Los pobres son más pobres

pobreza-desigualdad-wikimedia-1_1Poco a poco lo vamos consiguiendo. España es uno de los cuatro países de la Unión Europea donde ha aumentado el número de personas sin recursos suficientes para poder pagar sus facturas a finales de mes desde 2012, según un informe de Eurostat que analiza las carencias severas de la población en la UE.

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Dos modalidades de un empobrecimiento mortal

Acabo por sacarse de en medio ante la continua escalada del decrecimiento social y económico de su país. Un jubilado decidió detener el tiempo eternamente.  Quiso acabar con el calvario de ser testigo de un calendario envenenado por los recortes mensuales en su pensión. Décadas de contribución y trabajo para ser pasto de las llamas de los incendiarios conocidos en el mercado de la inversión como ‘despiadados especuladores’.

Dimitris Christoulas, pensionista del sistema público en Grecia, optó por la determinación del suicidio. Una de las prácticas solo presentes y frecuentes en los países desarrollados. Los estudios realizados por expertos en sociología y psicología así lo atestiguan. No es habitual toparse con casos de esta naturaleza en otras regiones del mundo en las que “la pobreza ya no es una amenaza sino que se ha convertido en una compañera de convivencia”.

Este farmacéutico retirado de la vida profesional temía ser devorado por las deudas. Una de las principales causas de una crisis que trasciende de macro a micro economía. Las prestaciones y las pensiones son, cada vez, más someras en un país intervenido y sumido en un proceso de rescate protagonizado por el BCE y UE.

Buscó, con su drástica decisión, liberar a su heredero de lastres económicos ante las menguantes mensualidades de su pensión. Poco a poco, desparecía el remanente confeccionado a base de una larga vida de cotizaciones al frente de una oficina de farmacia en Atenas. La mala gestión de la caja de Seguridad Social helena y los implacables efectos de los deshumanizados ejecutivos financieros pusieron fin a unas expectativas de futuro más alla de la vida laboral.

Un país entero, que hunde sus raices en la cultura clásica y en los inicios de la civilización en la que residimos, intenta superar una conmoción transformada en ‘rabia social’. Minutos antes de acabar con su vida, Dimitris suplicó a su pueblo “resistencia” ante la insoportable la situación económica de una nación continuamente golpeada por un déficit aplastante. Él, se negaba practicar la indigencia y “revolver en la basura para subsistir”. Una denuncia de mortales consecuencias escenificada ante el parlamento.

La dureza de este hecho logró sorprender a otras sociedades con un mayor grado de depresión económica por el cómo y dónde sucede. Otra cosa, bien distinta, es el por qué se llega a una situación de ese calibre. Desde la lejanía del avance y desarrollo; Allí donde los recursos básicos son inexistentes con más de 3.500 millones de seres humanos azotados por la pobreza o 850 millones suspirando por un mínimo alimento que llevarse a la boca (Datos oficiales de la FAO-2008), la única diferencia del empobrecimiento, entre los dos mundos, radica en que sus mortales consecuencias se presentan en dos modalidades muy convencionales: Individual o colectiva…

La pobreza ya es portada…

Son numerosos los semblantes de la pobreza actual que se presentan en lugares donde hace menos de un lustro los coches de alta gama no extrañaban a nadie. De nuevos ricos a nuevos pobres. Esa ha sido la mala jugada de un sistema estrangulado por una mentira reconvertida a una tosca verdad: “La pobreza se vestía de riqueza en el Estado del Bienestar”. Una estrategia perfecta, propia de los militares más experimentados en distraer al enemigo.

La crisis actual no es más que una expresión del desastre social y humano protagonizado por unas ambiciones envenenadas de materialismo. No hay vuelta atrás. Se coló en nuestra vidas el conocido ‘Sueño Americano’ con la notable variante de una cultura que no sabe esperar;  “que se impacienta por llegar a ver el amanecer cuando la luna todavía está situada en el oscuro horizonte”.

El trueque no funcionó. Y, ahora, el pago de las consecuencias se torna muy duro. Cola para solicitar un empleo. Cola para tramitar la prestación del desempleo. Cola para implorar un aplazamiento de la condena en forma de hipoteca bancaria. Cola para comer y beber esta misma noche. En definitva, cola para vivir un día más…

La evolución ha sido imparable. De menos a más. De pilotar un gran vehículo a conducir a la familia a las puertas de un centro de distribución de recursos básicos. ¿Comer o morir? Un cambio extremo, tanto, que las actuales condiciones se han convertido en un amargo trago (difícil de digerir) ante la promesa del “amor eterno con una cómoda y desahogada existencia”. No ha sido así.

En la puerta de atrás del voraz sistema capitalista, se hallan millares de personas golpeadas sin piedad por la pobreza relativa, en algunos casos, y pobreza absoluta, en otros. Hubo quien frivolizó con su exterminio. Pero, respondiendo a patrones habituales de los denominados virus inteligentes: “una nueva mutación acabo derivando en una incontrolada epidemia con nuevas caras”.

Los médicos sociales (trabajadores sociales) conocen esta nueva manifestación que se nos revela como pobreza urbana. La calificaron con esa denominación en base a experiencias de otras realidades afectadas por el empobrecimiento de recursos. Curiosamente, uno de estos diagnósticos se centro en las condiciones de vida de Brasil. Hoy, en día, un denominado país emergente.

Ahora, la extrema falta de recursos básicos ha cruzado el charco. De una orilla a otra del Atlántico sin tener previsión de ello. Quizás, hemos dejado de ser una referencia en el universo de las oportunidades sin saber asumir el declive de nuestro modelo social. Los pobres siguen siendo pobres, o más pobres que antes de la fugaz convivencia con una ficticia riqueza.

Un estudio reciente sobre las condiciones de vida, publicado por el sindicato UGT, confirma que 580.000 gallegos han rebasado el umbral de la pobreza en los últimos años.

Mientras, muy próximas al portal de casa, las ONG’s trabajan sin tregua para abastecer a las familias, derribadas por un frágil sistema económico, de alimentos y enseres más básicos. Otras organizaciones recurren a la sutileza para hacer creer a los niños que sus padres comen fuera de casa el fin de semana y, en realidad, lo hacen en un comedor social. Un brillante reportaje de Eduardo Roland, elaborado en la ciudad olívica, así lo demuestra.

Entretanto, lo más hiriente es comprobar como la crudeza más descarnada de la pobreza ya es portada no solo de los medios de comunicación sino de nuestra propia vida. Cada mañana tropezamos con esta realidad y lo peor del asunto, al margen del sufrimiento de quien padece las consecuencias de carecer de todo o no tener nada, es que no hemos hecho nada por remediarlo. Todo lo contrario.

Pero, la actual lectura del paronama social no habilita espacios para las dudas: “La pobreza ha llegado a las páginas centrales de los periódicos, y el resto de medios por necesidad, y no por solidaridad”. Un ‘destacado logro’ que viene precedido de años dandole la espalda a un problema que afectaba sin compasión a otros seres humanos…