El legado debe continuar

Cinco años sin Berta Cáceres

Se cumple un lustro desde que el luto no solo inundase a un país como Honduras sino que el asesinato de Bertha Cáceres Flores, coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras COPINH, también conmoviese a una importante parte del mundo preocupada y sensibilizada con el presente y futuro del planeta.

Su caso sigue sin esclarecerse. Ocurría la madrugada de un 2 de marzo de 2016 mientras la activista descansaba en su casa. Con su muerte se intentó neutralizar el potente movimiento que ella misma lideraba, muy crítico y contrario a convertir en represa uno de los tramos del cauce del río Gualcarque, con severas consecuencias para el campesinado y las comunidades indígenas Lencas.

La concesión había sido otorgada a la empresa DESA para ejecutar el proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca, en el occidente hondureño. Pero, Berta Cáceres se mostró inflexible hasta su último día de vida con la idea de paralizar esa intervención irreversible para el medio y para quienes habitan el territorio. Por ello, recibiría continuas amenazas de muerte. Como así fue. Y así sucedió.

La lucha de Berta se transformó en un espejo para las nuevas generaciones de activistas medio ambientales y de derechos humanos. Mujer tenaz, implacable y comprometida con la preservación de los recursos naturales, fue capaz de organizar al pueblo Lenca, la mayor etnia indígena del país, en su oposición a la represa de Agua Zarca.
Si bien, su caso registró una elevada trascendencia global, el impacto, la invasión y la explotación de recursos naturales no cesa. A la condena internacional no le acompañó una mudanza de políticas contra acciones que contribuyen a los nocivos efectos del cambio climático. Desafortunadamente, no lo hubo. Y, por el momento, no lo hay porque continúa la suma de casos donde los daños medio ambientales ofrecen resultados inéditos.

Violencia contra activistas

Tampoco, conviene pasar por alto la violencia, amenazas y asesinatos de activistas que comprometen sus vidas por salvaguardar los ecosistemas o la naturaleza de agresiones y alteraciones. El número de personas en esta situación va en aumento, según denuncian las diferentes organizaciones medio ambientalistas y de derechos humanos. Y a cambio no existe un programa de protección. Una respuesta urgente de Estados e instituciones que  se dedican a jugar al despista para no hacer nada.

La pérdida de Berta Cáceres no pasó desapercibida. Para nada. Puso en el mapa global una realidad, una problemática, una de tantas malas gestiones relacionadas con el medio ambiente y los recursos naturales. Además, evidenció la fragilidad y peligro que acecha a personas como ella en un país de Centroamérica, atrapado por la pobreza y la injusticia social. En un contexto en el que el activismo se criminaliza desde el Estado.

Quien estaba llamada a ser presidenta de Honduras pasó a la historia como uno de los referentes en la lucha por la salud de planeta. Una mujer que, recibió el premio Goldam en 2016 por cuidar de lo suyo y los suyos, que al final es lo de todos, sacrificó lo mas preciado que poseía: la vida. Por una ejemplar intolerancia al mal trato e injusticias con elementos que dan vida. Un legado que estamos obligados a custodiar su continuidad y evitar un entierro a base de grandes adjetivos de admiración vacíos de hechos.

El legado de la guardiana de ríos y bosques debe continuar.

Podcast

(Producción de Referencias de dedicada a la activista Berta Cáceres)

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