Cuarenta años de espera

Los saharuis están ‘encantados’ de rememorar una marcha ‘tan pacífica’ que cumple ya cuatro décadas. La celebración de la Marcha Verde llega en un momento muy delicado para miles de personas y familias que han perdido lo poco que tenían ante las inclemencia del tiempo. Unas virulentas riadas han invalidado la utilidad de hospitales, escuelas y jaimas.
Y, España, ¿dónde está? Desde entonces, no ha existido una compensación, una reparación, una respuesta después de abandonar, a su dicha, a miles de seres humanos que aprendieron, por necesidad, a vivir en campamentos de refugiados en medio de un inhóspito desierto.

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Efímera empatía con Alan Kurdi

El reguero de refugiados sirios no para de golpear en las costas europeas. Es un goteo incesante del que no se intuye un fin inmediato. Escenas que se repiten y se repiten. Una y otra vez. Sin descanso; para un Mar Mediterráneo que, hasta la fecha, desconoce cuantas personas han ahogado sus ilusiones en el crucero del drama, del desastre, de la insolidaridad. El cálculo se hace imposible: ¿cuántos seres humanos se encuentran ya sepultados entre millones de litros de agua salada? A día de hoy, una respuesta exacta es tan solo un flirteo con la especulación. Y, por salud mental, no parece recomendable conocer esa inclemente realidad. Poseer un dato de esa envergadura evidenciaría las miserias de una humanidad aletargada en su cómodo universo material. Podría significar una revolución, un silogismo con el que remover las turbias conciencias en las que todos escondemos una ineptitud inaceptable. Y eso parece que no le interesa, ni interesará, nunca a nadie.

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Europa se refugia navegando a la deriva

Litografía digital elaborada por Maria de Sola

La cruda realidad no cesa de empujar a miles de personas desde Siria hasta una insolidaria Europa que consiente la construcción de muros y fronteras físicas como las de antaño. Que curioso: el pasado más oscuro regresa al presente. Así, de esta manera, se protege el gobierno húngaro de una amenaza, de una invasión, de una desesperación humana que, supuestamente, podría hacer tambalear la seguridad nacional. Se blinda de esta dramática escena a base de pecar en los errores del siglo XX. Se desentiende de los problemas ajenos mirándose al ombligo. Continuar leyendo «Europa se refugia navegando a la deriva»

Malhechores involuntarios

El cumplimiento de los Derechos Humanos en Marruecos es una verdadera entelequia. Sobre todo cuando se trata de un activista de origen saharaui que reivindica el reconocimiento oficial de su pueblo a una comunidad internacional que se pone de perfil. La única respuesta posible se centra en la persecución y en la prisión, como mal menor. A partir de ahí… podemos echar a volar nuestra imaginación para pensar en los peores augurios.
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Refugiados en los planes de futuro

«Cada día, morían un centenar de personas aquí», reconoce con mucho pesar Hanaa, quien revive la crudeza de lo que ahora ocurre al otro lado de la frontera al recordar lo sucedido en este lugar del Líbano, años atrás. Se encuentra una fábrica de procesamiento de cebolla abandonada en el Valle de Bekaa. Todavía, son perceptibles las consecuencias del conflicto bélico que protagonizó Israel en el pasado. De aquel intento de invasión quedó un triste legado de muerte y destrucción.

Hanaa llora por dentro cuando se refiere a sus raíces enterradas en Siria. Donde hace varios años las bombas y los cruces de disparos eran impensables. Un país que, por aquel entonces, acogió a numerosas personas que huían del Líbano por cuestiones humanitarias. A día de hoy la situación es a la inversa. Los sirios necesitan de la solidaridad de los libaneses.

Mohammed y Hanaa llegaron el año pasado de Raqaa (Siria). Él había estado estudiando Ciencias Sociales en la Universidad de Alepo. Ella tenía planes de convertirse en profesora de historia después de terminar sus estudios en la misma Universidad. «Ni lo uno, ni lo otro». Ambos se han visto obligados a buscar un refugio expulsados de su propia realidad. Partir de cero. Rehacer los planes parece haberse convertido en la única alternativa para esta joven pareja.

De momento, el futuro inmediato pasa por vivir como refugiados a la espera de que todo termine algún día. El proyecto profesional y familiar deberá aplazarse hasta que las condiciones regalen un mínimo de generosidad: la resignación y paciencia son la única posibilidad para seguir manteniendo presente la esperanza de regresar a Siria con la ilusión de abrir la puerta al constructivo conocimiento para cerrar la del destructivo fuego cruzado.

Nuevas generaciones en la solidaridad

Dos mujeres imponen su liderazgo ante el mundo con el objetivo de buscar el punto exacto donde residen las oportunidades, el desarrollo, la igualdad y los derechos humanos. Es muy posible que la utopía, convertida en una seductora ideología, nunca llegue a materializarse del todo ante sus ojos; pero intentarlo, en sí, ya es un atractivo reto para mejorar las condiciones de miles y miles de personas asediadas por la pobreza.

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