Secuestrados por la pobreza

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El nivel de consumo no determina el grado de felicidad para ningún ser humano. Es muy cierto que los recursos proporcionan o respaldan el bienestar social. Sin embargo, la continua inducción al gasto en artículos materiales genera una elevada sensación de exigencia para alcanzar una supuesta vida completa.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, los servicios básicos y las oportunidades adolecen para millones de personas que sueñan con acabar el dia habiendo ingerido dos platos de comida y algo de agua para mitigar las debilidades del organismo. Esas cuestiones fundamentales, sea cual sea su edad de la persona, precisa para mantener las constantes vitales activas.

Los desiliquibrios son constantes, casi imparables. El descontrolado y desproporcionado consumo, en una parte, evita la involución, en otra. Una ecuación inalterable que no modifica el rumbo a pesar de los incisivos intentos de organizaciones e instituciones sociales. La llamada al consumo responsable se transforma en una omisión al deber más fundamental: solidaridad con las necesidades ajenas.

Un tercio del planeta vive y desperdicia a costa de las otras dos partes restantes. No es un dato nuevo y sí reiterado hasta la saciedad. Una cifra que sólo conmueve lo justo para registrar pequeños cambios que resultan insuficientes para un objetivo tan justo como ambicioso: equilibrar las posibilidades de vida de millones de seres humanos secuestrados por la pobreza.

Al corro de la ‘patata’ entre las balas

Niños jugando en las calles de una ciudad en Siria

Algunas cosas duelen, y mucho. Como ser humano, comprobar que se aprende poco de los errores del pasado genera la fabricación de la química básica para sentir impotencia y tristeza en el alma. Ya sabemos (esto no es nuevo) que las guerras no conducen a nada bueno. Solo logran destrucción, drama y dolor. Una clásica conclusión que no ha evolucionado con el paso del tiempo: las armas fueron, son  y serán letales para resolver diferencias, por muy grandes que estas sean.
Aún así, el conflicto de Siria deja, en su haber, una gran cantidad de perdidas superior a las 150.000 vidas. Insoportable cifra; inasumible para la ética de la comunidad internacional que dice “que quiere pero no puede” desactivar una verdadera guerra civil.
Entretanto, millares de familias buscan las fronteras del Líbano o Irak para evadir el peligro de las balas y las bombas. Niños, mujeres y ancianos se han convertido en parte de los objetivos militares sin salir de casa. Lo más importante no parece ser las personas y sus necesidades. Para nada. Esos denominados daños colaterales solo forman parte de la estrategia militar de un bando y otro. Algo no deseado pero inevitable. Luego, a modo de consuelo, ya llegará el lamento oficial para quienes sufrieron una perdida irreparable. Pero, ¿cómo se compensa tal daño?
Y los que logran subsistir comprueban como los alimentos ya no llegan a las despensas de las pocas casas que todavía quedan en píe. Escasea todo, favoreciendo que el hambre y la sed se apoderen de la vida de los civiles; quienes, cada día, suplican la paralización de una sinrazón. De una realidad minada de muerte a un éxodo forzado. Este temible escenario ha generado un pasillo humano de personas sin rumbo. Sin saber que pasará a la mañana siguiente. Con una inquietante duda: ¿Si resulta más recomendable quedarse o marcharse?
Pese a todo. En una pequeña callejuela de la ciudad de Aleppo, cuatro niñas logran imprimir una alegría inusual, extraordinaria, dado el contexto. Ajenas a todos los interrogantes y amenazas. Al margen de las infructuosas gestiones de la diplomacia internacional y los diversos mediadores de la ONU, forman un corro infantil que logra disfrazar, de alegría momentánea, la escombrera humana en la que se han convertido las condiciones de vida de los sirios.

Al calor del pequeño refugio

Refugiados sirios en el campo de Idomeni

Cientos de miles de refugiados sirios están sufriendo las consecuencias de las fuertes tormentas de nieve de este inicio del invierno en Líbano y Jordania. Huyen del conflicto y tratan de salvar la vida aunque esto signifique vivir en las duras y complejas condiciones de un campo improvisado a la intemperie, repleto de personas con las mismas necesidades: retomar lo abandonado por la fuerza.

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¿Puede Malala suceder a Mandela?

Malala Yousafzai, la estudiante paquistaní y activista que recibió un disparo en la cabeza por los talibanes por defender la educación de las niñas en su país, podría haber iniciado un camino parejo al del desaparecido Nelsón Mándela. Es una de las grandes incógnitas que nos reserva el futuro.

Bien es cierto que las generaciones y los tiempos son muy diferentes y equidistantes. Pero, no es menos cierto que la joven paquistaní ha pagado con un alto precio su respaldo a la igualdad de la mujer en ámbitos como el educativo y social.  Este viaje, sin posibilidad ya de retorno, ha conmovido una la comunidad internacional que no ha vacilado en acunar una admiración por la activista.  Hasta tal extremo que los codiciosos intereses económicos en la región han dado paso un sonoro reconocimiento a través de Naciones Unidas.

Malala podría suceder a Nelsón Mándela en el futuro

Llegar a los niveles del maestro e insustituible Mándela requiere de muchos años de sacrificio y creencia en unos ideales humanistas. Y a eso se añada la capacidad y suficiente arrojo como para cerrar la puerta a las continuas tentaciones que aparecen y reaparece en el largo camino del ministerio de los derechos humanos.

Otra diferencia insalvable también la marca el contexto geográfico. El legado de Mándela comenzó a forjarse en el sur de África, en plena ocupación de la colonia Inglesa. Por contra, Malala puede enfrentarse a un enemigo mucho más correoso y, a su vez, igual de peligroso.  La influencia talibán parte de las propias entrañas de los pueblos de la región, con lo que  su presencia en la zona se antoja muy complejo de resolver. En especial, cuando se utilizan las armas y el terror como método de negociación con los disidentes al sistema impuesto.

Su condición de mujer en un mundo sometido a tradiciones y edictos machistas inclinan, aún más, si cabe, el porcentaje de dificultad de la pendiente. Tratar de romper el impermeable muro de la desigualdad, a través de la palabra, promete convertirse un trayecto sinuoso. Ahora bien, estamos hundiendo los píes en tiempos muy propicios para los retos y cambios. Aunque, analizando la historia, siempre han sido buenos tiempos para estos menesteres.

Solo el tiempo se encargará de evaluar y juzgar a esta joven mujer que, un buen día, alzó la voz para reivindicar unos derechos usurpados a todas las niñas y mujeres de Pakistán por una tesis cultural inaceptable. Y especular sobre el recorrido de esta nueva generación de activistas no respondería a un ejercicio responsable por quienes deseamos vivir, algún día, la utopía del cumplimiento rigurosos de los Derechos Humanos, Fundamentales y Universales.

Mientras tanto, seguimos a la espera para despejar una de las grandes preguntas de nuestros tiempos: ¿Malala tiene opciones de suceder a Nelson Mándela? Sería un buen síntoma que no se eternizase una respuesta afirmativa.

¡Adopta tolerancia!

Las adopciones tienen múltiples posibilidades. En sus objetivos debe encontrar, de forma irrenunciable, la elección de compartir la vida familiar con un pequeño o pequeña con escasas opciones en el contexto de sus padres biológicos. Bien sea por una causa u otra la principal obligación – como seres humanos – no puede despegarse de la responsabilidad y el compromiso con un proyecto de desarrollo personal. El resto son aspectos o características secundarias: el país de origen, las raíces culturales, las tonalidades de la tez de la piel…

Las adopciones internacionales deben partir de la tolerancia y solidaridad

La solidaridad y el intercambio cultural puede y está en disposición de presentar varias fórmulas sociales. Todas ellas son muy hermosas y factibles. Solo es cuestión de evolucionar y olvidar la absurda sensación de que uno está ubicado en el epicentro del planeta de las oportunidades y la riqueza material. Se recomienda descartar estereotipos del estilo: la abundancia contrarresta la pobreza. Un error muy común para quienes observan este problema global con enorme distancia.

Adopciones en una u otra dirección es otro de esos necesarios avances para transformar la conciencia colectiva en un espacio abierto y plural. Los nuevos pasos hacia la tolerancia e igualdad parten de los gestos individuales con resonancia a nivel colectivo.

 El amalgama de colores de piel y la riqueza de sus culturas solo sugiere compartir y convivir sin inventar elementos de discriminación.

 ¡Adopta tolerancia!

Un poco de seguridad preventiva

Una campaña de sensibilización de UNICEF alerta a los padres de los riesgos para los pequeños de confiar en personas desconocidas sin tener clara la intención de ese contacto.

Suele suceder en los espacios más habituales o próximos al entorno del menor: escuelas, parques, centros de juegos o deportivos. Y, en el peor de los casos, en el ámbito familiar; mucho más difícil de detectar para agentes externos experimentados en Trabajo Social con la Infancia.

La amenaza de la pedofilia es una realidad a la que solo puede responder la cautela y vigilancia de los progenitores en un primer momento. Después, el turno corresponde a las fuerzas y cuerpos de seguridad para identificar, detener y procesar a quienes disfrutan con las prácticas o tendencias pedófilas.

Un dato relevante para la reflexión colectiva y social: La Fundación Alia 2, un colectivo que persigue la seguridad para los menores en la red,  refleja en un informe publicado en el 2011 que cerca de 16.000 intercambiados a través de internet albergaban sospecha de portar contenido pedófilo.

Confiar en la seguridad real puede resultar más beneficioso que confiar en el azar como método tradicional para defenderse y evitar una amenaza a la parte más vulnerable de nuestra familia.