Malhechores involuntarios

El cumplimiento de los Derechos Humanos en Marruecos es una verdadera entelequia. Sobre todo cuando se trata de un activista de origen saharaui que reivindica el reconocimiento oficial de su pueblo a una comunidad internacional que se pone de perfil. La única respuesta posible se centra en la persecución y en la prisión, como mal menor. A partir de ahí… podemos echar a volar nuestra imaginación para pensar en los peores augurios.
La represión de Marruecos contra los activistas de Derechos Humanos Sigue leyendo

Refugiados en los planes de futuro

“Cada día, morían un centenar de personas aquí”, reconoce con mucho pesar Hanaa, quien revive la crudeza de lo que ahora ocurre al otro lado de la frontera al recordar lo sucedido en este lugar del Líbano, años atrás. Se encuentra una fábrica de procesamiento de cebolla abandonada en el Valle de Bekaa. Todavía, son perceptibles las consecuencias del conflicto bélico que protagonizó Israel en el pasado. De aquel intento de invasión quedó un triste legado de muerte y destrucción.

Hanaa llora por dentro cuando se refiere a sus raíces enterradas en Siria. Donde hace varios años las bombas y los cruces de disparos eran impensables. Un país que, por aquel entonces, acogió a numerosas personas que huían del Líbano por cuestiones humanitarias. A día de hoy la situación es a la inversa. Los sirios necesitan de la solidaridad de los libaneses.

Deficiente situación de los Derechos Humanos en Siria

Mohammed y Hanaa llegaron el año pasado de Raqaa (Siria). Él había estado estudiando Ciencias Sociales en la Universidad de Alepo. Ella tenía planes de convertirse en profesora de historia después de terminar sus estudios en la misma Universidad. “Ni lo uno, ni lo otro”. Ambos se han visto obligados a buscar un refugio expulsados de su propia realidad. Partir de cero. Rehacer los planes parece haberse convertido en la única alternativa para esta joven pareja.

De momento, el futuro inmediato pasa por vivir como refugiados a la espera de que todo termine algún día. El proyecto profesional y familiar deberá aplazarse hasta que las condiciones regalen un mínimo de generosidad: la resignación y paciencia son la única posibilidad para seguir manteniendo presente la esperanza de regresar a Siria con la ilusión de abrir la puerta al constructivo conocimiento para cerrar la del destructivo fuego cruzado.

La mentira del pequeño Marwan

La mentira del pequeño Marwan pudo ser una verdad aplastante que se quedo a medio camino. Como muchos menores sirios que tratan de huir de su propia existencia, por mera necesidad humana, y sucumben en el intento. Una imagen. Una foto cortada, sesgada.
Intencionadamente o no; solo saben los responsables de ACNUR, una de las agencias de refugiados que opera bajo el paraguas de Naciones Unidas. Desde el departamento de comunicación de Jordania se utilizaban sutiles frases en la información oficial como “separado temporalmente de su familia”.

 De una oración bien construida nació una mala interpretación convertida en una noticia de trascendencia internacional. En pocas horas, buena parte del planeta se estremecía de nuevo con los episodios humanos que nos presenta el irracional y cruento conflicto bélico: Supuestamente, un niño de cuatro años había cruzado el desierto solo para llegar a un campo de refugiados. Este era el mensaje principal que manejaba la mayoría de quienes se asomaban al balcón de la espinosa realidad siria. Y, como ocurre en estos casos, comenzaron las “habladurías globales” off/on line.

La verdadera historia del pequeño Marwan en el desierto. Foto del ACNUR

Una foto cobraba valor, y la información más. La fuente era incuestionable hasta que lo fue. Un fotoreportero del ACNUR daba consistencia a un hecho sin precedentes hasta el momento. Aún así, las dudas de quienes conocen el terreno no estaban mal enfocadas: ¿es posible que un niño de esa edad emprenda una aventura con ese grado de autonomía?

La respuesta no se hizo esperar. La familia del menor se encontraba a escasos metros de él. Su éxodo fue colectivo y para nada individual. Acompañado por sus padres abandonó el infierno en el que se ha convertido el presente. Pero, a punto de alcanzar, el campo de refugiados de Jordania una imagen cambia y distorsiona su propia vida durante 24 horas.

Una historia que no fue pero pudo ser. O, quizás, esté ocurriendo en este momento y nunca se sepa.

Muñeca de trapo

Un niña refugiada del conflicto de Siria juega con una muñeca

El insoportable conflicto de Siria sigue provocando que miles de familias huyan con lo puesto, y poco más. Salir del fuego cruzado se convierte en el único objetivo de padres y madres con la finalidad de proteger la vida de los suyos, por encima de cualquier otra consideración.

En el caso de los niños, la muestras de incomprensión son múltiples y complejo de resolver. No entender por qué los mayores llegan a arrebatarse la vida los unos a los otros resulta imposible de explicar a ojos y mente de un pequeño. Es más, jamas comprenderán que es tan importante como para llegar un extremo tan letal.

Los campos de refugiados en Líbano u otros lugares colindantes al país, en cuestión, están repletos de niños correteando y jugando en medio de  las improvisadas calles de tierra con una insuperable creatividad. Hacen continuas preguntas sin posibilidad de ofrecer una respuesta humanamente coherente. Y los progenitores y el resto de los miembros de la familia tratan de desviar su atención hacia otras actividades más amables y constructivas como el juego infantil.

Tanto es así que el padre de una pequeña inventó una muñeca con trapos y un trozo de madera en sustitución de uno de los juguetes más solicitados de su hija. Su construcción fue una evidente muestra de talento en medio de la nada.

Al abandonar Siria, Noura no pudo coger todas sus muñecas preferidas. Con siete años  de edad reconoce que echa de menos su casa, su habitación donde guardaba todas las cosas y, en especial, a todas sus amigas con las compartía horas y horas de juego.

A pesar de la triste escena que está obligada a soportar, vivir como una refugiada lejos del lugar de origen, presume de una familia que logra mantener intacta su dignidad infantil.

En tierra de nadie

La odisea vital de la joven Eva se suma a la cadena de problemas humanos y sociales que azotan con virulencia en el cuerno de África. Al sacrificio de tener que emigrar de Etiopía, esta historia, habilita un cómodo e impune espacio para la Violencia de Machista.

Todo ocurre en Somalilandia, un país independiente que se localiza en el noreste de Somalia. No se encuentra reconocido como tal por ningún otro país del mundo Un aspecto que agrava más la situación para aplicar con garantías la legislación internacional en materia de Derechos Humanos. Esta imposibilidad también trasciende al ámbito de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Así pues, esta muchacha abandonó su tierra, con el objetivo de incrementar las oportunidades de vida, y se acabo topando con un tierra no reconocida donde el agresor sexual no es detenido, ni juzgado por un tribunal ante un delito. Eva se convirtió en una víctima de violación perpetrada por “cuatro desalmados con los instintos más bajos totalmente desbocados”. De este abominable hecho nace un hermoso bebé.

La inseguridad se impone ante espacios esenciales como el social y judicial. En estos momentos, Eva trata de sacar adelante a su pequeño en un inhóspito lugar con el apoyo de Heba, una consejera local, a pesar de tener la sensación, cada mañana, de encontrarse en tierra de nadie…