El ‘handicap’ de la pobreza

Los flujos migratorios tienen dos vías principales: Una desemboca en la isla italiana de Lampedusa; en la obligada travesía que separa la orilla africana de la europea ya han perecido centenares de personas. Y otra que no acaba por empotrarse contra una cortina de litros de agua salada y lo hace contra una valla metálica de varios metros de altura, punzante y vigilada por dos Estados en las fronteras de Ceuta y Melilla. En esta última, el paisaje ha sido decorado con un lustroso campo de golf ante un escenario social y humano tan insostenible como insoportable.

La inmigración es otra forma de manifestación de la pobreza y la carencia de Derechos Humanos
Foto: Antonio Ruíz/El País

Lo más llamativo es que esta instalación deportiva fue financiada con fondos europeos, según confirma la periodista Gabriela Sánchez en su reportaje de Desalambre (eldiario.es). Se diseño con la finalidad de no perder esta línea de ayudas internacionales. Y se hizo sin pudor alguno. Sin tener presente algo tan visible como la inmigración encaramada, día sí y día también, en lo alto de la valla, convertido más en un hábito que en una excepción. Personas afectadas por la pobreza más extrema huelen, ven y oyen como la opulencia se impone ante sus vidas sin pudor alguno. Un castigo injustificable después de tanto sufrimiento en la espalda.

Qué puede llegar a pasar por la mente de un inmigrante cuando, al otro lado, la vida transcurre ajena, indiferente, a problemas vinculados con la pobreza, miseria, violencia o desigualdad social. Cuando la única preocupación es ir pasado de un hoyo a otro en el menor número de golpes. Cuando el resumen de las preocupaciones vitales de algunas personas, capaces de jugar a un deporte de élite sin reflexionar sobre las evidencias que acontecen a su alrededor, son el número del palo que van a pedir al caddie.

Miles de kilómetros recorridos en unas condiciones infrahumanas: sin agua, comida y durmiendo al intemperie. Y, a unos pocos metros de distancia, el interés por introducir una bola blanca en un pequeño agujero es la única respuesta: un recibimiento obsceno y muy poco sensible teniendo en cuenta que el Gobierno de Melilla se gasta 700.000 euros anuales en el mantenimiento de las mencionadas instalaciones deportivas.

Una imagen que confluye con la intención del gobierno de España de legislar las devoluciones en caliente a Marruecos. Es decir, cualquier persona que pise territorio español será devuelta al país africano sin tener en cuenta sus circunstancias humanas. Pisoteando los acuerdos internacionales y europeos de Derechos Humanos, la Ley de Extranjería persigue incumplir conceptos tan elementales como el derecho de asilo, acogimiento u otras opciones con la finalidad de no hacer frente al fenómeno de la inmigración con políticas más indulgentes.

La inmigración es otra forma de manifestación de la pobreza humana
Foto: José Palazón

La fotografía del campo de golf, limitando con la valla, no es más que un fiel reflejo de como se gestiona uno de los problema humanos más relevantes de todos los tiempos. Es una vergonzosa evidencia de la diferencia entre el mundo rico y el mundo pobre. Deja interpretar con claridad que no existe voluntad por abordar la situación desde una perspectiva sensible a quienes viven desfavorecidos por la carencia de los recursos más básicos. Que aquellos que soportan, cada hora de su vida, el peso del hándicap de la pobreza no tienen otra salida que seguir sumergidos en el sufrimiento crónico.

De denunciantes a denunciados

Wafa Charaf es activista de Derechos Humanos en MarruecosWafaa Charaf ingresó en prisión el 9 de julio en Tánger después de presentar una denuncia por secuestro, detención ilegal y amenazas de la Policía Marroquí. Fue abandonada en una carretera a once kilómetros de la ciudad marroquí de Tánger. Acababa de asistir, en aquel 27 de abril de 2014, a un mitin de apoyo a los trabajadores de la multinacional estadounidense Greif (el líder mundial en envasado industrial). Parte de la plantilla había sido despedida por crear una sección sindical. Prohibir y pulverizar cualquier estructura que permita articular una organización de defensa de los derechos laborales es una realidad muy consolidada en las prácticas de las empresas radicadas en las Zonas Francas. Continuar leyendo «De denunciantes a denunciados»

Refugiados en los planes de futuro

«Cada día, morían un centenar de personas aquí», reconoce con mucho pesar Hanaa, quien revive la crudeza de lo que ahora ocurre al otro lado de la frontera al recordar lo sucedido en este lugar del Líbano, años atrás. Se encuentra una fábrica de procesamiento de cebolla abandonada en el Valle de Bekaa. Todavía, son perceptibles las consecuencias del conflicto bélico que protagonizó Israel en el pasado. De aquel intento de invasión quedó un triste legado de muerte y destrucción.

Hanaa llora por dentro cuando se refiere a sus raíces enterradas en Siria. Donde hace varios años las bombas y los cruces de disparos eran impensables. Un país que, por aquel entonces, acogió a numerosas personas que huían del Líbano por cuestiones humanitarias. A día de hoy la situación es a la inversa. Los sirios necesitan de la solidaridad de los libaneses.

Deficiente situación de los Derechos Humanos en Siria

Mohammed y Hanaa llegaron el año pasado de Raqaa (Siria). Él había estado estudiando Ciencias Sociales en la Universidad de Alepo. Ella tenía planes de convertirse en profesora de historia después de terminar sus estudios en la misma Universidad. «Ni lo uno, ni lo otro». Ambos se han visto obligados a buscar un refugio expulsados de su propia realidad. Partir de cero. Rehacer los planes parece haberse convertido en la única alternativa para esta joven pareja.

De momento, el futuro inmediato pasa por vivir como refugiados a la espera de que todo termine algún día. El proyecto profesional y familiar deberá aplazarse hasta que las condiciones regalen un mínimo de generosidad: la resignación y paciencia son la única posibilidad para seguir manteniendo presente la esperanza de regresar a Siria con la ilusión de abrir la puerta al constructivo conocimiento para cerrar la del destructivo fuego cruzado.

¿Qué puede cambiar el mundo?

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Las decisiones importantes parece que son un campo solo abonado para mentes adultas que expropian parcelas de futuro de las nuevas generaciones. En muy pocas ocasiones se ha agacha la oreja para escuchar las inquietudes de niños y adolescentes sobre el mundo que desean recibir y gestionar.

Son muy pocas las veces que un mandatario es permeable a las peticiones más basicas de un menor. La legislación internacional de los Derechos de la Infancia está elaborada por los mayores que dirigen los destinos del planeta en organismos y asambleas como las que se celebran en la ONU. Es cierto que resulta necesaria la aportación y participación de los adultos para una serie de cometidos políticos y administrativos.  Ahora bien, esto no puede ser sinónimo de usurpación de espacios, por norma. Una realidad que acontece con mayor frecuencia de la deseada.

Es decir, mayores decidiendo por los pequeños que sienten como son tenidos en cuenta solo para justificar determinadas acciones. Ocurre lo mismo con las leyes de género: en la mayor parte, son hombres quienes redactan y debaten dichas leyes en un parlamento. Toda una contradicción. Y los hechos son muy tozudos: ¿cuántos niños padecen pobreza?, ¿por qué los recursos educativos no llegan a todos?, ¿quienes son los principales perjudicados en los conflictos bélicos? Algunos ejemplos que obtienen siempre una respuesta indeseable.

Se habla y predica de un futuro para las generaciones venideras que nunca llegará. Se insiste en construir desde un base no cimentada por educación, salud y protección social. Mas bien, todo lo contrario. La reacción suele ser tardía cuando el problema ya es irreversible. Y, en la mayoria de los casos, un lápiz,  tal y como divulga Malala, actual premio Nobel de la Paz 2014: «un pupitre y un libro hubiesen sido elementos suficientes para provocar cambios sociales en diferentes culturas y contextos del mundo».

‘Abogada del diablo’

El trabajo comprometido de Alejandra Ancheita sale a la luz con la concesión del premio Nobel de Derechos Humanos 2014. Esta activista y abogada mexicana fundó la ‪‎ONG‬ ProDESC con el objetivo de defender a las comunidades indígenas‬ de amenazas y agresiones de las empresas mineras y energéticas. Tampoco se olvida de los problemas derivados de la condición de inmigrante. Personas que optan por buscar mejores condiciones de vida alejadas de su arraigo familiar.

Desde su oficio de letrada, empleó con contundencia todo el conocimiento para reivindicar los derechos de personas desfavorecidas o en situación de desamparo en México. Reducir el maltrato y la discriminación a las personas de cultura indígena se ha convertido en el principal esfuerzo de una mujer entregada en reivindicar lo que es justo a nivel legal y social. Por mantener una postura inflexible ante la constante violación de derechos fundamentales, toda la plantilla de trabajadores de la organización que dirige Ancheita ha sufrido amenazas de muerte. Y no una sino varias veces.

En ocasiones, han sido objeto de seguimiento y vigilancia por denunciar a empresas de prospección y explotación minera una evidente falta de garantías y respeto hacia las comunidades indígenas que residen en zonas ricas en minerales o fuentes de energía. Las actuaciones legales no son nuevas en el campo de los Derechos Humanos. El coraje por afrontar este tipo de casos no han significado una limitación para Alejandra. Todo lo contrario: considera que las acciones contra las injusticias fragantes no deben quedar impunes e invisibles a ojos del mundo.

Denominada como la ‘abogada del diablo’ por sus detractores ha creído siempre en la voluntad y capacidad de perseguir a la justicia hasta las últimas consecuencias. No ha sido fácil; pero, eso lo tuvo claro desde el principio de su activismo. Suma ya tres lustros liderando una causa que logró poner en situaciones muy complicadas a multinacionales por no deponer sus intenciones de pisar y cercenar la dignidad de pueblos con una cultura diferente al modo de vida convencional.

Ha soportado campañas de desprestigio cargadas de una incontable cantidad de calumnias sobre su proceder. Sin embargo, ahora, este premio internacional le permite enterrar cualquier posible duda sobre su labor como una mujer de referencia incuestionable en el campo de los Derechos Humanos en el mundo.