Materia pendiente

La inmigración es una de los principales retos de los Derechos HumanosEl sur es una de esas partes del mundo donde pasan cosas. En muchas ocasiones suelen someter a las personas a una cadena de injusticias de enorme complejidad por los efectos de la pobreza, la falta de equidad de género, las agresiones a los derechos humanos o la carencia absoluta de libertades, entre otras cosas. A su vez, estos problemas suelen generar que el residente de un país acabe convertido en un inmigrante.

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Malhechores involuntarios

El cumplimiento de los Derechos Humanos en Marruecos es una verdadera entelequia. Sobre todo cuando se trata de un activista de origen saharaui que reivindica el reconocimiento oficial de su pueblo a una comunidad internacional que se pone de perfil. La única respuesta posible se centra en la persecución y en la prisión, como mal menor. A partir de ahí… podemos echar a volar nuestra imaginación para pensar en los peores augurios.
La represión de Marruecos contra los activistas de Derechos Humanos Sigue leyendo

La peligrosa escalera de las desigualdades

Una realidad en la que no cesan los golpes de mar a la vida humana, secuestrada en la deriva de la inmigración. Diez personas han muerto y 4.500 ha sido rescatadas durante los últimos días en el cementerio del Mediterráneo. Siete de los cuerpos sin vida estaban en dos lanchas neumáticas que navegaban abarrotadas de inmigrantes. Otros tres inmigrantes fueron recogidos del agua ya sin vida después de que saltaran ante la proximidad de un mercante que pretendían alcanzar a nado. Eso sí, los 31 supervivientes han sido detenidos. Las escenas se repiten. Lo mismo que la respuesta internacional por salvar vidas. Algunos países, y algunas políticas, miran de reojo una situación a la que no son ajenos o ¿si?.

La hiriente realidad nos ha presentado, en los últimos días, a mujeres rescatadas de las garras de Boko Haram relatando el horror sufrido durante su cautiverio. Ejecuciones de familiares. Hambre o privación de libertad son algunas de las lindezas sufridas. Según Amnistía Internacional, este grupo de desalmados ya ha secuestrado a 2.000 mujeres y niñas desde principios de 2014, muchas de ellas utilizadas como cocineras, esclavas sexuales o escudos humanos. Entre los casos más llamativos está el de las 200 colegialas secuestradas en un instituto internado de Chibok apresadas hace ya un año. Sin embargo, parece que ellas no están entre las últimas liberadas. Y, ¿habrían sido liberadas en caso de tratarse de un país distinto a Nigeria?, ¿hay tratos de primera y segunda para la vida humana? Algo nos hace temer que sí.

Boko Haram es un grupo terrorista de Nigeria que secuestra a mujeres y niñas. Sigue leyendo

El ‘handicap’ de la pobreza

Los flujos migratorios tienen dos vías principales: Una desemboca en la isla italiana de Lampedusa; en la obligada travesía que separa la orilla africana de la europea ya han perecido centenares de personas. Y otra que no acaba por empotrarse contra una cortina de litros de agua salada y lo hace contra una valla metálica de varios metros de altura, punzante y vigilada por dos Estados en las fronteras de Ceuta y Melilla. En esta última, el paisaje ha sido decorado con un lustroso campo de golf ante un escenario social y humano tan insostenible como insoportable.

La inmigración es otra forma de manifestación de la pobreza y la carencia de Derechos Humanos

Foto: Antonio Ruíz/El País

Lo más llamativo es que esta instalación deportiva fue financiada con fondos europeos, según confirma la periodista Gabriela Sánchez en su reportaje de Desalambre (eldiario.es). Se diseño con la finalidad de no perder esta línea de ayudas internacionales. Y se hizo sin pudor alguno. Sin tener presente algo tan visible como la inmigración encaramada, día sí y día también, en lo alto de la valla, convertido más en un hábito que en una excepción. Personas afectadas por la pobreza más extrema huelen, ven y oyen como la opulencia se impone ante sus vidas sin pudor alguno. Un castigo injustificable después de tanto sufrimiento en la espalda.

Qué puede llegar a pasar por la mente de un inmigrante cuando, al otro lado, la vida transcurre ajena, indiferente, a problemas vinculados con la pobreza, miseria, violencia o desigualdad social. Cuando la única preocupación es ir pasado de un hoyo a otro en el menor número de golpes. Cuando el resumen de las preocupaciones vitales de algunas personas, capaces de jugar a un deporte de élite sin reflexionar sobre las evidencias que acontecen a su alrededor, son el número del palo que van a pedir al caddie.

Miles de kilómetros recorridos en unas condiciones infrahumanas: sin agua, comida y durmiendo al intemperie. Y, a unos pocos metros de distancia, el interés por introducir una bola blanca en un pequeño agujero es la única respuesta: un recibimiento obsceno y muy poco sensible teniendo en cuenta que el Gobierno de Melilla se gasta 700.000 euros anuales en el mantenimiento de las mencionadas instalaciones deportivas.

Una imagen que confluye con la intención del gobierno de España de legislar las devoluciones en caliente a Marruecos. Es decir, cualquier persona que pise territorio español será devuelta al país africano sin tener en cuenta sus circunstancias humanas. Pisoteando los acuerdos internacionales y europeos de Derechos Humanos, la Ley de Extranjería persigue incumplir conceptos tan elementales como el derecho de asilo, acogimiento u otras opciones con la finalidad de no hacer frente al fenómeno de la inmigración con políticas más indulgentes.

La inmigración es otra forma de manifestación de la pobreza humana

Foto: José Palazón

La fotografía del campo de golf, limitando con la valla, no es más que un fiel reflejo de como se gestiona uno de los problema humanos más relevantes de todos los tiempos. Es una vergonzosa evidencia de la diferencia entre el mundo rico y el mundo pobre. Deja interpretar con claridad que no existe voluntad por abordar la situación desde una perspectiva sensible a quienes viven desfavorecidos por la carencia de los recursos más básicos. Que aquellos que soportan, cada hora de su vida, el peso del hándicap de la pobreza no tienen otra salida que seguir sumergidos en el sufrimiento crónico.

Huellas imborrables

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La catástrofe de Lampedusa puso en evidencia a una Unión Europea en la aplicación de políticas humanitarias y, sobre todo, relativas a los flujos migratorios.
Ha pasado un año desde el hundimiento de aquella endiablada barcaza en la que perecieron centenares de seres humanos por la falta de un rescate oficial en aguas internacionales de Italia. Ese lamentable y reprobable episodio despertó las vergüenzas de una comunidad internacional aburguesada con el cumplimiento de los derechos humanos.

Lo más curioso es que pateras cargadas de personas (madres, padres, abuelos, niños,  jóvenes,  adultos) buscan la esperanza de toparse con una vida mejor acondicionada. Un espacio de desarrollo humano donde el riesgo a morir no sea constante. Donde la pobreza sea una historia del pasado, y no del presente.

La isla de Lampedusa ha pasado a la memoria colectiva como ese lugar donde los inmigrantes chocan con la injusticia de dos mundos; o lo que es peor, con la fría indiferencia de un conjunto de sociedades que suelen velar por intereses internos sin reparar en los externos.

Tener fronteras naturales o artificiales tiene estás desagradables e inasumibles consecuencias de comprobar, día sí y día también, como miles de almas buscan burlar unas barreras que definen las desigualdades entre una parte y otra del mundo. Aunque, eso signifique dejarse la vida en ello dejando huellas imborrables por el camino.

‘Papeles mojados’

La cifra de pérdidas humanas aumenta sin descanso. Las aguas que separan las puertas de Europa con África vuelven a convertirse en improvisados cementerios de inmigrantes. Lo intentos son continuos, tenaces y desesperantes. No hay tregua para uno de los principales fenómenos de nuestro presente: La inmigración y el inmigrante.
 
Madres, niños, neonatos y otros centenares de personas decidieron depositar todas sus esperanzas en un cascaron endiablado. El infierno tenía forma de barcaza, este pasado jueves, y nadie a bordo lo sabia. La tragedia de Lampedusa no hace otra cosa que evidenciar una insolidaria falta de compromiso por resolver un histórico problema global. Aunque la ceguera social crece al mismo ritmo que las desigualdades planetarias, cabe recordar que las corrientes migratorias tienen siempre una causa y unas consecuencias: la pobreza.
 
Tragedia de Lampedusa en Italia

Algunas personas fueron rescatas en la lancha de salvamento

 
El rumbo final les llevo al destino más indeseado. La mezcla de agua y sal se convirtió, para casi doscientas almas, en el último sorbo de vida antes de caer rendidos a la llamada del sueño eterno. Morir, mientras, otros miran con pasividad, desde un cómodo barco pesquero, puede resultar hasta insoportable. A puerto quedaron amarrados, primero, el valor de la humanidad. y, segundo, la obligación actuar en comisión de socorro.
Nadie fue capaz de echar un cabo, un flotador o avisar a los servicios de salvamento marítimo desde su puente de mando. Mirar y callar se convirtió en la respuesta de tres pesqueros que navegaron a escasos metros de la tragedia. “Primero yo, y luego yo”, pensarían algunos con el corazón congelado. Y no cabe duda, que estas son algunas de las secuelas que registra el maltratado Estado del Bienestar.
 
Pero, a pesar de las sinceras lágrimas de la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, quien declaró sollozando: “Todos estos cuerpos hablaban. Tenemos que parar esto”, las medidas adoptadas para serenar las intenciones de quienes deciden emigrar son muy, muy deficientes. Y cada vez más. Políticas ambiguas o actuaciones más económicas que humanas nos han traído hasta aquí. La pregunta tiene una clara y obstinada respuesta.
 
Recortar en Ayudas al Desarrollo o planes y programas de Cooperación  solo servirá para aumentar la saña del lamento y dolor por la perdida de un mayor número vidas humanas. Dicen que el mar expulsa a tierra todo aquello que no quiere, y este caso no iba a ser una excepción. Por desgracia, seguirán llegando ‘papeles mojados’ hasta nuestras costas por el fuerte oleaje de la insolidaridad con la realidad social de los países en África.
 
Ruta de la inmigración en Lampedusa Italia

Deshumanizados desde el medievo

De noche y de día. La hora y la fecha no tienen relevancia para quienes deciden dar el paso de saltar una ‘miserable’ valla metálica, repleta de desafiantes elementos punzantes que suelen dejar secuelas físicas al pasar de una realidad a otra.

La creación y mantenimiento de un sistema basado en las fronteras no hace más que acentuar las desigualdades entre una zona y otra. Y no cabe duda que la libre circulación es una utopía inalcanzable entre países limítrofes de Europa y África, entre otros.

Desayunar, comer o cenar con la noticia del intento de salvar la valla de Melilla por parte de cien o doscientos seres humanos, atrapados en el monte Guru Gú ante el férreo cerco dispuesto por la policía marroquí, se ha convertido en todo un clásico informativo. Apenas logra ya conmover a los espectadores por la continua repetición de la escena.

Inmigración en la valla de Melilla

Diversos objetos personales quedan atrapados en la valla en cada salto

Algunos pensamos que la falta de unas políticas de cooperación al desarrollo eficientes traen como fruto una avalancha tras otra de personas embargadas por la desesperación más absoluta. Pero, desgraciadamente, sentimos el frío de la soledad al reflexionar de esa manera.

Buscar una oportunidad es cuestión de vida o muerte. No queda otra opción que jugársela a una carta. En situaciones de esta naturaleza no cabe decir aquello de “siempre se puede ir a peor, por qué ya residimos en lo peor”.

Inseguridad humana, social, cultural, jurídica, administrativa, sanitaria, económica conviven con miles de inmigrantes procedentes del África Negra o Magreb: Nigeria, Camerún, Congo, Senegal, Mali, Marruecos, etc. Desde estas distantes sociedades llegan a orillas del estrecho con la expectativa de cruzar en barco, a nado o saltando una fría valla sin necesidad de salvar litros y litros de agua salada.

Melilla (España) y Beni Enzar (Marruecos) no es más que uno de tantos ejemplos de lo absurdo que supone construir y mantener una frontera con todas sus restrictivas e inhumanas características.

Intentar salvaguardar los intereses y la identidad cultural, social y económica de un pueblo no puede defenderse con una mera fortificación de metal y un intenso cordón policial. Por cierto, ¡un estilo muy utilizado por los estrategas militares desde el medievo!

Las causas de las migraciones forman parte de la historia de la humanidad. El nomadismo fue una modelo de vida con el único objetivo de garantizar la existencia de una comunidad o pueblo: Alimentación, agua, seguridad o un clima moderado para vivir motivaban dichos desplazamientos.

Pese a todo, las cosas no parecen haber cambiado en exceso desde entonces. Los desplazamientos masivos, las guerras, los saqueos, la explotación o mala distribución de los recursos siguen originando contextos de pobreza, inmundicia e injusticia entre unos y otros.

Ya bien sea separados por un mar agua o una aduana militarizada, la desequilibrada balanza de las oportunidades persiste en prevalecer en el mismo estado de siglos atrás a pesar de un presunto desarrollo que no acaba de llegar a todos los rincones del planeta en las mejores condiciones.

¿Quién los rescata ahora a ellos?

Ha vuelto a suceder. Y mucho nos tememos que no será la última escena de terror que protagonicen seres humanos embarcados en la temible patera de la inmigración. La tragedia tiene por costumbre reaparecer, con más frecuencia de la deseada, entre las costas de Marruecos y España.

La realidad se ha teñido de muerte en la última travesía para 54 personas procedentes del África Subsahariana: 14 de ellas perecieron a bordo y 40 se encuentran desaparecidas en la inmensidad, donde el agua se mezcla con la sal… El mar ha aplicado el mayor de sus castigos jugando durante 36 horas con la vida de 80 personas en un endeble chinchorro. A tal deriva solo lograron sobrevivir 15.

El resultado, al nuevo intento de cruzar una peligrosa frontera de agua, nos advierte de la desesperada pretensión de muchos/as por acariciar, aunque sea en sueños, una mínima oportunidad de mejorar las condiciones de vida.

Alquilar una patera hacia el abismo es la única garantía que pueden ofrecer las incontroladas mafias que operan con impunidad en las invisibles redes de la inmigración. “El resto suele convertirse en una inalcanzable expectativa”. Sólo unos pocos elegidos lo logran.

Abonados al embuste; niños, mujeres o jóvenes caen en la trampa: Ponen rumbo a un futuro que suele acabar desviándose en la mitad del camino hacia un incierto y pésimo lugar.

Muchas aventuras se detienen en una eterna espera en el monte Gurugú, próximo a la ciudad de Nador; también en Alhucemas, donde los meses se transforman en años o en la periferia de ciudad de Tánger, formando parte de un poblado de infraviviendas cercado por una intensiva policía marroquí.

Improvisados lugares. Una especie de prisiones naturales compuestas por los densos flujos migratorios, principalmente, procedentes de los países del sur del continente. Allí, la calidad de vida es una entelequia tan pírrica como la seguridad de navegar en una humilde barcaza a través del Estrecho de Gibraltar.

Las avalanchas en la valla que separa Melilla de Nador (España/Marruecos), en la frontera de Beni Enzar,  son otra imborrable evidencia del nivel de presión que un problema social global adquiere bajo la indeleble sombra de la pobreza. Vivir un poco mejor, ese gran anhelo, conduce a miles de seres humanos a empotrarse contra el grueso muro de la insolidaridad a uno y otro lado….

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras, de forma reiterada, advierten de los continuos dramas que atienden a diario en territorio marroquí. A las severas condiciones de errar miles de kilómetros se añaden las violentas palizas de la policía marroquí. En el caso de las mujeres y niños, los peligros aumentan ante un innegable riesgo a las agresiones sexuales o exposición al maltrato continuado…

Y todo esto sucede mientras el incumplimiento de los Derechos Humanos se agudiza con deportaciones de inmigrantes a la frontera de Argelia, en pleno desierto de Oujda, a la espera de que las fuerzas cedan, sin compasión, en un medio tan hostil y cruel como poner los dos píes en una patera con casi un centenar de personas en su interior.

Es conocido que Marruecos hace el trabajo sucio de contención demográfica a Europa. De tal modo que el control fronterizo sea una prioridad por encima de cualquier consideración humana. Por su parte, España negocia un rescate de las estructuras económicas y financieras con la Unión Europea y, como contrapartida, se ceba con la Ayuda Oficial al Desarrollo convirtiéndola en una víctima indefensa de los recortes.

En los últimos meses, el deterioro de los recursos disponibles destinados a la Cooperación Internacional se ha visto acelerado. Uno de los mecanismos más humanizados para rebajar el número de migrantes, con una contribución específica y real al progreso social en las regiones deprimidas, agoniza en medio del océano del repudio.

Pensar en sustraerse a esta furiosa realidad también precisaría de un profundo plan de salvamento de la conciencia colectiva. Pero, las reflexiones más urgentes no se encuentran a esta orilla del dilema… La principal pregunta es muy escueta: ¿Quién los rescata ahora a ellos?

Desafortunadamente, al cerrar este post, la radio vuelve a las inmundas aguas del Estrecho: Informa que Salvamento Marítimo (SM) acaba de localizar otra patera, sin coordenadas fijas, con medio centenar de personas en medio de la nada, sin nada (Viernes, 26 de octubre de 2012).

Es obligado poner el punto y seguido…

La historia interminable de Beni Enzar

La mujeres de Marruecos son las porteadoras en la frontera de Melilla y Nador

Llevamos unos días integrados en la sociedad marroquí con la finalidad de acompasar los pasos en terreno de cinco alumnos/as que han sido seleccionados en el II Seminario de Agareso. Dicha iniciativa les ha obligado a partir de la ciudad oriental de Nador y deberán terminar su periplo en Tánger. Los diferentes proyectos de cooperación internacional de organizaciones como ACPP son el principal objetivo del análisis y la posterior reflexión de los nóveles reporteros/as. Sigue leyendo