Actor Social – «Tenemos módulos autogestionados por internos»

Tomas Acuña.- Las cosas han mejorado y evolucionado con infraestructuras mejoradas, mas nuevas. Los servicios se prestan a todos los internos. Hay más actividades, tanto a nivel formativo, productivo y/o de tipo ocupacional: «Más recursos igual a mejor formación».

No obstante, esto debe seguir mejorando porque siguen existiendo carencias en el área de la formación de los trabajadores penitenciarios, en asignaturas tan importantes como la seguridad y el tratamiento, homogeneidad de protocolos de actuación y aplicaciones informáticas en todas las áreas de trabajo, por mencionar algunas necesidades.

Esta apreciación contrasta con un dato objetivo: el casi nulo número de “chinazos” (cortes para autolesión). Hace años que no se ve a un interno meterse un misil o tomar lejía como medida de presión. El numero de agresiones entre internos ha disminuido en términos generales, esa subcultura carcelaria está en claro retroceso y «tenemos módulos autogestionados por internos».

Los llamados módulos de convivencia y respeto logran generar un clima de mínima tensión que se respira dentro de muchos C.P. Son especialmente llamativos los resultados donde se desarrollan programas de tratamiento o hay actividades para la población reclusa. En el marco formativo, en prisión, el crecimiento de personas que acuden a la escuela es espectacular.

Desde hace años, la demanda es mayor que la oferta en el catálogo de programas para ampliar el conocimiento; el numero de cursos de formación se mantiene igual, mientras que el numero de actividades, tanto dentro como fuera del centro, ha crecido de forma exponecial en los itinerarios de la reinsercción social.

Es evidente que el escenario descrito contribuye a una rebaja de la conflictividad, y por ende de la agresividad en muchos centros. En las horas nocturnas, es raro que se produzca algún incidente, salvo alguna urgencia por algún problema medico o desgraciadamente por sobredosis de sustancias psicotrópicas: «una de las grandes lacras de nuestra sociedad de la que no escapan los centros penitenciarios«.

Las drogas siguen siendo uno de los mayores problemas estructurales de las sociedades modernas. Nadie es capaz de negar científicamente que no tengan una clara relación con el nivel de delincuencia y número de personas en prisión, tanto directa como indirectamente.

Y esto no es más que un claro reflejo de lo que acontece en el exterior. En realidad, a nivel social, hay pocas diferencias, y pueden medirse en tan solo unos metros cuadrados, custodiados por muros y medidas de seguridad. Aún así, la coíncidiencia de las problemáticas como el consumo y tráfico de drogas no cesa, ni cesará antes dentro que fuera.

Más bien, erroneo es pensar que el principio activo más efectivo contra esta enfermedad social está presente en los programas de reinsercción de las prisiones. En todo caso, en el interior, solo aplican aquellas medidas paliativas cuando la evolución del problema se convierte en una amenaza reconocida, mientras las políticas preventivas demuestran altas tasas de insuficiencia, pese a los enormes esfuerzos deplegados hasta la fecha.

(Cuarto relato de Tomas Acuña de una serie dedicada a las experiencias del pasado y presente de las prisiones en el sistema español. La mayoría de los hechos tuvieron lugar en la cárcel de A Parda y el Centro Penitenciario de A Lama en la provincia de Pontevedra) .

Actor Social – «La tarea escolar» ¿Lucha, aprendizaje u otra forma de Maltrato Infantil?

Norelys Rivas.- Por experiencia se que los niños y niñas con mejor rendimiento escolar, por lo general cuentan con unos padres o responsables de su aprendizaje en casa, comprometidos con el proceso educativos de los infantes que tienen bajo su responsabilidad, les transmiten confianza y además les enseñan que la tarea es una parte fundamental de este proceso y por tanto deben ser responsables de ello para tener éxito en el futuro.

Por otro lado, también he podido observar como ‘Día a día’ algunos hogares se convierten en un campo de batalla (metafóricamente), donde prevalece el sufrimiento del niño y el estrés de los padres, y es que «ha llegado la hora de la tarea». Y surge como una sombra silenciosa la figura del maltrato infantil, donde los insultos, golpes, templones y otros tipos de agresiones afloran para hacer de ese momento el más indeseado por los niños y las niñas.

Mucho se ha hablado acerca de lo necesario o contraproducente de la tarea escolar. Pero la tarea escolar bien entendida debe ser una forma de afianzar aprendizajes y aclarar aquellas dudas que surgen de una clase. Del mismo modo permite o debería permitir abrir espacios para la lectura y la investigación por lo cual debe ser vista como una oportunidad diaria para progresar en el proceso y al mismo tiempo generar un impacto positivo en sus vidas, creando hábitos de estudios muy necesarios en el futuro estudiantil de los niños y niñas.

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«La tarea Escolar» ¿Lucha, Aprendizaje u otra forma de Maltrato Infantil?

(Norelys Rivas es licenciada en Educación y trabajadora en el ámbito social en  la prevención del maltrato y la violencia contra la niñez y adolescencia, por los derechos y los valores fundamentales de la familia en Puerto Ordaz, Ciudad Guayana/ Venezuela)

¿Hay fuga de cerebros en el Tercer Sector?

La calidad técnica del Tercer Sector discurre por un sendero muy esperanzador. Las organizaciones sociales consideran que el 70% de su personal cuenta con la formación adecuada para el desempeño de su trabajo, según datos del ‘Anuario del Tercer Sector de la Acción Social (TSAS) en España’, elaborado por la Fundación Luis Vives en colaboración con Obra Social Caja Madrid.

La profesionalización es un proceso inexorable y necesario para garantizar una prestación de servicios de carácter social. La canalización del sentimiento de la solidaridad debe traducirse en proyectos con efectivos resultados. Lo contrario, es similar a nadar a contra corriente. Este planteamiento debe ser directamente proporcional al nivel formativo, académico y técnico de los actores sociales que acometen una intervención. Sin embargo, sólo el 42% de las organizaciones reconoce contar con una partida presupuestaria exclusiva para dedicar a los recursos humanos.

Sin embargo, la crisis es la mascara perfecta para desmantelar parcialmente el tejido social, hasta el punto, de provocar un debilitamiento interesado y restar una autonomía de acciones, decisiones e incidencia política. Una situación que afecta directamente al capítulo de la formación continua, entre otros apartados profesionales. De hecho, ocho de cada diez entidades aseguran haber realizado acciones formativas en los últimos tres años, y tan sólo cuatro de cada diez perciben como suficiente la formación impartida, si bien el 60% la califican como buena o muy buena.

Casualmente, la gestión económica y la propia intervención han sido los campos en los que se han centrado las modestas actividades formativas. Pero, según los responsables del estudio, en la actualidad, comienzan a surgir nuevas necesidades que hacen que los programas formativos más demandados sean aquellos referidos al entrenamiento en habilidades directivas, herramientas web 2.0, captación de fondos, innovación social, RSE, ciberactivismo, planificación estratégica, etc.

Comprobamos que una de las perspectivas planteadas sitúa a la Brecha Digital en el centro del combate. El peligro del rodillo de la exclusión On Line es una constante amenaza para los colectivos de desarrollo. ¿Ha llegado tarde esta reacción?, ¿el escepticismo en la revolución 2.0 es ahora un lastre insalvable para la visibilización de las ONGs?

La rentabilidad de las acciones en la red indiscutible. Los proyectos Networking parecen haber calado en el seno del TS como una corriente cultural, ahora imprescindible. «Se ha pasado de la nada al todo».

Esta nueva visión entronca con el dato de que el 90% de las organizaciones afirman disponer de suficiente capacidad de adaptación a los cambios. Si algo ha puesto de manifiesto la actual crisis socioeconómica son las nuevas necesidades de cambio estratégico y organizativo para superar la barrera de adaptación al nuevo ciclo.

En este sentido, el 63% de las entidades han sufrido modificaciones en su financiación, siendo mayor este impacto en aquellas cuya financiación está basada en los mermados fondos públicos.

Aquellas organizaciones cuya labor se centra en la integración social, en la promoción de los derechos humanos y la participación son las que más han visto afectado el desempeño de su labor, dado que la crisis económica está perjudicando principalmente a las personas más vulnerables y en riesgo de exclusión social, agrega el estudio.Es decir, esto se traduce en que los programas y proyectos experimentan un aumento en la demanda, mientras que, al mismo ritmo, un decrecimiento de recursos amenaza la continuidad de los integrantes de los equipos configurados con la finalidad de desarrollar un cronograma de acciones y cumplir con los objetivos marcados en el plan de trabajo.

Por tanto, en el actual contexto, el sobresaliente nivel formativo de los profesionales de la gestión de la Accion Social combinada con la falta de determinación, ante una descarada falta de apuesta por fortalecer el sistema del Bienestar Social, nos conduce a una preocupación atomizada en una pregunta: ¿Hay fuga de cerebros en el Tercer Sector?

¿Dónde está la generación ni-ni?

Identificación de jóvenes pasivos

La Confederación de padres y madres de Alumnos (COFAPA) digiere con gran satisfacción los resultados obtenidos por el informe ‘Desmontando a ni-ni. Un estereotipo juvenil en tiempos de crisis’, realizado por el Instituto de la Juventud (INJUVE).

Al contrario del papel que algunos estratos de la sociedad otorgan a las generaciones del futuro relevo, este estudio sociológico califica a los jóvenes de España como ‘protagonistas y motor del cambio que necesita la sociedad’.

Este trabajo desmonta los pilares de una imágen ‘muy negativa’ de la juventud actual. Estas supuestas valoraciones, situando al futuro natural de la sociedad en una posición de escasa esperanza, quedan en entredicho gracias a la elaborada y rigurosa labor realizada por los expertos en sociología del INJUVE.

Entre las particularidades, el sociologo responsable del estudio, Lorenzo Navarrate, destaca que la falta de motivación para asumir responsabilidades no se presenta en el grupo de población posicionado entre 16 a 19 años. Un escenario contrario sólo lo encontraríamos en los jóvenes instalados en la franja de edad de 20 a 24 años, una de las más castigadas por la desconsideración social. Aún así, la falta de estimulos se presenta en pequeñas proporciones.

Todo parece indicar que la estigmatizada generación, por una supuesta pasividad, está en clara decadencia. El hecho de vivir a la «sopa boba» es practicado por una minoria, no superior al 5% de los jóvenes que superan la veintena, mientras que los que se encuentran por debajo de este umbral no alcanzarían el 2%.

Y, la proporción decrece al contrastar los datos de la EPA (Encuestra de Población Activa) de otros ejercicios anteriores a 2009, año utilizado como base principal del estudio, entre otros.

Sin duda, el último grupo referido es el que más demuestra respirar aires de dificultad cuando reflexiona sobre el campo laboral. En concreto, la sensación de frustación aumenta a medida que el nivel formativo es más elevado. Tampoco, las conclusiones del trabajo conceden a la denominada generación ‘ni-ni’ demasiado espacio y recorrido para subsistir en el futuro. Más bien, parece que estaríamos asistiendo a algo residual, recurriendo a términos técnicos de una cuidada investigación social.

El riesgo de desorientación no amenaza a la gran mayoría de jóvenes que, en principio,  descartan el cómodo y poco productivo refugio de la filosofía «ni-ni» como una alternativa ante la actual situación de crisis. Entre los dos segmentos de edad analizados no se llegaría a una suma del 7% que han expresado su voluntad de no enterrar aquello de «ni estudia, ni trabaja» o seguir un modelo basado en un hedonismo radical, «un estilo  de entender la vida que no sólo se circunscribe a las edades más tempranas».

Casualmente, los resultados del estudio abren un campo para nuevos interrogantes sobre el grado de responsabilidad de los padres, la comunidad educativa, los medios de comunicación y la propia sociedad con respecto a una parte de la juventud tan poco activa ante los acontecimientos, y los extendidos estigmas transformados en prejuicios sociales para los menores de 35 años. Aunque lo más significativo e inmediato para la Sociología y el Trabajo Social, quizás, se sitúe en despejar: ¿Dónde está la generación ni-ni?