‘La bestia’

Tren La Bestia cruzando MéxicoEs la consecuencia de muchas realidades preñadas de injusticia social y pobreza. Un paseo kilométrico a lomos de un tren de mercancías que se ha convertido en el canguro de miles de personas que huyen de sus raíces. De ese lugar que les vio nacer y crecer. De esa escena en la que residieron, en otras condiciones, padres y abuelos. Pero, la situación aprieta tanto en el cogote, en los últimos tiempos, que no queda otra que hacer el petate y dejar todo atrás. Sin tiempo para meditar sobre lo que se queda en el pasado y sobre lo que metemos en la mochila del presente.

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Desahucio de los Derechos Humanos

Los derechos humanos son una de las cuentas pendientes de muchos estados tanto ricos como pobres. Da igual el nivel de desarrollo que pueda tener. El incumplimiento es constante en muchos aspectos. En el caso de la Unión Europea, los últimos tiempos ha dejado al trasluz la apuesta por una política de reforzar o construir fronteras dejando en un segundo terminó la acogida de refugiados procedentes de la guerra de siria.fotonoticia_20151210090627_500 Sigue leyendo

Enamorados de integración ‘sin barreras’

Dos jóvenes disfrutan de un arenal accesible en Barcelona

La imágen suma varios años desde su composición. Hasta hace unas horas residía en el clandestino archivo de una ilustre periodista mexicana. Fue capturada por Priscila Hernández en uno de los últimos viajes a Barcelona para recoger un reconocimiento otorgado por su gran labor social y periodística al frente de un micrófono en la Radio Universitaria de Guadalajara.

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La amarga canción de las balas a las puertas del ‘cole’

La crítica situación social de México, en algunos estados más que en otros, es de tal embergadura que el propio sistema muestra continuas evidencias de incapacidad para mitigar y reducir el grado de violencia existente, así como sus diversas manifestaciones.

Nadie osa salir a la calle en horas nocturnas, a no ser que sea imprescindible por una causa muy justificada. Toda precaución por conservar la integridad intácta es siempre una medida muy excasa. Dar respuesta a una urgencia puede tener unas consencuencias impredecibles y, en ocasiones, letales. Poner el píe en la calle es un hecho similar a invertir toda la suerte disponible al reto de regresar a casa sin un rasguño.

A esta inconfundible realidad parecen estar adaptados los ciudadanos de La Estanzuela, un barrio ubicado en Monterrey, capital del estado mexicano de Nuevo León. Y, en especial, la maestra, Martha Ivette Rivera.

Hace unos días, impartía clase para alumnos/as de infantil con absoluta normalidad en una modesta escuela, ubicada en la periferia de la capital. En el exterior, dos bandas rivales comenzaron a dar señas de falta de entendimiento y de utilizar métodos ajenos a las enseñanzas propias de un colegio.

Con las armas desenfundadas y cargadas de munición hasta el máximo de su capacidad, comenzaron el intercambio de proyectiles que sobrevolaban las cabezas de más de una docena de pequeños. Con un acentuado instinto maternal, la maestra opta por invitarles a jugar con los cuerpos tendidos en el suelo con dos objetivos: velar por su seguridad y atenuar el miedo de los pequeños/as ante tal hostil situación.

Les acaricia con una tierna frase: “¡Preciosos!, pongan su carita en el piso. No pasa nada”.

Martha se arma de coraje e inicia una improvisada clase de canto con los pequeños tendidos en las baldosas del aula, mientras, el letal sonido de la detonación de los proyectiles insiste en intentar interrumpir la hermosa canción infantil, interpetrada bajo la batuta de una valiente docente.

Por unos minutos, consigue situar en un segundo plano el fuego cruzado, incesante en el exterior de las instalaciones escolares. Alguna inocente sonrisa se escapa en una terrorífica escena. Una pequeña, peinada con una larga y desordenada coleta, enseña sus traviesos dientes al oir los primeros compases de la canción: “Si las gotas de lluvia, fueran de chocolate…”.

Una dulce escena como contraofensiva a una invasión  perpetrada por los embajadores de la muerte, a golpe de gatillo. Todo un arrojo que podemos admirar, gracias a la cámara de video del teléfono móvil que no racaneo a la hora de grabar la hazaña.

Una improvisada clase de música, impartida bajo una lluvia de balas, se convierte en protocolo de urgencia para salvar a todos los niños y niñas del jardin de infancia. Mientras, cinco taxistas ilegales asesinados es el saldo del enfrentamiento armado por las dos bandas rivales del narcotráfico.

Vida en el interior. Muerte en el exterior. Es el resultado de un episodio reconocido por las autoridades mexicanas que han otorgado una distinción a la maestra por el valor y coraje durante más de media hora de tiroteo. “No es la primera vez”, asegura.

La balacera (Acción de tirotear o tirotearse) no es un hecho aislado a las puertas de un centro educativo de México. Por desgracia, la frecuencia ha tomado por la fuerza la normalidad de los centros de enseñanza. La región sigue sumida en continuas reyertas por el control de las rutas del contrabando a Estados Unidos.

Pero, recurrir a una canción como escudo de protección es solo una original estrategia alejada de la solución real. Lo que resulta incomprensible,  y hasta intolerable, es confirmar una extendida resignación social ante la reiterada amenaza de sus niños/as por la amarga canción de las balas a las puertas del ‘cole’.