INTRO (Programa Contraparte 17 de Abril) – Una realidad en la que España impide ejercer el derecho a voto a unas 80.000 personas con discapacidad. La inacción a nivel político, tanto en el parlamento como las sedes de los partidos, ha dejado las cosas tal y como estaban. Obviando una necesaria reforma legal para abrir el derecho a voto a aquellas personas que conviven con algún trastorno intelectual. Los legisladores marginan, en la sombra, mientras tratan de ensalzar (de palabra) el concepto de sufragio universal. Aunque queda preguntar: ¿cuáles son las dimensiones de ese universo para algunos que dirigen las formaciones políticas?
Escuelas contra la destrucción
Cepillos saludables
Un simple cepillo de dientes puede suponer un notable avance en materia de salud para la infancia de una determinada zona. Esos pequeños elementos se convierten en relevantes formas de garantizar el buen estado de los niños y niñas en un lugar donde la pobreza aprieta con fuerza. No es necesario buscar una ubicación concreta para describir esta realidad por que, entre otras cosas, existen incontables contextos en los que una limpieza bucal al día evita un deterioro en bienestar de los más pequeños.
Y las medidas más efectivas consiste en convertir este hábito en algo parecido a un juego muy divertido. Una de las fórmulas que no se escapan a las iniciativas de las organizaciones en terreno. Combatir a las situaciones desfovorecidas con uñas y dientes tiene esta clase de cosas que ONG’s como Save The Children, UNICEF o MSF incluyen en sus programas de acción en prevención de enfermedades. El acceso a un poco de pasta y un cepillo se convierte en todo lujo que, en resumen, salva numerosas vidas tras los evidentes esfuerzos en materia de sensibilización familiar y social. Aquello que nos pasa desapercibido se traduce en una herramienta sanitaria de incalculables proporciones.
La salud y la infancia va ligados a una irrenunciable estrategia que obtiene unos eficientes resultados contra la mortalidad de los niños. Los seres más vulnerables e inocentes son capaces de agarrarse a la vida gracias a la fuerza que otorga una buena campaña preventiva a base de cepillados diarios.
Y poner en practica un programa preventivo de salud, entre las nuevas generaciones, resulta fundamental para garantizar un mínimo desarrollo de los que hoy son los hijos del futuro.
Ingenio infantil
Varios niños palestinos juegan dentro de una habitación muy dañada en un edificio parcialmente destruido en al-Tufah, al este de la ciudad de Gaza. Los juegos se han tenido que adaptar a los nuevos tiempos después de la devastadora guerra de 50 días entre Israel y los militantes de Hamas. El gobierno palestino ya ha dado a conocer un plan de reconstrucción: Esta nueva acción social tendrá un coste de 4.ooo millones de dolares para reconstruir el territorio devastado por la guerra. El principal objetivo es construir viviendas para unas 100.000 personas que se quedaron sin hogar.
¿Qué puede cambiar el mundo?
Las decisiones importantes parece que son un campo solo abonado para mentes adultas que expropian parcelas de futuro de las nuevas generaciones. En muy pocas ocasiones se ha agacha la oreja para escuchar las inquietudes de niños y adolescentes sobre el mundo que desean recibir y gestionar.
Son muy pocas las veces que un mandatario es permeable a las peticiones más basicas de un menor. La legislación internacional de los Derechos de la Infancia está elaborada por los mayores que dirigen los destinos del planeta en organismos y asambleas como las que se celebran en la ONU. Es cierto que resulta necesaria la aportación y participación de los adultos para una serie de cometidos políticos y administrativos. Ahora bien, esto no puede ser sinónimo de usurpación de espacios, por norma. Una realidad que acontece con mayor frecuencia de la deseada.
Es decir, mayores decidiendo por los pequeños que sienten como son tenidos en cuenta solo para justificar determinadas acciones. Ocurre lo mismo con las leyes de género: en la mayor parte, son hombres quienes redactan y debaten dichas leyes en un parlamento. Toda una contradicción. Y los hechos son muy tozudos: ¿cuántos niños padecen pobreza?, ¿por qué los recursos educativos no llegan a todos?, ¿quienes son los principales perjudicados en los conflictos bélicos? Algunos ejemplos que obtienen siempre una respuesta indeseable.
Se habla y predica de un futuro para las generaciones venideras que nunca llegará. Se insiste en construir desde un base no cimentada por educación, salud y protección social. Mas bien, todo lo contrario. La reacción suele ser tardía cuando el problema ya es irreversible. Y, en la mayoria de los casos, un lápiz, tal y como divulga Malala, actual premio Nobel de la Paz 2014: «un pupitre y un libro hubiesen sido elementos suficientes para provocar cambios sociales en diferentes culturas y contextos del mundo».
Secuestrados por la pobreza
El nivel de consumo no determina el grado de felicidad para ningún ser humano. Es muy cierto que los recursos proporcionan o respaldan el bienestar social. Sin embargo, la continua inducción al gasto en artículos materiales genera una elevada sensación de exigencia para alcanzar una supuesta vida completa.
Mientras tanto, al otro lado del mundo, los servicios básicos y las oportunidades adolecen para millones de personas que sueñan con acabar el dia habiendo ingerido dos platos de comida y algo de agua para mitigar las debilidades del organismo. Esas cuestiones fundamentales, sea cual sea su edad de la persona, precisa para mantener las constantes vitales activas.
Los desiliquibrios son constantes, casi imparables. El descontrolado y desproporcionado consumo, en una parte, evita la involución, en otra. Una ecuación inalterable que no modifica el rumbo a pesar de los incisivos intentos de organizaciones e instituciones sociales. La llamada al consumo responsable se transforma en una omisión al deber más fundamental: solidaridad con las necesidades ajenas.
Un tercio del planeta vive y desperdicia a costa de las otras dos partes restantes. No es un dato nuevo y sí reiterado hasta la saciedad. Una cifra que sólo conmueve lo justo para registrar pequeños cambios que resultan insuficientes para un objetivo tan justo como ambicioso: equilibrar las posibilidades de vida de millones de seres humanos secuestrados por la pobreza.
