Toneladas de injusticia

Video blog – El abundante número de toneladas de medicinas desperdiciadas al contendor de reciclaje forma parte de una conducta carente de solidaridad con los pueblos y sociedades sometidas al infortunio  de la imposibilidad de acceder a unos servicios sanitarios básicos.  Nos desahacemos de fármacos una incorrecta cultura de consumo y, en ocasiones, una mala planificación de las terapias recomendadas para curar una dolencia o enfermedad.

Esto desentona con la realidad que viven en otros lugares donde la Malaria o VIH/Sida se ceban con millares de personas que ven imposibilitado el derecho a recibir una atención médica. Sobre todo este desequilibrio reflexionamos en #Referencias.      

Dos modalidades de un empobrecimiento mortal

Acabo por sacarse de en medio ante la continua escalada del decrecimiento social y económico de su país. Un jubilado decidió detener el tiempo eternamente.  Quiso acabar con el calvario de ser testigo de un calendario envenenado por los recortes mensuales en su pensión. Décadas de contribución y trabajo para ser pasto de las llamas de los incendiarios conocidos en el mercado de la inversión como ‘despiadados especuladores’.

Dimitris Christoulas, pensionista del sistema público en Grecia, optó por la determinación del suicidio. Una de las prácticas solo presentes y frecuentes en los países desarrollados. Los estudios realizados por expertos en sociología y psicología así lo atestiguan. No es habitual toparse con casos de esta naturaleza en otras regiones del mundo en las que “la pobreza ya no es una amenaza sino que se ha convertido en una compañera de convivencia”.

Este farmacéutico retirado de la vida profesional temía ser devorado por las deudas. Una de las principales causas de una crisis que trasciende de macro a micro economía. Las prestaciones y las pensiones son, cada vez, más someras en un país intervenido y sumido en un proceso de rescate protagonizado por el BCE y UE.

Buscó, con su drástica decisión, liberar a su heredero de lastres económicos ante las menguantes mensualidades de su pensión. Poco a poco, desparecía el remanente confeccionado a base de una larga vida de cotizaciones al frente de una oficina de farmacia en Atenas. La mala gestión de la caja de Seguridad Social helena y los implacables efectos de los deshumanizados ejecutivos financieros pusieron fin a unas expectativas de futuro más alla de la vida laboral.

Un país entero, que hunde sus raices en la cultura clásica y en los inicios de la civilización en la que residimos, intenta superar una conmoción transformada en ‘rabia social’. Minutos antes de acabar con su vida, Dimitris suplicó a su pueblo “resistencia” ante la insoportable la situación económica de una nación continuamente golpeada por un déficit aplastante. Él, se negaba practicar la indigencia y “revolver en la basura para subsistir”. Una denuncia de mortales consecuencias escenificada ante el parlamento.

La dureza de este hecho logró sorprender a otras sociedades con un mayor grado de depresión económica por el cómo y dónde sucede. Otra cosa, bien distinta, es el por qué se llega a una situación de ese calibre. Desde la lejanía del avance y desarrollo; Allí donde los recursos básicos son inexistentes con más de 3.500 millones de seres humanos azotados por la pobreza o 850 millones suspirando por un mínimo alimento que llevarse a la boca (Datos oficiales de la FAO-2008), la única diferencia del empobrecimiento, entre los dos mundos, radica en que sus mortales consecuencias se presentan en dos modalidades muy convencionales: Individual o colectiva…

El exponente del decrecimiento

FOESSA confirma que la tasa de pobreza en España (21,8%) es una de las más elevadas de la Unión Europea. Ya lo hemos logrado a base de insistir: “los pobres son más pobres”. Se detecta una disminución en el umbral de pobreza que redujo el nivel de renta en 200 euros. Hemos pasado de los 8.000 euros (2009) a los 7.800 (2010).

Seguimos añadiendo datos preocupantes con un incremento de la exclusión social, ya que en 2010 afectaba a 11.675.000 personas estaban en riesgo de pobreza en España, es decir, la cuarta parte de la población (25,5%).

La precariedad de la calidad de vida también se ve confirmada por el incremento de personas atendidas en los servicios de Acogida de Cáritas, que pasaron de 400.000 en 2007a 950.000 en 2010.

El derecho al empleo es un derecho básico en clara decadencia. Los parados juveniles, los de larga duración y el desempleo femenino crecen con paso firme a datos hacia un retroceso social catastrófico. Preocupante es el caso de los denominados  “trabajadores pobres”, es decir personas que, aunque tiene empleo, están por debajo del umbral de la pobreza relativa. En España, hay 940.000 personas en esa situación, en condiciones de privación severa de desarrollo personal y colectiva.

Las distancia entre los universos de la pobreza y la riqueza continúan abriendo más la herida de la desigualdad. Sobre terreno tropezamos con numerosos ejemplos: Cruz Roja en la provincia de Pontevedra ha reorientado sus acciones priorizando en paliar antes que prevenir las duras consecuencias que la crisis económica provoca en incontables familias.

La estampa del desempleo en familia y la deficiencia de recursos comienzan a ser una constante que, lejos de decrecer, aumenta sin mecanismos que logren neutralizar una ‘bofetada’ diaria.

Los comedores sociales aumentan en un 20% el número de comensales que, cada jornada, se sientan a una mesa servida por la solidaridad alimenticia. Casualmente, el mismo porcentaje mencionado es el que, en el año 2011, fija el recorte efectivo de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).

Da la sensación de que no existe una solución efectiva y equilibrada a medio plazo. En una espiral de desesperación, cada mañana recuperamos los problemas sociales con los que nos hemos acostado, por mucho que algunos desde las administraciones piensen que el paso de las noches es útil para borrar de la realidad cotidiana aquello que resulta “muy incomodo para gobernar”…

El exponente del decrecimiento multiplica de forma imparable hacia el infinito. Un desgraciado laberinto en el que muchos pueblos y sociedades llevan sumergidos desde hace décadas por factores de muy diversa condición y naturaleza. Ahora que la pobreza se instala con crudeza en nuestra realidad, y con previsión de hacerlo por un largo espacio de tiempo, estamos obligados a corregir una absurda teoría colectiva que situaba la principal amenaza global en el escenario de otras personas con las que podíamos o no solidarizarnos con ellas en la distancia.

Pero, admitir que han fallado las coordenadas del GPS es comenzar a reconocer que hemos infravalorado un grave problema humano por mero etnocentrísmo. Otra cuestión bien distinta es armar una solución que dé respuesta a las necesidades de una lucha real contra las causas y consecuencias de la probreza, tanto en el sur como en el norte…

El alcalde de las capacidades

Domingos Dosil quiso cerrar su ciclo vital siendo fiel a la homonimia de su nombre. Se marchó un domingo para formar parte de las inmortales referencias en los avances más progresistas que ha experimentado el universo de la discapacidad en Galicia.

Fundo con un sacrificio impagable la Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (COGAMI). Tuvo la capacidad de aplicar las virtudes de la política, bien entendida, a la conformación de una red, sumergida en continuos desencuentros ante la imposibilidad de armonizar y canalizar las reivindicaciones de las personas con discapacidad.

Desde la ría de Muros y Noia, lograba alcanzar un nivel de inspiración social que le empujo a tejer una malla de asociaciones que representasen las múltiples realidades del ámbito de la discapacidad. Solo era cuestión de emplear con elevada capacidad una conciliación de micro realidades dentro de una gran realidad social.

El infatigable trabajo no ofreció resultados de forma inminente. Como suele ser habitual en los grandes proyectos “los primeros avances se hacen esperar para desesperación de sus fundadores o creadores”. Haciendo gala de una elevada paciencia, mucha paciencia, y habilitando la mente para hacer un buen uso de la inteligencia, recorrió un largo camino escogiendo las carreteras secundarias. Consideraba que, en este proyecto social, había espacio para todo y para todos/as.

La percepción colectiva de vivir en la misma residencia con una discapacidad comenzó a mudar de piel hacia posiciones y visiones más integradoras. Fue una talla labrada a conciencia con una inalterable abnegación. Estimó forzoso invertir el tesón necesario para no abandonar el objetivo de levantar uno de los pilares del Bienestar Social, a base de inyectarle cada mañana una cantidad de hormigón.

Recién cumplida la mayoría de edad, una mala brazada en la playa le sentó en una silla de ruedas para toda la vida. A pesar de la severa limitación, entendió que afrontar una paraplejia no era sinónimo de sumergirse en las profundidades de la exclusión social. Luchó y consiguió convencer a una sociedad ‘en pañales’ que la discapacidad no es más que una circunstancia más de la vida.

Las acciones por visibilizar, y no solo visibilizar sino también sensibilizar a personas con capacidad de decisión en las administraciones públicas desembocó en una conversión en las formas de gestionar los servicios sociales , por aquel entonces muy hermanados con el criterio asistencialista. 

No prescindió de lo andado, aunque se esforzó por modificar algunos itinerarios en el mapa social que, hoy en día, han sido asumidos y absorbidos por nuestro modelo de convivencia. Dosil fue un fiel creyente  en la política y sus beneficiosas consecuencias. Tanto es así que acabo siendo alcalde de su villa natal. Otro nuevo golpe a la normalización de la discapacidad.

Derribo los muros desde Muros de las conciencias más intolerantes e inflexibles. Por el camino dejo a voces que buscaba su desaliento y desmoralización. Pero, como buen estratega, dosificó todos los esfuerzos a disposición para gobernar como ‘un  alcalde de las capacidades’.

Un refrigerador para las vacunas sociales

El terrible escondite del cartel de cartón arrugado y escrito con una caligrafía irregular, expuesto en plena calle, es una de las tantas consecuencias de un mal trato al Estado del Bienestar. Utilizar este envidiable sistema para medrar individualmente y acumular los máximos recursos económicos y materiales posibles, ¿no se sabe muy bien para qué?, es una epidemia sin terapia de choque conocida hasta el momento.

Hacer un uso perverso de un modelo que garantiza necesidades tan básicas para el desarrollo individual y colectivo como la sanidad, educación o servicios sociales no tiene una justificación posible en el mercado de la excusas… El hermoso criterio de humanizar una sociedad comienza a caminar hacia el abismo. A ese lugar donde no se ve el final del precipicio porque “esta todo muy oscuro”.

Al contrario que el pasado, muy fecundo para sementar los campos de las ideas con los derechos humanos como base de cualquier estilo de convivencia, el presente convive esclavizado a unos indicadores económicos y financieros. Últimamente, se le ha visto soportando una  molesta etiqueta en el cuello con los altos precios  que supone  viajar a los distritos de la justicia social o igualdad de oportunidades .

En cuestión de pocos años “las buenas se han convertido en malas ideas”. Nada tiene sentido porque de inmediato sale con depurada entonación la palabra ‘recorte’. Ese gran compañero de aventuras e inseparable amigo de la ‘crisis’ que también está omnipresente en todos los espacios y acciones: “Convertida en la incisiva canción que a fuerza de escucharla, hasta aburrir, pasa a formar parte de la discoteca particular de uno/a”.

Toda una acepción lingüística que jamás registró una aplicación tan masiva. Tanto es así que en las taquillas ya no se despachan más bonos para conjugar el verbo. Entre políticos, economistas y oportunistas el stock ha quedado desabastecido con tanta demanda. “Es uno de los atajos más rápidos para no tener que armar un argumento documentado y creíble ante la sociedad. Un mundo de mediocres facilidades”.

Detrás de esta palabra encontramos agazapados, muy acomodados, a los responsables de una crisis que adolece de ‘muchas cosas’, de los consabidos valores tales como: Solidaridad, justicia o igualdad. Conceptos básicos cuestionados desde hace varios años por su escasa rentabilidad monetaria; una práctica de moda que crece en la misma proporción que lo hace la deficiencia de recursos en países desarrollados y en vías de desarrollo.

La manifestación de la pobreza ya nos tiene acostumbrados a presentar múltiples máscaras. Pero, sus secuelas no. Los daños directos son análogos, con independencia del contexto, al modelo social o cultural. Puede ser más o menos lesiva en función del lugar donde se produzca. Si bien, queda claro que “ser pobre ‘tritura’ cualquier derecho como ser humano con pretensiones de desarrollar una vida en unas condiciones de dignidad, igualdad y justicia social”.

Estrellarse con un muro compuesto por 1.000 millones de personas (Informe Mundial sobre Desastres 2011- Hambre y malnutrición) que sufren inanición, desnutrición infantil o la ausencia integral de recursos básicos y sanitarios hace el mismo daño que estamparse contra la estéril denuncia de los continuos recortes y especulación que lo provocan…

Y la profundidad del dolor aumenta al conocer que algunas de las fórmulas paliativas se centran en someter a una estricta dieta a aquellas áreas de la administración central y autonómica que puedan generar una ‘debilidad política’ hasta el punto de caer en algo tan impropio como la práctica de la solidaridad.

Es el caso de la Secretaria de Estado de Cooperación que ha sido alcanzada por un especie de medida de castidad económica. No pueden existir deslices para mejorar la condiciones de vida de otras personas que residen en el interior de unas fronteras atenazadas por un deficiente capacidad de desarrollo básico… Son postulados bajo sospecha.

Esta supresión en las políticas centrales situa peligrosamente las coordenadas precisas en la brujula para que comunidades autonómas, diputaciónes y ayuntamientos firmen el divorcio con el cumplimiento del artículo 2 (Ley 23/1998, de 7 de julio, de Cooperación Internacional para el Desarrollo) en el que se contempla un compromiso de desarrollo humano a nivel global y la promoción de una distribución equitativa de la riqueza.

Con el 0,7% disfrazado de pantomima política, todo parece indicar que el incumplimiento legal va a ser inevitable a la hora de responder con Ayuda Oficial para el Desarrollo (AOD) ante el reto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) programados para el año 2015.

Por el momento, la Secretaría de Estado de Cooperación ya ha sido rebajada de rango en la composición del nuevo gobierno español. Al parecer, luchar contra la pobreza tiene estas consecuencias: “A uno, le reiteran las condecoraciones por incomodo e inadaptado a los tiempos”.

Ahora, la Tasa Tobín (ITF) es otra de las tesis cuestionadas en su eficiencia. Algunos mandatarios europeos, contrarios a esta medida, argumentan que “la pobreza no es una cuestión de distribución y si de producción”. De ahí, la desaprobación de esta serie de ‘seudo arancel’ para impulsar el desarrollo social en países y contextos abandonados por las oportunidades.

Poco a poco, los escultores de la insolidaridad, con una moldeada sonrisa en las ruedas de prensa, no solo anuncian una dieta para el Estado del Bienestar Social (EB) sino que las otras bases teóricas de lucha contra la desigualdad y pobreza son inhabilitadas antes de probar su eficiencia real. Es algo similar a contar con una relación de vacunas y esconderlas en el refrigerador del laboratorio social más recondito del mundo…

La pobreza ya es portada…

Son numerosos los semblantes de la pobreza actual que se presentan en lugares donde hace menos de un lustro los coches de alta gama no extrañaban a nadie. De nuevos ricos a nuevos pobres. Esa ha sido la mala jugada de un sistema estrangulado por una mentira reconvertida a una tosca verdad: “La pobreza se vestía de riqueza en el Estado del Bienestar”. Una estrategia perfecta, propia de los militares más experimentados en distraer al enemigo.

La crisis actual no es más que una expresión del desastre social y humano protagonizado por unas ambiciones envenenadas de materialismo. No hay vuelta atrás. Se coló en nuestra vidas el conocido ‘Sueño Americano’ con la notable variante de una cultura que no sabe esperar;  “que se impacienta por llegar a ver el amanecer cuando la luna todavía está situada en el oscuro horizonte”.

El trueque no funcionó. Y, ahora, el pago de las consecuencias se torna muy duro. Cola para solicitar un empleo. Cola para tramitar la prestación del desempleo. Cola para implorar un aplazamiento de la condena en forma de hipoteca bancaria. Cola para comer y beber esta misma noche. En definitva, cola para vivir un día más…

La evolución ha sido imparable. De menos a más. De pilotar un gran vehículo a conducir a la familia a las puertas de un centro de distribución de recursos básicos. ¿Comer o morir? Un cambio extremo, tanto, que las actuales condiciones se han convertido en un amargo trago (difícil de digerir) ante la promesa del “amor eterno con una cómoda y desahogada existencia”. No ha sido así.

En la puerta de atrás del voraz sistema capitalista, se hallan millares de personas golpeadas sin piedad por la pobreza relativa, en algunos casos, y pobreza absoluta, en otros. Hubo quien frivolizó con su exterminio. Pero, respondiendo a patrones habituales de los denominados virus inteligentes: “una nueva mutación acabo derivando en una incontrolada epidemia con nuevas caras”.

Los médicos sociales (trabajadores sociales) conocen esta nueva manifestación que se nos revela como pobreza urbana. La calificaron con esa denominación en base a experiencias de otras realidades afectadas por el empobrecimiento de recursos. Curiosamente, uno de estos diagnósticos se centro en las condiciones de vida de Brasil. Hoy, en día, un denominado país emergente.

Ahora, la extrema falta de recursos básicos ha cruzado el charco. De una orilla a otra del Atlántico sin tener previsión de ello. Quizás, hemos dejado de ser una referencia en el universo de las oportunidades sin saber asumir el declive de nuestro modelo social. Los pobres siguen siendo pobres, o más pobres que antes de la fugaz convivencia con una ficticia riqueza.

Un estudio reciente sobre las condiciones de vida, publicado por el sindicato UGT, confirma que 580.000 gallegos han rebasado el umbral de la pobreza en los últimos años.

Mientras, muy próximas al portal de casa, las ONG’s trabajan sin tregua para abastecer a las familias, derribadas por un frágil sistema económico, de alimentos y enseres más básicos. Otras organizaciones recurren a la sutileza para hacer creer a los niños que sus padres comen fuera de casa el fin de semana y, en realidad, lo hacen en un comedor social. Un brillante reportaje de Eduardo Roland, elaborado en la ciudad olívica, así lo demuestra.

Entretanto, lo más hiriente es comprobar como la crudeza más descarnada de la pobreza ya es portada no solo de los medios de comunicación sino de nuestra propia vida. Cada mañana tropezamos con esta realidad y lo peor del asunto, al margen del sufrimiento de quien padece las consecuencias de carecer de todo o no tener nada, es que no hemos hecho nada por remediarlo. Todo lo contrario.

Pero, la actual lectura del paronama social no habilita espacios para las dudas: “La pobreza ha llegado a las páginas centrales de los periódicos, y el resto de medios por necesidad, y no por solidaridad”. Un ‘destacado logro’ que viene precedido de años dandole la espalda a un problema que afectaba sin compasión a otros seres humanos…

Más de seis décadas, obligados a ser humanos…

El derecho a vivir rodeado de la máxima humanidad debe mudar hacia la senda de la obligación. Sin distinciones culturales, sociales o políticas, el ser humano está llamado a aprovechar su existencia ejerciendo como tal. Al final, tener que aprobar una Declaración solo delata que el derecho ha ganado la partida a la obligación en el tablero de ajedrez como sinónimo de un fracaso colectivo en el transcurso de la historia.

Desde que asomamos la cabeza, nuestra integración a cualquier opción de sociedad queda sobrentendido que debe hacerse bajo los más esenciales y elementales criterios de desarrollo. Crecer y conocer la felicidad infantil forma parte de una evolución natural que solo el ser humano es capaz de truncar sin complejos: “Cualquier siniestro argumento inventaremos para ello”. Similar situación que también alcanza a millones de mujeres, mayores o personas desfavorecidas por múltiples causas en el mundo…

Hace más de medio siglo, el 10 de diciembre de 1948 llegaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tuvieron que transcurrir un millar de años para llegar a impulsar una obligación vestida de derecho.  Hoy en día, el Alto Comisionado de Naciones Unidas intenta velar por el respeto e igualdad entre los seres más racionales, conocidos hasta el momento, que habitan el planeta.

Haciendo un barrido geográfico resulta inabarcable denunciar, en un puñado de palabras que componen este post alojado en un rincón de la blogosfera, todas las acciones y contextos donde se ha pisado y traspasado la línea roja. Queda claro que la vulneración de alguno de los 30 artículos es continua y consentida, en numerosas ocasiones, por la comunidad internacional.

Los conflictos bélicos son la parte más visible del horror y drama del incumplimiento de la obligación a comportarse como “un ser excepcional”, tal y como exclamaba uno de los participantes del proyecto de comunicación para el desarrollo en el canal de radio ‘La Colifata’.

Pero, según Amnistía Internacional, las mujeres son la parte invisible de dicho incumplimiento. Una vez más, la obligación a respetar su dignidad ha tenido que ser recogida como un derecho.  “La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos”, reza uno de los párrafos de la entrada publicada en el blog de la organización.

En este mismo espacio de Referencias, hemos denunciado casos tan insólitos como el de Gulnaz, la mujer afgana obligada a contraer matrimonio con su agresor sexual. En su realidad cultural, el hecho de ser violada no es más que una falta muy grave por mantener relaciones fuera del matrimonio. Otro de los ejemplos que alientan a la necesidad de transformar los derechos en obligaciones.

Asimismo, existen países y sistemas políticos muy acostumbrados a pisar con crueldad el deseo de disfrutar de un cierto bienestar de otros modelos de convivencia por “una supuesta amenaza para el orden mundial”. En esta misma línea, culturas que intentar invadir a otras culturas consideradas inferiores por un menor ritmo en el desarrollo económico y político; un aspecto que deriva en irreparables daños sociales.

Y añadimos a este capítulo de reflexiones una nueva modalidad, si cabe, de mayor nivel de invisibilidad: Las crisis humanitarias intencionadas. Aquellas que son provocadas por la especulación de los precios de los alimentos desde un despacho en Londres, caso del Cuerno de África, como otro de los modos de anular al ser humano ante la absoluta imposibilidad de acceder y abastecer las necesidades más básicas.

Al mismo tiempo, el área queda controlada, a través de la estratégica fórmula del caos y desestabilización, con el fomento de un pasillo de distribución de armas a los denominados ‘Señores de la Guerra’. A su alrededor, hambruna y miseria. Una inacción contra la pobreza que también está catalogada como otro de los métodos de mancillar el honor de los DD.HH.

Un exclusivo espejo del expolio de recursos y oportunidades que inciden en una acentuada rebaja de las condiciones humanas de vida.

Y no cabe duda que, al traspasar la efeméride de más de seis décadas, podemos extraer un axioma: ‘A  golpe de obligaciones sí somos capaces de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos del prójimo’.

Píe de foto – Cultivos acordonados en Darfur

UN Photo/Albert Gonzalez Farran

Kaltoum Adam Imam, acompañada por uno de sus cinco hijos, recoge millo en una tierra alquilada por un dirigente de comunidad en Saluma Área, cerca de El Fasher (Al norte Darfur).  Trabaja con su hermana Sadias (en el fondo de la imágen). Ambas mujeres nacieron en el pueblo de Tarne y se vieron obligadas a emigrar a Saluma debido a razones de seguridad.

En la actualidad, dos veces por semana, la Unión africana-ONU Operación Híbrida en Darfur (UNAMID) organiza patrullas para escoltar mujeres, como Kaltoum, con el objetivo de garantizar su actividad de cultivo y la recogida de leña en las áreas rurales.

Los cultivos con fuertes cordones de vigilancia militar es otra de las amenazas que rebaja los ritmos de desarrollo de las mujeres en la región.

El virus del estigma: ‘to be continued’…

Difícil de olvidar la primera conversación con un gran especialista gallego en medicina interna sobre la incidencia del VIH/Sida. Corrían los años noventa cuando la esperanza de vida, a este lado de la realidad, era más bien poca o nula. En el recuerdo más lujoso de detalles encontramos aquella sincera declaración, poco después de iniciarse la revolución farmacológica con la aparición de la TARGA (Terapia Antirretroviral de Gran Actividad).

La grabadora de la era analógica (Cinta de casete) registró una paráfrasis que siempre ha estado presente en el frio arcón de los recuerdos; ese espacio donde nos empeñamos en conservar la vigencia de nuestra vida. “Estamos dejando atrás una etapa muy dura, aunque reconozco que perdemos un punto de romanticismo”, dijo aquel brillante facultativo, con el que el contacto sigue siendo fluido, en medio de una larga entrevista en su concurrida consulta.

En el pasado más reciente habían quedado los estériles esfuerzos de tratar a cientos de pacientes con AZT (Único abordaje terapéutico disponible) que tan solo arañaban meses de vida ante una inexorable caída libre de su sistema inmunitario.

En aquel encuentro entendimos la importancia de dos parámetros médicos asociados para familiarizarnos con la enfermedad desde el vértice científico: Los niveles de CD4 y la carga viral. Es decir, la fortaleza del sistema inmune y el número de copias del virus en sangre. Ambos resultan fundamentales para analizar y desmenuzar cualquier noticia relacionada con el campo sanitario.

Desde entonces, dedujimos que conocer o convivir con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) no era lo mismo, ni siquiera parecido. Cabe recordar que tampoco coinciden las velocidades de la ciencia y la medicina en relación a los avances sociales. “Algo parecido a la actual Europa económica”.

En efecto, es posible conocer de forma vasta la historia y evolución de una pandemia, con un punto de partida común localizado en la década de los años 80, y desconocer profundamente cuál es el día de a día de los afectados en diversos puntos del planeta. Los niveles de discriminación difieren en función del contexto social, condición sexual  o género…

Nadie cuestiona que la información es un elemento de extrema relevancia para prevenir con precisión futuros contagios, y frenar así la propagación del virus. En este sentido, según el último informe de UNAIDS (ONUSIDA), el pasado año 2010, se registraron 2,7 millones (2,4 millones–2,9 millones) de nuevas infecciones por el VIH, que incluye una cifra estimada de 390.000 (340.000–450.000) niños. Esto representa un 15% menos que en 2001, y un 21% por debajo del número de nuevas infecciones en el nivel máximo de la epidemia en 1997.

Pero, el mayor de los atrasos sigue presente en el plano social: Aún, persiste un atronador silencio, a modo de tabú, impuesto por una sociedad de prejuicios ante esta enfermedad.

Al parecer,  las sensibilidades y atenciones al portador “son solo cosa de familia”. Poco más allá se puede viajar con esta circunstancia en maleta vital. Y menos mostrarla con normalidad en el primer control aeroportuario. Más bien, incurrir en esa clase de actitudes, sigue estando considerado como una absoluta temeridad. Toda una condena insalvable en el terreno de la sociabilidad.

Padres que han retirado a sus pequeños del centro educativo al tener conocimiento de la existencia de un caso entre los niños/as que cursan el ciclo de Preescolar o Primaria. Empresarios que despiden de forma improcedente a empleados por aportar a sus defensas entre tres y cuatro pastillas al día. Relaciones sentimentales que se rompen fruto de la ignorancia por miedo a caer en las garras de “no sé qué” o culturas donde portar el virus es sinónimo de ‘una maldición espiritual enviada por los dioses’.

Todavía, cohabitan cínicos comportamientoss que oscilan entre el dislate y la incoherencia en una fingida sociedad inclusiva. Compleja fórmula que deriva en una atroz intolerancia y la práctica de una supervivencia de papel bajo la alargada sombra del estigma.

La desesperada lucha supera ya los treinta años. Y mientras un desconocido e inteligente agente microscópico mantiene una incesante escalada a los primeros puestos de las amenazas mundiales, el Virus de la Incomprensión Humana ‘to be continued’…

El compromiso de las ‘Cinco W’ en la lucha contra la pobreza

La manifestación de la pobreza no es algo uniforme o lineal que permita activar un protocolo de diagnóstico convencional. Esta es sería una visión muy excasa de perspectiva real. Ser pobre no significa, necesariamente, carecer de bienes materiales que faciliten las condiciones de vida.

Afortunadamente, la profesionalización y tecnificación de las Acciones Sociales, Ayuda Humanitaria o Cooperación al Desarrollo han acabado desautorizando la clásica fotografía del imaginario popular sobre un único tipo de pobreza. Los denominados actores sociales han resutado clave para iniciar el trabado camino de la sensibilización y advertir de la necesidad de un compromiso permanente y no aislado.

Ejemplo de ello es que, estos días, se celebra una Semana Galega Contra la Pobreza para denunciar los continuos recortes que las administraciones públicas osan a aplicar, con descarada impunidad moral, en sus presupuestos anuales. Un objetivo como el 0,7% del PIB ha pasado del color al blanco y negro, en cuestión de meses. La desdicha ajena ha sido borrada de la agenda política sin pudor alguno.

Satisface saber que, hoy en día, cuando se conversa sobre algo tan inhumano como la pobreza se hace desde un plano global y multidisciplinar. Es decir, la gente es capaz de discernir, a través de mecanismos muy personales, la existencia de diferentes clases de pobreza.

Evidentemente, la empatía es, inicialmente, mayor cuando la necesidad presentada forma parte del conjunto de las básicas: Comer, beber y vivir. Pero, los interiorizados pilares del bienestar (Educación, Sanidad y Servicios Sociales) no se han convertido en ese avaricioso tesoro  que “nunca compartiríamos”. Todo lo contrario, la idea principal de establecer un lazo solidario con una comunidad o sociedad, en innegables apuros, pasa por importar un modelo eficiente que imprima una mejora en la calidad de vida de las personas.

Esta teoría queda refrendada tras el minucioso informe elaborado y publicado por expertos de la Universidad de Vigo sobre el “Conocimiento y actitudes de los ciudadanos gallegos ante la política de cooperación y ayuda para el desarrollo”.

Los datos no engañan y deberían hacer reconsiderar a la clase política su cerrazón por huir de las líneas, programas o proyectos de solidaridad internacional.

Al parecer, la sociedad declara estar más preocupada por las consencuencias que la pobreza genera en otros semejantes que por la propia crisis económica. A este dato, también se añade un mismo o parecido sentimiento por los irreparables daños que los conflictos bélicos llevan aparejados a nivel humanitario y social.

Asismismo, la generosidad manifestada nos lleva a un campo incomodo para las actuales posiciones  políticas en la lucha contra la pobreza. Una gran mayoría considera que la reorientación de las partidas presupuestarias no debería tener afección en los capítulos destinados a esta cuestión. A partir de ahora, ¿qué lectura política tendremos que digerir?, ¿seremos espectadores de la máxima indiferencia ante una informe académico avalado?

Los entrevistados en el estudio confiesan tener una alta confíanza en la labor de los actores sociales y las ONG´s, aunque la ignorancia del mapa de organizaciones sociales es muy alto. “Pocos serían capaces de mencionar una referencia”.

En este sentido, una importante mayoría califica de ineficaces las políticas y estrategias de sensibilización promovidas desde las administraciones y el propio sector con recursos muy modestos.

Es uno de los aspectos cuestionados, a tenor de los esfuerzos invertidos en despertar una cierta sensibilidad social. Al parecer, la demanda por una comunicación periodística de calidad se hace cada más urgente con la finalidad de optimizar y mejorar el grado de conocimiento de: ¿qué?, ¿quien?, ¿cómo?, ¿cuando?, ¿por qué? y ¿donde somos solidarios?

Por tanto, un nuevo trabajo sociológico situa como una prioridad que las conocidas ‘Cinco W’, puestas en práctica por profesionales especializados, se conviertan en un reconocido y comprometido elemento de lucha contra la pobreza social e informativa.

Actor Social – “Tenemos módulos autogestionados por internos”

Tomas Acuña.- Las cosas han mejorado y evolucionado con infraestructuras mejoradas, mas nuevas. Los servicios se prestan a todos los internos. Hay más actividades, tanto a nivel formativo, productivo y/o de tipo ocupacional: “Más recursos igual a mejor formación”.

No obstante, esto debe seguir mejorando porque siguen existiendo carencias en el área de la formación de los trabajadores penitenciarios, en asignaturas tan importantes como la seguridad y el tratamiento, homogeneidad de protocolos de actuación y aplicaciones informáticas en todas las áreas de trabajo, por mencionar algunas necesidades.

Esta apreciación contrasta con un dato objetivo: el casi nulo número de “chinazos” (cortes para autolesión). Hace años que no se ve a un interno meterse un misil o tomar lejía como medida de presión. El numero de agresiones entre internos ha disminuido en términos generales, esa subcultura carcelaria está en claro retroceso y “tenemos módulos autogestionados por internos”.

Los llamados módulos de convivencia y respeto logran generar un clima de mínima tensión que se respira dentro de muchos C.P. Son especialmente llamativos los resultados donde se desarrollan programas de tratamiento o hay actividades para la población reclusa. En el marco formativo, en prisión, el crecimiento de personas que acuden a la escuela es espectacular.

Desde hace años, la demanda es mayor que la oferta en el catálogo de programas para ampliar el conocimiento; el numero de cursos de formación se mantiene igual, mientras que el numero de actividades, tanto dentro como fuera del centro, ha crecido de forma exponecial en los itinerarios de la reinsercción social.

Es evidente que el escenario descrito contribuye a una rebaja de la conflictividad, y por ende de la agresividad en muchos centros. En las horas nocturnas, es raro que se produzca algún incidente, salvo alguna urgencia por algún problema medico o desgraciadamente por sobredosis de sustancias psicotrópicas: “una de las grandes lacras de nuestra sociedad de la que no escapan los centros penitenciarios“.

Las drogas siguen siendo uno de los mayores problemas estructurales de las sociedades modernas. Nadie es capaz de negar científicamente que no tengan una clara relación con el nivel de delincuencia y número de personas en prisión, tanto directa como indirectamente.

Y esto no es más que un claro reflejo de lo que acontece en el exterior. En realidad, a nivel social, hay pocas diferencias, y pueden medirse en tan solo unos metros cuadrados, custodiados por muros y medidas de seguridad. Aún así, la coíncidiencia de las problemáticas como el consumo y tráfico de drogas no cesa, ni cesará antes dentro que fuera.

Más bien, erroneo es pensar que el principio activo más efectivo contra esta enfermedad social está presente en los programas de reinsercción de las prisiones. En todo caso, en el interior, solo aplican aquellas medidas paliativas cuando la evolución del problema se convierte en una amenaza reconocida, mientras las políticas preventivas demuestran altas tasas de insuficiencia, pese a los enormes esfuerzos deplegados hasta la fecha.

(Cuarto relato de Tomas Acuña de una serie dedicada a las experiencias del pasado y presente de las prisiones en el sistema español. La mayoría de los hechos tuvieron lugar en la cárcel de A Parda y el Centro Penitenciario de A Lama en la provincia de Pontevedra) .

Actor Social – Educar en valores: ¿Realidad o ilusión?

Norelys Rivas.- Al hablar de valores debemos tener claro que no son ficciones o producto de la imaginación de alguno que quiso “complicar la cosa”, pertenecen a nuestra realidad y al día a día. Al respecto Ortega y Minguez Vallejos (2001, 27) sostienen “cuando se aborda la educación de los valores es importante, mas aun imprescindible, rescatar la realidad del valor, sacándola del mundo de la vaguedad y de la fantasía. Solo así podrá ser presentado como algo valioso, noble que merezca la pena esforzarse.”

Esto hace pensar y lleva a reflexionar sobre el enfoque y la connotación que se le da a la enseñanza de los valores, tomando en consideración que los niños, niñas y adolescentes que asisten a las escuelas ya vienen cargados con unos valores que le han sido inculcados en el hogar y que serán afianzados en la escuela.

Es necesario mirar hacia adentro, y descubrir esos valores en uno mismo, y además tomar conciencia de ellos, para preguntarnos hasta que punto estos guían la vida propia, descubriendo también que hay en cada uno, que es lo que más se valora, que necesitamos en nuestras vidas y comenzar a pensar en la relación con los demás.

La educación en valores exige y necesita la integración y cooperación de la familia, la formación del docente y algunas condiciones ambientales para que la tarea no sea en vano.

Es triste observar la violencia con que los niños y niñas en las aulas se maltratan y gritan, incluso existen los que no tienen otra forma de resolver los conflictos con sus pares sino es a través de la violencia, y digo que es triste porque eso solo demuestra que en la casa es así como se está actuando, y así algunas otras actitudes de los niños y niñas que nos demuestran la formación que están adquiriendo en su entorno y no es nada alentador el panorama que se vislumbra para la formación en valores.

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Educar en valres: ¿Realidad o ilusión?

(Norelys Rivas es licenciada en Educación y trabajadora en el ámbito social en  la prevención del maltrato y la violencia contra la niñez y adolescencia, por los derechos y los valores fundamentales de la familia en Puerto Ordaz, Ciudad Guayana/ Venezuela)