocasiones, por la comunidad internacional.

Los conflictos bélicos son la parte más visible del horror y drama del incumplimiento de la obligación a comportarse como “un ser excepcional”, tal y como exclamaba uno de los participantes del proyecto de comunicación para el desarrollo en el canal de radio ‘La Colifata’.

Pero, según Amnistía Internacional, las mujeres son la parte invisible de dicho incumplimiento. Una vez más, la obligación a respetar su dignidad ha tenido que ser recogida como un derecho.  “La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos”, reza uno de los párrafos de la entrada publicada en el blog de la organización.

En este mismo espacio de Referencias, hemos denunciado casos tan insólitos como el de Gulnaz, la mujer afgana obligada a contraer matrimonio con su agresor sexual. En su realidad cultural, el hecho de ser violada no es más que una falta muy grave por mantener relaciones fuera del matrimonio. Otro de los ejemplos que alientan a la necesidad de transformar los derechos en obligaciones.

Asimismo, existen países y sistemas políticos muy acostumbrados a pisar con crueldad el deseo de disfrutar de un cierto bienestar de otros modelos de convivencia por «una supuesta amenaza para el orden mundial”. En esta misma línea, culturas que intentar invadir a otras culturas consideradas inferiores por un menor ritmo en el desarrollo económico y político; un aspecto que deriva en irreparables daños sociales.

Y añadimos a este capítulo de reflexiones una nueva modalidad, si cabe, de mayor nivel de invisibilidad: Las crisis humanitarias intencionadas. Aquellas que son provocadas por la especulación de los precios de los alimentos desde un despacho en Londres, caso del Cuerno de África, como otro de los modos de anular al ser humano ante la absoluta imposibilidad de acceder y abastecer las necesidades más básicas.

Al mismo tiempo, el área queda controlada, a través de la estratégica fórmula del caos y desestabilización, con el fomento de un pasillo de distribución de armas a los denominados ‘Señores de la Guerra’. A su alrededor, hambruna y miseria. Una inacción contra la pobreza que también está catalogada como otro de los métodos de mancillar el honor de los DD.HH.

Un exclusivo espejo del expolio de recursos y oportunidades que inciden en una acentuada rebaja de las condiciones humanas de vida.

Y no cabe duda que, al traspasar la efeméride de más de seis décadas, podemos extraer un axioma: ‘A  golpe de obligaciones sí somos capaces de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos del prójimo’.

El virus del estigma: ‘to be continued’…

La discriminación de las personas con VIH/SidaDifícil de olvidar la primera conversación con un gran especialista gallego en medicina interna sobre la incidencia del VIH/Sida. Corrían los años noventa cuando la esperanza de vida, a este lado de la realidad, era más bien poca o nula. En el recuerdo más lujoso de detalles encontramos aquella sincera declaración, poco después de iniciarse la revolución farmacológica con la aparición de la TARGA (Terapia Antirretroviral de Gran Actividad). Continuar leyendo «El virus del estigma: ‘to be continued’…»

La doble condena de Gulnaz

 

Mujeres en AfganistánEl asunto debería estar clasificado entre los más graves atentados a las normas más de convivencia a escala mundial. La comunidad internacional invierte recursos en el envío de armamento, ejércitos, observadores internacionales en ciertos contextos donde parece existir una supuesta desestabilización o depresión democrática y, sin embargo, ignora o se pone de perfil ante el atropello de los derechos humanos a todos los niveles.

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La ‘prima de riesgo’ de los #Programas 20N

Bolsa de valores del Nadaq

Es una jornada de reflexión en la existe la sensación política de que “todo está muy claro en España. Albergamos la incertidumbre de que esto sea positivo para una democracia”. Tal y como marca la legislación actual es un día destinado a meditar, pensar y calcular las consecuencias de un voto. La orientación del mismo se presupone que está basada en un previo ejercicio de contraste de programas electorales presentados por las formaciones políticas que pretenden representar las inquietudes y necesidades de la ciudadanía.

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Reencuentro con la ‘generación perdida’

El presente recibe la visita de un pasado con el que ya no contaba. Supervivientes de la denominada ‘generación perdida’ reivindican el mérito de haber sorteado todas las minas escondidas en el camino vital… Algunos que fueron seducidos por unas sustancias de toxicidad social incalculable, ahora, cuentan su historia con grandes dosis de arrepentimiento cuando la mirada se fija en lo ocurrido a lo largo de la década de los 80.

Si hubiesemos podido incluir aquella conversación en un programa de radio, habríamos elegido para su cierre una cultivada banda sonora del maestro Antonio Vega: ‘Se dejaba llevar por ti’. Nada más acertado que una lírica de desbordante realismo para ilustrar 60 minutos exclusivos.

La inciativa fue considerada pionera. De esas en las que se puede aseverar de forma categórica: «No hay precedentes» en la vida del sistema penitenciario. En este caso, el margen de error era nulo para los aficionados a rebuscar en las hemerotecas.

Todo acontece en la IV Convención Anual de Agareso. En un amplio programa también se incluye el almuerzo en el módulo 9 de la prisión de A Lama (Pontevedra). La experiencia queda acotada y limitada, algo muy habitual en la vida penitenciaria, al comedor del mecionado módulo.

La cola de gente es más extraordinaria de lo habitual. La rutina pierde fuerza ese día. Solo una ranura en la parte inferior de aquel habitáculo, soportado por una robusta estructura de hierro y cristal, permite mantener un contacto físico con los internos encargados de servir la comida de ese sábado. El menú no perseguía la exquisitez o sofisticación en su composición.

Había que buscar un sitio vacio para sentarse a comer. En aquella mesa nos encontramos con dos veteranos de la vida carcelaria. La casualidad quiso que Carmén Avendaño, presidenta de la Fundación Erguete, mujer que plantó cara a los narcotraficantes gallegos hasta desenmascararlos, nos acompañase en aquel singular escenario. Parecía no ser ajeno para ella. Pronto, descurbiríamos porqué…

Las presentaciones fueron escuetas con los dos internos que ocupaban la zona más próxima al pasillo del comedor. La mesa y sillas habian sido ancladas al suelo. Uno de ellos comienza a romper el frio inicial: «¿Te puedo llamar tocayo?». A lo que se le responde con amabilidad: «Ningún problema, encantado de compartir nombre».

Poco a poco, descubren la realidad social y personal que les ha llevado a sumar décadas en prisión: La droga en sus diversas presentaciones y composiciones ha sido la causa prinicipal «de todo». Con lamento, Juan confiensa que «ya está bien. He montado demasiados lios a todo el mundo por las drogas».

Su mirada se torna triste y nostálgica. En sus explicaciones golpea la mesa con moderación. Intenta contener la impotencia, a pesar de las numerosas desgracias provocadas con sus delictivos actos.

El robo era su modo de vida hasta que el propio sistema logró neutralizarlo… La comisión de varios delitos se acabo transformado en una condena de 12 años privado de libertad. «Es mucho tiempo aquí dentro».

En una dialogo cruzado con Carmén Avendaño desvela que el VIH también buscó acomodo en su organismo. «Lo tengo controlado. La carga viral lleva muchos análisis indetectable». Es decir, es como tener el virus dormido o inactivo en el interior del cuerpo, gracias a las actuales terapias de abordaje de la enfermedad.

Desmiente lo que todos pensabamos y dabamos por sentado: «No me contagie con las jeringuillas. Fue en una relación con una chica». Esta confidencia sorprendió por la naturalidad empleada. El paso de los minutos van agotando las posibilidades de continuar conversando. Por ese lugar, habían pasado numersosas víctimas del tráfico de drogras de las décadas de los 80 y 90. Carmén confirma ese dato: «En este centro, han estado muchos y muchas que se drograban en nuestras calles. Hemos atendido a muchos jóvenes malheridos por el veneno de la droga».

Instantes antes de la despedida, preguntamos por el futuro. Juan aclara que su paternidad y compañera sentimental es prioritaria para rechacer su vida, una vez consiga recuperar la libertad. Con una sonrisa integrada en un duro semblante nos expresa, a punto de recobrar cada uno su camino: «Para vosotros, ha sido todo un reencuentro con la generación perdida. Gracias por este rato, ¡suerte en la vida!».

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