Madre prematura
Espectáculo hermoso y tierno a todas las miradas: En la India, una menor adopta el papel de la madre, ante su ausencia, para cuidar y atender a su hermana bebé. La parte más áspera es que muchos niños y niñas se ven empujados a madurar de forma prematura por la falta de los progenitores. Y la protección y amparo al menor, en algunos contextos sociales, pierde todo el sentido por la carencia de recursos y políticas específicas.
Convertirse en una madre prematura es una de las tantas obligaciones añadidas que muchas niñas debe asumir en su pequeño recorrido vital. Aquellos lugares donde las condiciones sanitarias y sociales registran niveles muy precarios acaban por derivar en una infancia huérfana de padres y madres, por tanto de referencias necesarias para un crecimiento normalizado y asentado en la felicidad que, por derecho, tiene un menor.
(Foto: Humans of India)
Pequeña morena
Deshumanizados desde el medievo
De noche y de día. La hora y la fecha no tienen relevancia para quienes deciden dar el paso de saltar una ‘miserable’ valla metálica, repleta de desafiantes elementos punzantes que suelen dejar secuelas físicas al pasar de una realidad a otra.
La creación y mantenimiento de un sistema basado en las fronteras no hace más que acentuar las desigualdades entre una zona y otra. Y no cabe duda que la libre circulación es una utopía inalcanzable entre países limítrofes de Europa y África, entre otros.
Desayunar, comer o cenar con la noticia del intento de salvar la valla de Melilla por parte de cien o doscientos seres humanos, atrapados en el monte Guru Gú ante el férreo cerco dispuesto por la policía marroquí, se ha convertido en todo un clásico informativo. Apenas logra ya conmover a los espectadores por la continua repetición de la escena.
Algunos pensamos que la falta de unas políticas de cooperación al desarrollo eficientes traen como fruto una avalancha tras otra de personas embargadas por la desesperación más absoluta. Pero, desgraciadamente, sentimos el frío de la soledad al reflexionar de esa manera.
Buscar una oportunidad es cuestión de vida o muerte. No queda otra opción que jugársela a una carta. En situaciones de esta naturaleza no cabe decir aquello de «siempre se puede ir a peor, por qué ya residimos en lo peor».
Inseguridad humana, social, cultural, jurídica, administrativa, sanitaria, económica conviven con miles de inmigrantes procedentes del África Negra o Magreb: Nigeria, Camerún, Congo, Senegal, Mali, Marruecos, etc. Desde estas distantes sociedades llegan a orillas del estrecho con la expectativa de cruzar en barco, a nado o saltando una fría valla sin necesidad de salvar litros y litros de agua salada.
Melilla (España) y Beni Enzar (Marruecos) no es más que uno de tantos ejemplos de lo absurdo que supone construir y mantener una frontera con todas sus restrictivas e inhumanas características.
Intentar salvaguardar los intereses y la identidad cultural, social y económica de un pueblo no puede defenderse con una mera fortificación de metal y un intenso cordón policial. Por cierto, ¡un estilo muy utilizado por los estrategas militares desde el medievo!
Las causas de las migraciones forman parte de la historia de la humanidad. El nomadismo fue una modelo de vida con el único objetivo de garantizar la existencia de una comunidad o pueblo: Alimentación, agua, seguridad o un clima moderado para vivir motivaban dichos desplazamientos.
Pese a todo, las cosas no parecen haber cambiado en exceso desde entonces. Los desplazamientos masivos, las guerras, los saqueos, la explotación o mala distribución de los recursos siguen originando contextos de pobreza, inmundicia e injusticia entre unos y otros.
Ya bien sea separados por un mar agua o una aduana militarizada, la desequilibrada balanza de las oportunidades persiste en prevalecer en el mismo estado de siglos atrás a pesar de un presunto desarrollo que no acaba de llegar a todos los rincones del planeta en las mejores condiciones.
‘Felicidad Contagiosa’
Sor Angélica, a través de su Centro de Reintegración y Desarrollo en una región recóndita del Congo, ha ayudado a transformar las vidas de más de 2.000 mujeres y niñas que han sido obligadas a abandonar sus hogares, sufriendo abusos, principalmente por el LRA, un grupo rebelde originario de Uganda.
Muchas de las personas a las que ayuda cuentan, con lamento, historias de secuestros, trabajos forzados, palizas, asesinatos, violaciones y otras vejaciones contra los derechos humanos.
Su enfoque principal es trabajar en la recuperación del trauma y el daño padecido. Además de los abusos que sufren las mujeres y niñas más vulnerables, a menudo, son condenadas al ostracismo por sus propias familias y comunidades a causa de su terrible experiencia.
«Se requiere una especial atención para ayudarles a sanar y para recoger los pedazos de sus vidas», dice la Hermana Angélica, quien capacita a las personas para que aprendan un oficio e inicien un pequeño negocio o regresen a la escuela.
Esta religiosa se desplaza por las comunidades y pueblos en una bicicleta, como medio de transporte más habitual, transmitiendo siempre una felicidad contagiosa a todos los presentes. Con una sonrisa indeleble practica una solidaridad como devota del desarrollo y dignidad social.
La monja congoleña acaba de ser reconocida por Naciones Unidas con el Premio Nansen 2013 para los Refugiados. Vivió como una desplazada por la violencia, en 2009, cuando vivía en la ciudad de Dungu, en la provincia de Oriental. Ella conoce la profundidad del dolor de huir de casa con lo puesto .
Son, en parte, los motivos que impulsan a esta religiosa a trabajar día a día «para llegar a todas las personas en situación de riesgo social y humano».
Un poco de coherencia política entre tanto desastre
Llega desde el cono sur, pero llega. La escasa coherencia política la aporta el presidente de la República del Uruguay. José Mújica asevera que «lo único admisible, en #Siria, es leche en polvo, galletas y comida». El resto de acciones, a su juicio, resultan prescindibles en todos los sentidos. Las estrategias militares y políticas no son más que camuflajes de intereses transnacionales.
Los derechos humanos forman parte de un argumentario conveniente para la ocasión. De poco o nada valen la perdida de vidas que se registran desde el año 2011. Mujeres, niños y ancianos combaten con sus vidas sin haberles consultado para ello. El envenenado conflicto les ha convertido en objetivo del fuego amigo o enemigo , eso que más da, o en refugiados indefinidos en un campo ubicado en la frontera.
Mientras el drama humano y social prosigue, el consejo de seguridad de Naciones Unidas continua con una investigación abierta por el supuesto uso de armas químicas. De no ser así, dicha investigación no se habría producido en los mismos términos: ¿escusa o realidad?
El caso es que, desgraciadamente, Siria camina hacia una inexorable intervención internacional. Se contemplan en una medida muy interesada los daños personales aplicando criterios de «tierra quemada». Sobradas experiencias, en Afganistán e Iraq, ya tenemos para llegar a pensar en la no idoneidad de este plan, a todos los efectos.
Pero, las necesidades básicas de la población civil no pasan por una u otra clase de armamento. La realidad social es paralela a la militar. El hambre y la pobreza van conquistando territorios sociales a medida que el número de bombas y balas aumenta sin control.
Afortunadamente, entre tanto desastre, una referencia política dice aquello que todos piensan y nadie escucha. La coherencia no es un hábito muy frecuente en esta clase de escenarios; aunque es de agradecer encontrar a un embajador de los DD.HH con responsabilidades de gobierno.
Otra cosa bien se centra en el eco que sus últimas declaraciones puedan trascender en una obsesiva y delirante comunidad internacional.
