¿Qué más tiene que pasar?

Colectivos feministas se movilizan contra la violencia machista

La comparecencia dejó perplejos a todas y todos los asistentes al acto público. Se trataba de un representante del gobierno central hablando de un caso de Violencia Machista en la provincia de Pontevedra. Al referirse al tema, emergió un discurso decimonónico y rancio que definía el actual papel de la mujer como “un ser vulnerable e indefenso”. Desde ese momento, el frío viento intelectual comenzó a soplar con una intensidad imprevista. Una profunda borrasca irrumpió por uno de los pasillos de aquel organismo oficial con una torrencial lluvia cargada de términos atrasados; más próximos a la compasión que al compromiso social contra uno de los principales problemas en España. Los gatillazos verbales no cesaban de sonar. Micrófonos abiertos y grabadoras encendidas con una repetida tentación de apagarse. Con el deseo de no haber registrado nunca algo tan inapropiado. De borrarlo todo.

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Una factura secular

 Las consecuencias de la Violencia Machista trascienden, sin remedio, a las piezas más vulnerables del núcleo familiar: los niños. Las agresiones, las coacciones o el sometimiento del que se considera marido o compañero sentimental incide en el equilibrio emocional de los mas pequeños.
Es una dramática situación para madres e hijos. Las primeras por recibir los efectos de la agresión de forma directa. Y los segundos por ver, sufrir y callar ante una injusticia continuada en el tiempo. Quien ejerce violencia secuestra libertades para vivir. Quien agrede lesiona la autoestima y las ilusiones de existir.

Aprender a convivir con un clima de terrorismo doméstico solo deriva en un mismo resultado: Violencia genera más violencia. Y la espiral no se detiene de forma improvisada. Es en este punto donde los agentes externos y especializados deben intervenir para evitar un empeoramiento de la situación.
Crecer rodeado de tensión y agresividad solo logra convertirnos en personas inseguras, complejas e introvertidas como medida de defensa. Por contra, soportar estos indeseados escenarios solo produce cicatrices en lo físico, psicológico y emocional, con la consiguiente inhabilitación para ser una misma.
La sociedad tiene múltiples problemas sociales aunque la violencia machista no deja de ser otra factura pendiente, desde hace siglos, con las mujeres del planeta.
Solo cabe una salida: resolver una deuda antes de que transcurra un nuevo siglo

En tierra de nadie

La odisea vital de la joven Eva se suma a la cadena de problemas humanos y sociales que azotan con virulencia en el cuerno de África. Al sacrificio de tener que emigrar de Etiopía, esta historia, habilita un cómodo e impune espacio para la Violencia de Machista. Sigue leyendo

Masculinidad y equidad de género

Actor Social (Esther Pineda G).- Tradicionalmente, cuando hablamos de género, es frecuente circunscribirlo de manera automática a la situación de exclusión y subordinación a la que han estado sometidas y expuestas las mujeres en una organización social patriarcal como la nuestra, sin embargo, los estudios de género, comprenden también el estudio y preocupación por la situación del hombre y los procesos de construcción social de la masculinidad.

El género puede entenderse como una categoría relacional, que refiere a como se construyen las identidades femeninas y masculinas, los significados sociales y culturales que les son atribuidos a partir de sus diferencias biológicas y como estas se materializan en la acción social sexualizada.

Si bien es cierto, las mujeres han sufrido de manera directa los impactos del patriarcado y el sexismo, así como, su expresión y manifestación en formas  como el machismo, la violencia, entre otros, y de que los hombres gracias a su condición de hombres y su apego a la expectativa social de una masculinidad hegemónica han garantizado su acceso al sistema de privilegios, (poder, riqueza, prestigio y conocimiento), también serán significativamente afectados por la organización social androcéntrica y falonarcisista que les es impuesta.

 En nuestra dinámica social, a los hombres les ha sido concedida la actividad, la seguridad, la promiscuidad, la racionalidad, la fuerza, la delegación, la dominación, la autoridad, la violencia, la agresividad, la verdad, como elementos por naturaleza constitutivos de su condición de hombres, donde además serán considerados como personas justas, éticas y lógicas.

Los hombres se verán sujetos a modos conductuales, actitudinales y prácticas de socialización, impuestas y prefabricadas, es decir, son desprovistos de la posibilidad de construcción de una masculinidad desde la autonomía y la libertad. Se socializa una masculinidad hegemónica, en muchas oportunidades divorciada de la masculinidad real y deseada.

La masculinidad hegemónica será una masculinidad alienada, caracterizada por la violencia, una masculinidad mezquina, la cual en nuestra forma de organización social se ejerce desde el poder y para el poder, para dominar a otro, siempre mujer, pues los géneros ha sido estructurados y concebidos como categorías necesariamente antagónicas e irreconciliables.

No obstante, estas concepciones y conductas serán entendidas como condición biológica, o en el menor de los casos elecciones y construcción voluntaria de la estructura de personalidad, obviando la influencia y moldeamiento que han de ejercer entes socio-culturales sobre esas disposiciones colectivamente introducidas en las individualidades.

Ahora bien, la exigencia de apego a una masculinidad hegemónica, también tendrá consecuencias en la vida de los hombres, entre ellas, situaciones de aislamiento y represión de prácticas, conductas y emociones autónomas, se establecerá como imperativo el ocultamiento de las denominadas “debilidades” masculinas, pues de su espontanea manifestación dependerá la puesta en duda de la masculinidad y en consecuencia la posibilidad de exclusión, rechazo y estigma.

Pese a ello, la masculinidad no es una condición natural, biológica, inamovible e incuestionable, la toma de conciencia de esta situación ha motivado la incursión de los hombres en asuntos por la equidad de género, se ha hecho cada vez más frecuente la organización en grupos de hombres, contestatarios a la masculinidad hegemónica, pero también en lo que refiere la desarticulación del sistema que los condiciona.

En la actualidad se presenta como impostergable la ruptura con los criterios que se definieron como propios de la masculinidad, y por tanto la necesidad de desbiologizar, desmitificar, desgenitalizar las relaciones sociales, pues la modificación de la situación de exclusión y subordinación a la que aún están expuestas las mujeres en nuestras sociedades no puede darse de manera aislada, sin deconstruir esa masculinidad opresora, que excluye y subordina.

(Esther Pineda G. es socióloga, investigadora y escritora en las áreas de género, afrodescendencia y etnicidad. Autora del libro “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. E mail: estherpinedag@gmail.com  Twitter – @estherpinedag)

Algunas cosas nunca cambian…

Jóvenes de Marruecos protestan por la muerte de Amida

Amina era ciudadana de Larache, localidad norteña de Marruecos. Tenía dos opciones. Enterrarse en vida o acabar con una tortura asegurada por una de las mayores injusticias conocidas para ser humano: la agresión sexual. Por norma, esta serie de casos se ceban con las personas más vulnerables sin apenas opción para poder defender la parcela más íntima. Sigue leyendo

Más de seis décadas, obligados a ser humanos…

El derecho a vivir rodeado de la máxima humanidad debe mudar hacia la senda de la obligación. Sin distinciones culturales, sociales o políticas, el ser humano está llamado a aprovechar su existencia ejerciendo como tal. Al final, tener que aprobar una Declaración solo delata que el derecho ha ganado la partida a la obligación en el tablero de ajedrez como sinónimo de un fracaso colectivo en el transcurso de la historia.

Desde que asomamos la cabeza, nuestra integración a cualquier opción de sociedad queda sobrentendido que debe hacerse bajo los más esenciales y elementales criterios de desarrollo. Crecer y conocer la felicidad infantil forma parte de una evolución natural que solo el ser humano es capaz de truncar sin complejos: “Cualquier siniestro argumento inventaremos para ello”. Similar situación que también alcanza a millones de mujeres, mayores o personas desfavorecidas por múltiples causas en el mundo…

Hace más de medio siglo, el 10 de diciembre de 1948 llegaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tuvieron que transcurrir un millar de años para llegar a impulsar una obligación vestida de derecho.  Hoy en día, el Alto Comisionado de Naciones Unidas intenta velar por el respeto e igualdad entre los seres más racionales, conocidos hasta el momento, que habitan el planeta.

Haciendo un barrido geográfico resulta inabarcable denunciar, en un puñado de palabras que componen este post alojado en un rincón de la blogosfera, todas las acciones y contextos donde se ha pisado y traspasado la línea roja. Queda claro que la vulneración de alguno de los 30 artículos es continua y consentida, en numerosas ocasiones, por la comunidad internacional.

Los conflictos bélicos son la parte más visible del horror y drama del incumplimiento de la obligación a comportarse como “un ser excepcional”, tal y como exclamaba uno de los participantes del proyecto de comunicación para el desarrollo en el canal de radio ‘La Colifata’.

Pero, según Amnistía Internacional, las mujeres son la parte invisible de dicho incumplimiento. Una vez más, la obligación a respetar su dignidad ha tenido que ser recogida como un derecho.  “La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos”, reza uno de los párrafos de la entrada publicada en el blog de la organización.

En este mismo espacio de Referencias, hemos denunciado casos tan insólitos como el de Gulnaz, la mujer afgana obligada a contraer matrimonio con su agresor sexual. En su realidad cultural, el hecho de ser violada no es más que una falta muy grave por mantener relaciones fuera del matrimonio. Otro de los ejemplos que alientan a la necesidad de transformar los derechos en obligaciones.

Asimismo, existen países y sistemas políticos muy acostumbrados a pisar con crueldad el deseo de disfrutar de un cierto bienestar de otros modelos de convivencia por “una supuesta amenaza para el orden mundial”. En esta misma línea, culturas que intentar invadir a otras culturas consideradas inferiores por un menor ritmo en el desarrollo económico y político; un aspecto que deriva en irreparables daños sociales.

Y añadimos a este capítulo de reflexiones una nueva modalidad, si cabe, de mayor nivel de invisibilidad: Las crisis humanitarias intencionadas. Aquellas que son provocadas por la especulación de los precios de los alimentos desde un despacho en Londres, caso del Cuerno de África, como otro de los modos de anular al ser humano ante la absoluta imposibilidad de acceder y abastecer las necesidades más básicas.

Al mismo tiempo, el área queda controlada, a través de la estratégica fórmula del caos y desestabilización, con el fomento de un pasillo de distribución de armas a los denominados ‘Señores de la Guerra’. A su alrededor, hambruna y miseria. Una inacción contra la pobreza que también está catalogada como otro de los métodos de mancillar el honor de los DD.HH.

Un exclusivo espejo del expolio de recursos y oportunidades que inciden en una acentuada rebaja de las condiciones humanas de vida.

Y no cabe duda que, al traspasar la efeméride de más de seis décadas, podemos extraer un axioma: ‘A  golpe de obligaciones sí somos capaces de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos del prójimo’.

La doble condena de Gulnaz

 

Mujeres en AfganistánEl asunto debería estar clasificado entre los más graves atentados a las normas más de convivencia a escala mundial. La comunidad internacional invierte recursos en el envío de armamento, ejércitos, observadores internacionales en ciertos contextos donde parece existir una supuesta desestabilización o depresión democrática y, sin embargo, ignora o se pone de perfil ante el atropello de los derechos humanos a todos los niveles.

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