De denunciantes a denunciados

Wafaa Charaf ingresó en prisión el 9 de julio en Tánger después de presentar una denuncia por secuestro, detención ilegal y amenazas de la Policía Marroquí. Fue abandonada en una carretera a once kilómetros de la ciudad marroquí de Tánger. Acababa de asistir, en aquel 27 de abril de 2014, a un mitin de apoyo a los trabajadores de la multinacional estadounidense Greif (el líder mundial en envasado industrial). Parte de la plantilla había sido despedida por crear una sección sindical. Prohibir y pulverizar cualquier estructura que permita articular una organización de defensa de los derechos laborales es una realidad muy consolidada en las prácticas de las empresas radicadas en las Zonas Francas.

Wafaa Charaf y Boubker El Kamichi fueron encarcelados en Tánger (Marruecos) por defender los Derechos Humanos

La ciudad tangerina, ubicada a menos de 14 kilómetros de las costas españolas, ofrece grandes ventajas para el libre comercio como la exención de impuestos y cargas sociales a las empresas que decidieron asentarse en este lugar. El sector textil o las manufacturas de conserva y congelado de productos del mar también disfrutan de estos grandes beneficios económicos por apostar por una deslocalización en el norte de África.

En la actualidad, Wafaa deberá pagar un alto precio por su compromiso con los derechos fundamentales de los trabajadores en las fábricas,  la democracia y la libertad de expresión en Marruecos. La denunciante acabó siendo denunciada y detenida por una supuesta falsa denuncia. El último precio impuesto son dos años de prisión cerrados.

Wafaa Charaf fue encarcelada junto Boubker El Khamlichi, líder de la Voz de la Democracia, quien también soporta una condena de un año de prisión (en suspenso) con una multa de 89 euros por una supuesta “obstrucción de la investigación.” Sin embargo, había sido absuelto en el primer juicio.

Ambos activistas militan en el Movimiento 20 de febrero. No han sido pocas las ocasiones que se han movilizado para reivindicar lo básico en un país donde se dice una cosa y se hace otra. Este colectivo rompió el silencio a raíz de la primavera árabe sobre el continuo incumplimiento de los Derechos Humanos. Exigían y exigen un cambio político, social y económico que conduzca a los marroquís a un escenario de menor pobreza.

Wafa Charaf y Boubker El Kamichi deben responder judicialmente, en Marruecos, por defender los derechos humanos

Y, de momento, la única consecuencia a tanto esfuerzo invertido es que Wafaa y Boubker han acabado ante un juez respondiendo por las acusaciones del procurador del rey (similar a un fiscal) de falso testimonio y revuelta social.

En resumen, el aparato del Estado ha sido capaz de invertir las tornas con el mayor descaro posible, convirtiendo a los denunciantes en denunciados. Así, funciona la justicia en una gran parte del mundo y muy poco se hace por remediarlo.

Más de seis décadas, obligados a ser humanos…

El derecho a vivir rodeado de la máxima humanidad debe mudar hacia la senda de la obligación. Sin distinciones culturales, sociales o políticas, el ser humano está llamado a aprovechar su existencia ejerciendo como tal. Al final, tener que aprobar una Declaración solo delata que el derecho ha ganado la partida a la obligación en el tablero de ajedrez como sinónimo de un fracaso colectivo en el transcurso de la historia.

Desde que asomamos la cabeza, nuestra integración a cualquier opción de sociedad queda sobrentendido que debe hacerse bajo los más esenciales y elementales criterios de desarrollo. Crecer y conocer la felicidad infantil forma parte de una evolución natural que solo el ser humano es capaz de truncar sin complejos: “Cualquier siniestro argumento inventaremos para ello”. Similar situación que también alcanza a millones de mujeres, mayores o personas desfavorecidas por múltiples causas en el mundo…

Hace más de medio siglo, el 10 de diciembre de 1948 llegaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tuvieron que transcurrir un millar de años para llegar a impulsar una obligación vestida de derecho.  Hoy en día, el Alto Comisionado de Naciones Unidas intenta velar por el respeto e igualdad entre los seres más racionales, conocidos hasta el momento, que habitan el planeta.

Haciendo un barrido geográfico resulta inabarcable denunciar, en un puñado de palabras que componen este post alojado en un rincón de la blogosfera, todas las acciones y contextos donde se ha pisado y traspasado la línea roja. Queda claro que la vulneración de alguno de los 30 artículos es continua y consentida, en numerosas ocasiones, por la comunidad internacional.

Los conflictos bélicos son la parte más visible del horror y drama del incumplimiento de la obligación a comportarse como “un ser excepcional”, tal y como exclamaba uno de los participantes del proyecto de comunicación para el desarrollo en el canal de radio ‘La Colifata’.

Pero, según Amnistía Internacional, las mujeres son la parte invisible de dicho incumplimiento. Una vez más, la obligación a respetar su dignidad ha tenido que ser recogida como un derecho.  “La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos”, reza uno de los párrafos de la entrada publicada en el blog de la organización.

En este mismo espacio de Referencias, hemos denunciado casos tan insólitos como el de Gulnaz, la mujer afgana obligada a contraer matrimonio con su agresor sexual. En su realidad cultural, el hecho de ser violada no es más que una falta muy grave por mantener relaciones fuera del matrimonio. Otro de los ejemplos que alientan a la necesidad de transformar los derechos en obligaciones.

Asimismo, existen países y sistemas políticos muy acostumbrados a pisar con crueldad el deseo de disfrutar de un cierto bienestar de otros modelos de convivencia por “una supuesta amenaza para el orden mundial”. En esta misma línea, culturas que intentar invadir a otras culturas consideradas inferiores por un menor ritmo en el desarrollo económico y político; un aspecto que deriva en irreparables daños sociales.

Y añadimos a este capítulo de reflexiones una nueva modalidad, si cabe, de mayor nivel de invisibilidad: Las crisis humanitarias intencionadas. Aquellas que son provocadas por la especulación de los precios de los alimentos desde un despacho en Londres, caso del Cuerno de África, como otro de los modos de anular al ser humano ante la absoluta imposibilidad de acceder y abastecer las necesidades más básicas.

Al mismo tiempo, el área queda controlada, a través de la estratégica fórmula del caos y desestabilización, con el fomento de un pasillo de distribución de armas a los denominados ‘Señores de la Guerra’. A su alrededor, hambruna y miseria. Una inacción contra la pobreza que también está catalogada como otro de los métodos de mancillar el honor de los DD.HH.

Un exclusivo espejo del expolio de recursos y oportunidades que inciden en una acentuada rebaja de las condiciones humanas de vida.

Y no cabe duda que, al traspasar la efeméride de más de seis décadas, podemos extraer un axioma: ‘A  golpe de obligaciones sí somos capaces de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos del prójimo’.

La cotización al alza de la xenofobia

Eran los grandes protagonistas como Fuerza de Trabajo (FT) en el mercado laboral durante los años de una economía alegre y optimista. A otros niveles, contaban con un reconocimiento y la complicidad social para llegar a un grado absoluto de integración.

No existían dudas en abrir, de par en par, las puertas de la convivencia multicultural. La presión llegaba a los escaños del parlamento para que la legislación marcase un futuro de garantías a aquellas personas que optaban por migrar de su realidad con el objetivo de forzar un ‘cruce de caminos’ con las oportunidades.

Los avances en la tolerancia colectiva parecían proyectarse en una dirección modélica y humanizada. Cabe reconocer que los lazos de pluralidad estaban todavía en un proceso de construcción que quedó inconcluso, y mucho nos tememos que el compromiso colectivo quedará sin finalizar, al menos a medio plazo.

Sin embargo, la aceptación a recibir personas inmigrantes era elevada. Apenas surgían voces discrepantes contra la incorporación, a nuestro modelo de convivencia, de personas asediadas por las dificultades de desarrollo personal, familiar y social (DESC).

Desgraciadamante, aquellos tiempos se han convertido en un mero espejismo, “proyectado en un frágil cristal que se hace añicos con tan solo un leve golpe involuntario”. Aquel camino emprendido para eliminar a la integración del catálogo de la utopías se detuvo en los primeros kilómetros. “Falsas expectativas”.

Es más, en el presente, algunas inaceptables versiones apuntan a un nuevo secuestro del progreso social derivado de una irresponsable práctica política en favor de una gestión de la inmigración basada en dar facilidades al recien llegado. “Conductas que aparecen cuando el nuevo rico deja de serlo”.

Ese intento por fumigar una extendida plaga de intolerancia, sobre la existencia de seres humanos procedentes de la diversidad cultural, se ha convertido en el típico argumento próximo al ‘género del cinismo’. Para algunos, en el presente, no resulta difícil cambiar la careta de ‘progre por la ultraconservador’. Simplemente, porque toca o no requiere de elevados esfuerzos más que cruzar de una orilla a la otra en el discurso, se pasa sin complejos éticos de una defensa al ataque más feroz.

De la prioridad a la invisibilidad. De las leyes favorables a las redadas y deportaciones, sin apenas garantías para defender los mínimos Derechos Fundamentales. Esa es también la propuesta de algunos ‘practicantes políticos’ que inyectan dosis de intolerancia a la sociedad a traves de posiciones y programas de gobierno para arañar votos.

Lo expuesto no es un simple conjunto de apreciaciones periodísticas. Es una denuncia pública y sonora de colectivos solventes como SOS Racismo, Movimiento Contra la Intolerancia o la asociación hispano ecuatoriana Rumiñahui.

Los tres colectivos aseguran que, tras el paso del vendaval electoral del 22 de Mayo, varios partidos de inexistente tolerancia ya han logrado situar representaciones en las futuras corporaciones municipales y gobierno autonómicos, con intenciones de construir nuevos muros apoyados en la xenofobia.

Advierten que montarán un instensivo puesto de vigilancia. Temen las consecuencias en las formas en las que se dará cumplimiento a la Ley de Régimen Local (Empadronamientos y Censos municipales) y la aplicación de la Ley de Extranjeria.

“Vota”, ese término mágico de la democracia que comienza a estar cuestionado por su forma de uso (Movimiento 15M), se ha convertido en otro sibilino elemento de discriminación. A día de hoy, no todos los programas electorales están abiertos a gestionar políticas de biodiversidad social. Y, sin embargo, reciben respaldo y logran el objetivo de situarse en las administraciones con la legitimidad que otorga el sistema.

Ejercer el derecho al sufragio universal con cierto criterio no solo es una responsabilidad de quien propone sino también de quien dispone. Respaldar futuras acciones de gobierno que agreden o reduzcan los derechos de otros por su origen, condición, cultura o religión estamos obligados a recordar que colisiona contra cualquier marco constitucional.

La regresión de las políticas sociales son una supuesta consecuencia de una crisis real o inventada, según la teoria esogida. En cualquiera de los casos, la historía se ha encargado, en repetidas ocasiones, de mostrarnos la cara más deshumanizada y cruel ante enérgicos episodios de intrasigencia padecidos por personas de características sociales o raciales, entre otras, diferentes a la mayoría.

Conviene deliberar, las veces que sea necesario, antes perder la estela de la coherencia como seres humanos y pasemos a la historia siendo clasificados como la sociedad de referencia en materia de insolidaridad. Quizás, se haga necesario meditar regularmente con las sagradas escrituras de la Tolerancia, en las manos, antes de revisar de reojo la situación de los mercados, la prima de riesgo o la deuda pública.

En un mero descuido, podemos presenciar como la cotización de la xenofobia vuelve a situarse al alza sin los sencillos remedios a mano que reduzcan los irreparables y nocivos efectos de una de las patologías sociales con numersos antecentes en el pasado.

*Acceso al informe sobre ‘La evolución del Racismo y Xenofobia 2010’ de Mª Angeles Cea y Miguel S. Valles, publicado por el Observatorio Español de Racismo y Xenofobia.

Nelsón Mandela: ‘Casi un siglo de Derechos Humanos’

Intentar resumir en un mínuto y medio de video o dedicar unas pocas líneas de este rincón de la blogosfera a la figura y recorrido histórico de Nelsón Mandela es un ejercicio esteril.

El principal impulsor de los Derechos Humanos en África aproxima su existencia al centenario sin dejar obsevar con atención (algunos sospechamos que con pasión) el estado de su particular lucha. Lo hace para asegurarse que la convivencia colectiva de su pueblo se encuentra en un estado similar de salud que garantice su longevidad.

No descubriremos nada nuevo, a estas alturas, sobre un hombre que entregó el cuerpo y el alma al diablo por liberar de la opresión, esclavitud y discrimación a los sudafricanos. En este lugar del mundo, la evolución social ha sido incuestionable, a costa de un sacrificio que sólo los elegidos saben aplicar y dosificar con maestría.

Se cumplen 97 años desde su nacimiento. Es posible que su biología nos conceda más aniversarios cargados de tanta humanidad. Un referente se acerca al siglo en la Defensa  de los Derechos Fundamentales con un privilegiado legado para los seres humanos que estamos obligados a aprovechar, eternamente agradecidos. Gracias, Nelsón