¿Quién puede soportar más?

Emerge una estrategia nacional de personas sin hogar en España. Una iniciativa del gobierno saliente que llega con la legislatura finalizada y un presupuesto para 2016 con prioridades económicas alejadas de esta gran problemática social. Quizás, una de las más agudas de los últimos tiempos pero no para el Estado.

La pobreza en España aumenta a pesar del crecimiento económico
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Pequeña morena

Una niña gitana, golpeada en el centro de Atenas

Agresión a la niña tomada por el fotógrafo de The Associated Press, Dimitris Messinis.

Una pequeña trataba de vivir un día más en medio de una acentuada crisis que nadie sabe cuando terminará. Solo los poderosos del dinero conocen la fecha del final de ciclo e inicio de otro que “a peor todavía se puede ir”.
En medio de la calle; ocupando unos metros cuadrados que se pueden contar con los dedos de una mano, la niña de etnia gitana tocaba el acordeón con la misma dulzura que inocencia. Lo hacia en las proximidades de una estación de metro de la ciudad Atenas. Acomodada en los adoquines de la vía, destacaban ciertos contrastes como el de su oscura piel con la camiseta blanca y el pantalón rosa chillón.
La mayoría de los transeúntes sentían un cierto agradecimiento por toparse, sin buscarlo, con una escena tan amable para el sentido auditivo y visual. Desde luego, escuchar su música resulta más reconfortante que ponerse analizar sus pésimas condiciones de vida. Pero, en un país como Grecia, la pobreza urbana aumenta al mismo ritmo que la indiferencia social ante un gran problema humano.
Afortunadamente, todavía prevalece una cierta sensibilidad hacia las manifiestas injusticias. Mientras la menor hacia sonar su instrumento, una pierna enfurecida de xenofobia y racismo dirigió un contundente golpe contra su menudo cuerpo para sorpresa de todos. Lo hizo hasta pisar el muslo izquierdo. Una ágil cámara del fotógrafo Dimitris Messinis, de la Associated Press, captó el incomprensible momento de la agresión.
Este repugnante hecho despertó las iras y la censura colectiva de quién se propuso pisotear la dignidad de una ‘pequeña morena’ a píe de calle.
Por su parte, el Departamento para la Protección de la Infancia abrió una investigación para dar con la identidad y tomar las medidas oportunas contra la mujer que golpeó a la niña.

Abismo para la solidaridad en Galicia

Escalonados recortes, en los últimos años, situan en una difícil posición la continuidad de los proyectos y acciones solidarias en países en vías de desarrollo.
La Coordinadora Galega de ONGd´s denuncia que la política pública de cooperación corre el riesgo de desaparecer con ‘la persistente’ rebaja de los fondos en los presupuestos de la Xunta de Galicia. Desde el pasado año 2010, la caída de recursos económicos ha sido de un 65%.
El escenario es tan negativo que muchas organizaciones no pueden seguir con sus programas de promoción de la solidaridad en el exterior ante la decisión de no habilitar una línea de ayudas para financiar las diferentes iniciativas. El montante presentado para este año 2013 no supera los 5 millones de euros, en los se incluyen los gastos de la estructura de personal da administración.
El sector, también, censura el ‘inaceptable’ comportamiento de todos los partidos políticos firmantes del pacto gallego contra la pobreza por reiterados incumplimientos en lo económico y político.
Podcast de la entrevista a María Paz Gutierrez, vicepresidenta de la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo en Galicia.

Objetores de la insolidaridad

La cartilla de inmigrante ya no incluye una atención sanitaria básica sustentada con medios públicos. Este gran mordisco a la supuesta universalidad del sistema recibe la comprensión y admisión de aquellos/as que justifican todo en una crisis que ha puesto al descubierto la extremada delgadez de ciertos valores sociales.

La expulsión o deportación del territorio de seres humanos, con o sin familia, es una escena que algunos estómagos son capaces de digerir como si se tratase de una suculenta cena de verano… Las últimas medidas en política social y sanitaria del gobierno español caminan, con un inesperado ánimo nacionalista, hacia la segregación de dos mundos: “El que puede y no puede pedir cita gratuita para una revisión por una posible amenaza para su salud”.

Curación o tratamiento de una dolencia que, a día de hoy, solo ha quedado a expensas de poseer una bonita combinación de números plasmados en un pasaporte o DNI. Y, en el mejor de los casos, la existencia de un contrato laboral se convierte en ese mágico salvoconducto que conduce a la consulta del médico.

Sin embargo, la negativa llega cuando se carece de alguno de estos tres aspectos mencionados… Una problemática convertida en un maquiavélico mecanismo disuasorio contra los temidos “efecto llamada”.

Una vocación inquebrantable de la solidaridad sanitaria que, poco a poco, se evapora como el buen sueño irrecuperable. “No habrá atención para los inmigrantes que no tengan regularizada la situación en el país”. Con esta serie de declaraciones, la ministra de sanidad da por rotas unas óptimas relaciones con los que decidían probar suerte a miles de kilómetros de sus profundas raíces.

Más bien, la medida parece que carga contra el eslabón más débil de la cadena. Nada o casi nada se dice de los ciudadanos comunitarios que se beneficiaron del denominado ‘Turismo Sanitario’, fomentando la inviabilidad del sistema público español. En esta habitual práctica es donde realmente reside el mayor abuso que ahora pagaran todos: Inmigrantes y Extranjeros responsables con los hospitalarios recursos de la tierra que los acogió en algún momento.

Dada esta disyuntiva, el colectivo médico ha anunciado su pretensión de ejercer la profesión desde una perspectiva humana, que no política. Por ello, más de un millar de profesionales secundan la posibilidad de respaldar en sus consultas la brillante iniciativa de la  Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. La campaña organizada bajo el lema “Atendemos a personas, no asegurados” parece estar calando muy hondo en todos los rincones de los centros de salud.

Tanto es así que, por el momento, más de mil facultativos han confirmado su disposición de omitir la normativa administrativa acogiéndose a la objeción de conciencia contra una regulada insolidaridad.

Unos recortes ‘muy jodidos’

La conmoción es mayúscula para la mayoría de una sociedad más empobrecida que ayer. El callejón es estrecho, oscuro e incierto con una desnutrida expectativa de futuro. Hemos gastado más de lo que teníamos y podíamos. Los dispendios de hoy eran necesarios para construir el mañana. Cálculos obscenos y muy desatinados, por no aplicar otros términos más contundentes que rocen la incorrección léxica, nos han traído hasta esta orilla de una desheredada realidad…

La depresión social es ya una indeseable evidencia. Nos encaminamos hacia un estado desconocido por las nuevas generaciones. Algunos hemos leído experiencias históricas en los libros: “Y no resultan nada reconfortantes”. Tenemos que estar preparados para recuperar escenas del pasado. Aquellas que los abuelos españoles se encargaron de borrar del presente a base de esfuerzo y sacrificio. “Fue bonito mientras duro”.

El gobierno intenta atajar sus problemas de política económica golpeando a los estratos de la sociedad más vulnerables. Los parados son culpables de serlo. Y los dependientes solo pueden soñar con una autonomía personal que nunca llegará. El stock de recursos ha sufrido un asalto. El continuo pillaje ha acabado con todos los ahorros que garantizaban la continuidad de un Estado del Bienestar de calidad.

A partir de ahora, el parado se ha convertido en un perfil potencial que coquetea con la penuria. Y para evitarlo deberá encontrar una ocupación en menos de seis meses. De no ser así, será objeto de un recorte en su cotizada prestación, ya de por sí, muy discreta para los actuales precios del coste de la vida.

Vivir en el casino de la bonanza tiene estas consecuencias directas o indirectas. Instalarse en el derroche como modelo de convivencia nos ha conducido hasta la mayor de las injusticias sociales. Creímos en una Ley de la Dependencia, hoy en día, convertida en un bonito papel mojado…

El consejo interterritorial de la dependencia confirmó la aplicación de un nuevo recorte (el gobierno de Zapatero ya metía mano a este asunto en la última legislatura) del 15% a las prestaciones económicas para las personas que dedican su tiempo cuidando de sus familiares en casa. Un servicio social ausente en el mapa de ayudas de las administraciones locales y autonómicas.

A esto se añade el copago de medicamentos para las personas con discapacidad. Se tendrá en cuenta su nivel económico y patrimonio para gravar en mayor o menor medida, ¿quién nos iba a vaticinar que llegaríamos a medidas tan rastreras?

Y, en medio de toda esta batería de ajustes, las políticas reservadas a la cooperación y Ayuda Oficial al Desarrollo han acabado por volatilizarse de la agenda de prioridades. Es decir, dejamos a medias lo empezado sin sospechar, mínimamente, el grave desenlace que nuestra depresión social puede generar en terceras personas con las que nos comprometimos, en su día, para hallar una terapia eficiente que prescribir contra su profunda depresión humana y social.

Discutir que estamos padeciendo los mismos niveles de pobreza no dejaría de ser un ejercicio de ultraje a la verdad. Aunque, en los tiempos que corren, todo es posible como que una diputada popular en la cámara baja (Andrea Fabra) jalee con energía oral y espiritual unos recortes “muy jodidos”

La cultura del pelotazo

Tíos luciendo una corbata de envidiable diseño acaban repartiéndose un pastel muy jugoso. Quizás, no lo hemos entendido bien. Y ese debe ser el estilo del progreso y desarrollo que triunfa. Aquel que le usurpa todo viso de oportunidad a las presentes y futuras generaciones.

El cortoplacismo, individualismo y materialismo son el actual y fatídico rodillo de cualquier iniciativa o atisbo de política social con visión colectiva o comunitaria. En este contexto, cualquier síntoma solidario es objeto de continuo veto…

Poco a poco, el acceso a la sanidad, educación y prestación de servicios básicos se ha convertido en un privilegio a la alcance de los que pueden, por que tienen. El cómo nunca es reprobable.

El agujero negro del espacio financiero español tendrá cura. Por lo menos, algo más que una discreta tirita en el dedo magullado por un mal golpe que oscila entre 16.000 y los 62.000 millones a disposición de los consejos de administración. Esos lugares donde los muebles son caros y los ejecutivos están cargados de una ambición: ¿dónde está mi dinero?

La mareante cifra que nos concedía la Unión Europea podría incluso llegar a los 100 mil millones, en el peor de los escenarios. Pero, al final, nuestro sistema no se ha portado tan mal. Por eso, ya podemos digerir que una treintena de ex directivos de bancos y cajas se repartieron 150 millones por la óptima gestión “conocida” con cargo al rescate.

Todo está perfectamente argumentado en uno de esos contratos blindados de alta dirección que solo ellos saben negociar con una agresiva pericia. Así se habilita un supuesto derecho a cobrar cuantiosas sumas que desequilibran la balanza: “El modelo del bienestar social hace aguas pero no se olvide de hacer efectivo el cobro de su millonaria cifra”.

Una cultura del pelotazo con incalculables consecuencias para una sociedad cada vez menos sorprendida por los desmanes, descontroles y desfases económicos perpetrados por un puñado de insolidarios personajes que han realizado un pacto con el abismo a costa de vender el espiritu del desarrollo a un diablo rodeado de euros…

La Ayuda Oficial al Desarrollo decrece, regresando a niveles de inicios de siglo XXI, tras grandes avances en lo político y económico durante casi una década. ¿Qué remiendo sufrirán los Objetivos de Desarrollo del Milenio? Rercordemos que los compromisos deben verse cumplidos en el año 2015. La intuición nos lleva a pensar que se convertirá en el protocolo de Kioto (ejemplo de reiterados incumplimientos internacionales) del desarrollo humano.

Además, la sanidad se encuentra bajo la amenaza de un copago sin concretar. Como anticipo, los penisionistas ya pagan parte sus recetas al sistema sanitario. Al recibo de la presente un par de preguntas: ¿Acabarán sufragando los pacientes el alto coste de los tratamientos oncológicos y VIH/Sida? ¿Es este el futuro del bienestar construido en un pésimo presente?

Y, ¿qué pasa con la educación?… Becas mordidas por los recortes; una investigación disfrazada de utopía o un incremento de las tasas universitarias que rebajan las posibilidades de acceso a muchos para dar paso a unos pocos. Una cultura del conocimiento despreciada y depreciada por la avaricia…

Y mientras escribimos este post, la radio dedica un espacio a escuchar a personas jubiladas o viudas que explican el ingenio diario para amparar tanto a hijos como a nietos con una exigua pensión. Un innovador servicio social por mero accidente o necesidad… Desde luego, los testimonios no dejan indiferente a nadie entre tanto ‘pelotazo millonario’.

El mundo al reves

El mundo al revés. Nunca tuvo más sentido la literalidad de una frase maltratada por la cultura oral. Habitualmente, se pronuncia cargada de connotaciones negativas. Con una visión pesimista por que las cosas no están en el orden recomendado. El ánimo de la entonación suele sugerir la corrección de algo o alguien. Es curioso que su versatilidad se vea tan limitada.

Por casualidad o no, la paradoja se hace fuerte a base de insistir. Darle la vuelta a nuestro estilo de vida o cambiar comportamientos puede ser un buen principio ante la puerta de la solidaridad que no acaba de abrirse del todo. Las malas lenguas dicen que tan solo está entornada.

Este post podría escribirse para ser leído al revés. Un planteamiento laborioso que estamos seguros, y es tan factible como comprensible, que nadie aguantaría en esas condiciones hasta el final del texto. Alcanzaría la calificación de tortura. Un pequeño ejemplo de lo que significaria el persistir en un estilo desequilibrado e injusto para los seguidores de este blog.

Al margen de este obligado guiño, queda claro que las personas no son el objetivo prioritario en la toma de decisiones. Otra cuestión distinta es hablar de números y cantidades con una perspectiva material.

Dada la insitencia, praticaremos un sano ejercicio de reflexión que centra nuestra atención en los testarudos datos que rodean a los seres humanos. Todos los indicadores concluyen que la pobreza crece, los derechos humanos se deterioran, las mujeres no logran romper el techo de cristal (en el mejor de los casos) o la proporción de niños y niñas que son exclavizados o agredidos por acciones de diversa condición no alcanza un ansiado cese.

Si el lenguaje matemático es el elegido, en los actuales tiempos de especulación y mala distribución de los recursos, nos adpataremos a una corriente donde los humanidad pasa mucho frio. Para empezar y según Unicef, “un 25 por ciento de los niños españoles se encuentra en situación de pobreza”.

Continuando en esta línea, encontramos a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) denunciando que la realidad sigue siendo profundamente alarmante con 215 millones de niños convertidos en trabajadores forzados a lo largo y ancho del planeta. Otro dato no discreto: El Alto Comisariado para la Planificación (HCP) desvela la desfavorable situación de 123.000 menores obligados a dejar de ser niños por asumir compromisos laborales que no les corresponde en Marruecos.

Y buscando una cifra que no permita acomodarse en la impasiblidad habitual toprezamos con las 2.600 millones de personas en severas dificultades para vivir en unas mínimas condiciones sanitarias. Pero, “como los problemas no vienen solos”, debido a este escenario, 1,5 millones de niños padecen patologías asociadas a la carencia absoluta de salubridad.

Revertir este mapa de dramáticas realidades humanas solo pasa por omitir, con determinación, los dictados de unos mercados repletos de traficantes de dinero y aplicar una revolucionaria fórmula: “Poner el mundo al reves”.

En una próxima ocasión podríamos vaticinar, abonados a la esperanza, los resultados de esta utópica decisión…

Un opresivo toque de queda

La sucesión de generaciones perdidas es una secuela imperdonable para una sociedad que presume de navegar en un bienestar cercado por los continuos avances. Resulta muy incoherente instalar un modelo de convivencia en los extremos: Todo o nada.

La historia es redundante. No parece fácil escapar de esa dinámica. Las diferentes décadas presentan una cantera de jóvenes perdidos en el agujero negro de la más absoluta falta de oportunidades.

En la década de los 80, el escenario se vio inundado por un excesivo contacto con las drogas, algunas de ellas demoledoras no solo por los efectos directos sino por las enfermedades asociadas como el VIH/Sida, ante una expansión descontrolada de mensajes contradictorios: “Vive con intensidad después de años y años de represión”.

Esto derivo en un incontable número de madres llorando a los pies de sus hijos/as devorados por una amplia oferta sustancias tóxicas. El incuestionable  reinado de la heroína  penetraba, por vía intravenosa, como uno de esos venenos efectivos. Aquellos que matan poco a poco. Deteriorando hasta las entrañas del consumidor que “se ve incapaz de disimular quién o qué gobierna su vida”.

A esto, se añadió la propagación del temido Virus de la Inmunodeficiencia Humana que aprovechaba una cómoda vía de entrada para golpear sin piedad al sistema inmunitario de millones de jóvenes. Cierto es que las otras formas de contagio también sumaron bajas a la relación de víctimas.

Ante este escenario se emitió la declaración de ‘generación perdida’ por las problemáticas sociales, sanitarias y unos elevados índices de paro con nulas expectativas de futuro. Nada o casi nada se sabe de los que sobrevivieron a aquel primer estado de sitio.

Posteriormente, llego una época de ficticia bonanza, con el sistema financiero y político echado al monte del despilfarro, y la denominación de ‘generación perdida’ volvió aparecer con el éxtasis, las pastillas, los botellones, el hedonismo radical y los continuos cambios en el sistema educativo, motivados por una visión política cortoplacista.

En el presente vuelve la misma sombra. Quizás, es que nunca fue capaz de marcharse. Una generación vuelve a estar en serios apuros. Atrapada en un laberinto sin salida, y emborrachada de conocimiento académico, otea el horizonte y las previsiones anuncian borrascas por tiempo indefinido. Las nubes son tan negras que hasta el pesimismo parece una opción atractiva…

La OIT acaba de concluir en el informe “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2012” que más de 75 millones de jóvenes, de entre 15 y 24 años en 2012, están en situación de desempleo. Esta despiadada realidad persistirá, según las previsiones, hasta el año 2016.

La Organización Internacional del Trabajo no ha dudado en recurrir a la manida declaración. Y, al margen de advertir de una problemática global de futuro, ha ratificado las reivindicaciones de movimientos como el 15M. ¿Tan equivocados estaban en sus manifestaciones pacíficas?

Los jóvenes volverán a ser demonizados antes de ser reparados con fórmulas reales de desarrollo personal, familiar y profesional. Y volverán a ser los malos de una clásica película por denunciar que una nueva generación vive bajo “un opresivo toque de queda”.

Toneladas de injusticia

Video blog – El abundante número de toneladas de medicinas desperdiciadas al contendor de reciclaje forma parte de una conducta carente de solidaridad con los pueblos y sociedades sometidas al infortunio  de la imposibilidad de acceder a unos servicios sanitarios básicos.  Nos desahacemos de fármacos una incorrecta cultura de consumo y, en ocasiones, una mala planificación de las terapias recomendadas para curar una dolencia o enfermedad.

Esto desentona con la realidad que viven en otros lugares donde la Malaria o VIH/Sida se ceban con millares de personas que ven imposibilitado el derecho a recibir una atención médica. Sobre todo este desequilibrio reflexionamos en #Referencias.      

Dos modalidades de un empobrecimiento mortal

Acabo por sacarse de en medio ante la continua escalada del decrecimiento social y económico de su país. Un jubilado decidió detener el tiempo eternamente.  Quiso acabar con el calvario de ser testigo de un calendario envenenado por los recortes mensuales en su pensión. Décadas de contribución y trabajo para ser pasto de las llamas de los incendiarios conocidos en el mercado de la inversión como ‘despiadados especuladores’.

Dimitris Christoulas, pensionista del sistema público en Grecia, optó por la determinación del suicidio. Una de las prácticas solo presentes y frecuentes en los países desarrollados. Los estudios realizados por expertos en sociología y psicología así lo atestiguan. No es habitual toparse con casos de esta naturaleza en otras regiones del mundo en las que “la pobreza ya no es una amenaza sino que se ha convertido en una compañera de convivencia”.

Este farmacéutico retirado de la vida profesional temía ser devorado por las deudas. Una de las principales causas de una crisis que trasciende de macro a micro economía. Las prestaciones y las pensiones son, cada vez, más someras en un país intervenido y sumido en un proceso de rescate protagonizado por el BCE y UE.

Buscó, con su drástica decisión, liberar a su heredero de lastres económicos ante las menguantes mensualidades de su pensión. Poco a poco, desparecía el remanente confeccionado a base de una larga vida de cotizaciones al frente de una oficina de farmacia en Atenas. La mala gestión de la caja de Seguridad Social helena y los implacables efectos de los deshumanizados ejecutivos financieros pusieron fin a unas expectativas de futuro más alla de la vida laboral.

Un país entero, que hunde sus raices en la cultura clásica y en los inicios de la civilización en la que residimos, intenta superar una conmoción transformada en ‘rabia social’. Minutos antes de acabar con su vida, Dimitris suplicó a su pueblo “resistencia” ante la insoportable la situación económica de una nación continuamente golpeada por un déficit aplastante. Él, se negaba practicar la indigencia y “revolver en la basura para subsistir”. Una denuncia de mortales consecuencias escenificada ante el parlamento.

La dureza de este hecho logró sorprender a otras sociedades con un mayor grado de depresión económica por el cómo y dónde sucede. Otra cosa, bien distinta, es el por qué se llega a una situación de ese calibre. Desde la lejanía del avance y desarrollo; Allí donde los recursos básicos son inexistentes con más de 3.500 millones de seres humanos azotados por la pobreza o 850 millones suspirando por un mínimo alimento que llevarse a la boca (Datos oficiales de la FAO-2008), la única diferencia del empobrecimiento, entre los dos mundos, radica en que sus mortales consecuencias se presentan en dos modalidades muy convencionales: Individual o colectiva…

El exponente del decrecimiento

FOESSA confirma que la tasa de pobreza en España (21,8%) es una de las más elevadas de la Unión Europea. Ya lo hemos logrado a base de insistir: “los pobres son más pobres”. Se detecta una disminución en el umbral de pobreza que redujo el nivel de renta en 200 euros. Hemos pasado de los 8.000 euros (2009) a los 7.800 (2010).

Seguimos añadiendo datos preocupantes con un incremento de la exclusión social, ya que en 2010 afectaba a 11.675.000 personas estaban en riesgo de pobreza en España, es decir, la cuarta parte de la población (25,5%).

La precariedad de la calidad de vida también se ve confirmada por el incremento de personas atendidas en los servicios de Acogida de Cáritas, que pasaron de 400.000 en 2007a 950.000 en 2010.

El derecho al empleo es un derecho básico en clara decadencia. Los parados juveniles, los de larga duración y el desempleo femenino crecen con paso firme a datos hacia un retroceso social catastrófico. Preocupante es el caso de los denominados  “trabajadores pobres”, es decir personas que, aunque tiene empleo, están por debajo del umbral de la pobreza relativa. En España, hay 940.000 personas en esa situación, en condiciones de privación severa de desarrollo personal y colectiva.

Las distancia entre los universos de la pobreza y la riqueza continúan abriendo más la herida de la desigualdad. Sobre terreno tropezamos con numerosos ejemplos: Cruz Roja en la provincia de Pontevedra ha reorientado sus acciones priorizando en paliar antes que prevenir las duras consecuencias que la crisis económica provoca en incontables familias.

La estampa del desempleo en familia y la deficiencia de recursos comienzan a ser una constante que, lejos de decrecer, aumenta sin mecanismos que logren neutralizar una ‘bofetada’ diaria.

Los comedores sociales aumentan en un 20% el número de comensales que, cada jornada, se sientan a una mesa servida por la solidaridad alimenticia. Casualmente, el mismo porcentaje mencionado es el que, en el año 2011, fija el recorte efectivo de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).

Da la sensación de que no existe una solución efectiva y equilibrada a medio plazo. En una espiral de desesperación, cada mañana recuperamos los problemas sociales con los que nos hemos acostado, por mucho que algunos desde las administraciones piensen que el paso de las noches es útil para borrar de la realidad cotidiana aquello que resulta “muy incomodo para gobernar”…

El exponente del decrecimiento multiplica de forma imparable hacia el infinito. Un desgraciado laberinto en el que muchos pueblos y sociedades llevan sumergidos desde hace décadas por factores de muy diversa condición y naturaleza. Ahora que la pobreza se instala con crudeza en nuestra realidad, y con previsión de hacerlo por un largo espacio de tiempo, estamos obligados a corregir una absurda teoría colectiva que situaba la principal amenaza global en el escenario de otras personas con las que podíamos o no solidarizarnos con ellas en la distancia.

Pero, admitir que han fallado las coordenadas del GPS es comenzar a reconocer que hemos infravalorado un grave problema humano por mero etnocentrísmo. Otra cuestión bien distinta es armar una solución que dé respuesta a las necesidades de una lucha real contra las causas y consecuencias de la probreza, tanto en el sur como en el norte…

La pobreza ya es portada…

Son numerosos los semblantes de la pobreza actual que se presentan en lugares donde hace menos de un lustro los coches de alta gama no extrañaban a nadie. De nuevos ricos a nuevos pobres. Esa ha sido la mala jugada de un sistema estrangulado por una mentira reconvertida a una tosca verdad: “La pobreza se vestía de riqueza en el Estado del Bienestar”. Una estrategia perfecta, propia de los militares más experimentados en distraer al enemigo.

La crisis actual no es más que una expresión del desastre social y humano protagonizado por unas ambiciones envenenadas de materialismo. No hay vuelta atrás. Se coló en nuestra vidas el conocido ‘Sueño Americano’ con la notable variante de una cultura que no sabe esperar;  “que se impacienta por llegar a ver el amanecer cuando la luna todavía está situada en el oscuro horizonte”.

El trueque no funcionó. Y, ahora, el pago de las consecuencias se torna muy duro. Cola para solicitar un empleo. Cola para tramitar la prestación del desempleo. Cola para implorar un aplazamiento de la condena en forma de hipoteca bancaria. Cola para comer y beber esta misma noche. En definitva, cola para vivir un día más…

La evolución ha sido imparable. De menos a más. De pilotar un gran vehículo a conducir a la familia a las puertas de un centro de distribución de recursos básicos. ¿Comer o morir? Un cambio extremo, tanto, que las actuales condiciones se han convertido en un amargo trago (difícil de digerir) ante la promesa del “amor eterno con una cómoda y desahogada existencia”. No ha sido así.

En la puerta de atrás del voraz sistema capitalista, se hallan millares de personas golpeadas sin piedad por la pobreza relativa, en algunos casos, y pobreza absoluta, en otros. Hubo quien frivolizó con su exterminio. Pero, respondiendo a patrones habituales de los denominados virus inteligentes: “una nueva mutación acabo derivando en una incontrolada epidemia con nuevas caras”.

Los médicos sociales (trabajadores sociales) conocen esta nueva manifestación que se nos revela como pobreza urbana. La calificaron con esa denominación en base a experiencias de otras realidades afectadas por el empobrecimiento de recursos. Curiosamente, uno de estos diagnósticos se centro en las condiciones de vida de Brasil. Hoy, en día, un denominado país emergente.

Ahora, la extrema falta de recursos básicos ha cruzado el charco. De una orilla a otra del Atlántico sin tener previsión de ello. Quizás, hemos dejado de ser una referencia en el universo de las oportunidades sin saber asumir el declive de nuestro modelo social. Los pobres siguen siendo pobres, o más pobres que antes de la fugaz convivencia con una ficticia riqueza.

Un estudio reciente sobre las condiciones de vida, publicado por el sindicato UGT, confirma que 580.000 gallegos han rebasado el umbral de la pobreza en los últimos años.

Mientras, muy próximas al portal de casa, las ONG’s trabajan sin tregua para abastecer a las familias, derribadas por un frágil sistema económico, de alimentos y enseres más básicos. Otras organizaciones recurren a la sutileza para hacer creer a los niños que sus padres comen fuera de casa el fin de semana y, en realidad, lo hacen en un comedor social. Un brillante reportaje de Eduardo Roland, elaborado en la ciudad olívica, así lo demuestra.

Entretanto, lo más hiriente es comprobar como la crudeza más descarnada de la pobreza ya es portada no solo de los medios de comunicación sino de nuestra propia vida. Cada mañana tropezamos con esta realidad y lo peor del asunto, al margen del sufrimiento de quien padece las consecuencias de carecer de todo o no tener nada, es que no hemos hecho nada por remediarlo. Todo lo contrario.

Pero, la actual lectura del paronama social no habilita espacios para las dudas: “La pobreza ha llegado a las páginas centrales de los periódicos, y el resto de medios por necesidad, y no por solidaridad”. Un ‘destacado logro’ que viene precedido de años dandole la espalda a un problema que afectaba sin compasión a otros seres humanos…