Pasar por un proceso depresivo o padecer una enfermedad psiquiátrica o psicológica es otra de las formas de discriminación social que acaban por abocar a la persona a la máxima expresión de la pobreza. Son muchos los que entiende que esta situación solo se da cuando las carencias pasan por un plato, un vaso o un techo. ¡Para nada! El vestuario de la pobreza tiene decenas de opciones y complementos en un interminable fondo de armario. Lamentablemente, la difusión de la recurrente imagen mediática de seres humanos, de diferentes edades, desnutridos ha alimentado la idea de que “el pobre es aquel que no tiene para comer”. Y como se puede intuir eso no se corresponde con la aplastante realidad. Se trata de otro de los tantos errores de concepto que provocan una especie de anestesia colectiva que evitan profundizar en esta serie de problemas.
Depende de quien narre el cuento
Los grandes olvidados no parece que vayan a ser rescatados de la actual oscuridad informativa. Desde el desmantelamiento del campo de refugiados de Idomeni la situación ha variado de forma sustantiva: la realidad de las personas que huyen de la guerra y la pobreza ha pasado del primer plano a ser unas verdaderas desconocidas. Es cuestión de apagar el foco informativo para que el problema desaparezca de escena y así despreocuparse de elaborar una posible solución.
¡Hasta la próxima!
Ya no hay campos de refugiados mediáticos. Han borrado la imagen en nuestras televisiones. Los informativos de la pequeña pantalla han apagado el foco en aquellos lugares en los que la tragedia humana enseñaba los dientes a diario. La decisión del gobierno griego, un ejecutivo de políticas de izquierdas, ha atendido las recomendaciones de Bruselas, de la Unión Europea. No se podrá decir que no ha sido obediente.
Dispendios electorales
¿Cómo mercantilizar al refugiado?
La deportación a Turquía es la nueva solución que acaba de idear la Unión Europea para dar salida a la llegada masiva de refugiados a Europa. Esa es la única respuesta ‘solidaria’ de un conjunto de gobiernos de países desarrollados, que obligan a otros a hacer lo que ellos no hacen, para abordar un problema humanitario de proporciones desconocidas.
