¿Qué más tiene que pasar?

La comparecencia dejó perplejos a todas y todos los asistentes al acto público. Se trataba de un representante del gobierno central hablando de un caso de Violencia Machista en la provincia de Pontevedra. Al referirse al tema, emergió un discurso decimonónico y rancio que definía el actual papel de la mujer como “un ser vulnerable e indefenso”. Desde ese momento, el frío viento intelectual comenzó a soplar con una intensidad imprevista. Una profunda borrasca irrumpió por uno de los pasillos de aquel organismo oficial con una torrencial lluvia cargada de términos atrasados; más próximos a la compasión que al compromiso social contra uno de los principales problemas en España. Los gatillazos verbales no cesaban de sonar. Micrófonos abiertos y grabadoras encendidas con una repetida tentación de apagarse. Con el deseo de no haber registrado nunca algo tan inapropiado. De borrarlo todo.

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Cuarenta años de espera

Los saharuis están ‘encantados’ de rememorar una marcha ‘tan pacífica’ que cumple ya cuatro décadas. La celebración de la Marcha Verde llega en un momento muy delicado para miles de personas y familias que han perdido lo poco que tenían ante las inclemencia del tiempo. Unas virulentas riadas han invalidado la utilidad de hospitales, escuelas y jaimas.
Y, España, ¿dónde está? Desde entonces, no ha existido una compensación, una reparación, una respuesta después de abandonar, a su dicha, a miles de seres humanos que aprendieron, por necesidad, a vivir en campamentos de refugiados en medio de un inhóspito desierto.

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Efímera empatía con Alan Kurdi

El reguero de refugiados sirios no para de golpear en las costas europeas. Es un goteo incesante del que no se intuye un fin inmediato. Escenas que se repiten y se repiten. Una y otra vez. Sin descanso; para un Mar Mediterráneo que, hasta la fecha, desconoce cuantas personas han ahogado sus ilusiones en el crucero del drama, del desastre, de la insolidaridad. El cálculo se hace imposible: ¿cuántos seres humanos se encuentran ya sepultados entre millones de litros de agua salada? A día de hoy, una respuesta exacta es tan solo un flirteo con la especulación. Y, por salud mental, no parece recomendable conocer esa inclemente realidad. Poseer un dato de esa envergadura evidenciaría las miserias de una humanidad aletargada en su cómodo universo material. Podría significar una revolución, un silogismo con el que remover las turbias conciencias en las que todos escondemos una ineptitud inaceptable. Y eso parece que no le interesa, ni interesará, nunca a nadie.

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Inaceptable amnesia de España en el Sáhara

El pueblo saharui es otro de los grandes olvidados por el gobierno español. A la situación de ambigüedad política, por no decir de abandono, se unió la reciente decisión del ministro de exteriores de retirar a un importante número de cooperantes de la zona por considerarla como una ‘zona caliente’ para la práctica del secuestro o el atentado por parte de los Yihadistas. Hasta la fecha, ingnoramos si aquella determinación fue una excusa para seguir rebajando el presupuesto de la Agencia Española de Cooperación o una amenaza real.

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Suma y sigue hacia el abismo

Es muy posible que las maquilas de las fábricas del textil en Marruecos no sepan, a día de hoy, que la marca Europea para la que producen prendas de ropa se han convertido en todo un referente del poderío económico. Inditex y Amancio Ortega lograban encabezar la lista de empresas y personas más ricas del planeta. Esta posición duro segundos hasta que las acciones de Bill Gates, de Microsoft, volvieron a crecer y desplazar al empresario gallego a la ‘deshonrosa’ segunda plaza: “Que pugna tan absurda cuando se tiene más de lo que necesitarían en cinco generaciones”.

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