El bucle de Sarah

Escondida ante la vida se encontraba aquella mujer que una tarde de agosto decidió romper su silencio. Gritar su verdadera historia al mundo, a los cuatro puntos cardinales. Y denunciar aquello que oprime de forma asfixiante por dentro y por fuera.  Estaba harta de buscar escondites para evadirse de su propia realidad. Agazapada en una madriguera, rezaba por que algún día los zarpazos recibidos no volviesen a convertirse en una amenaza insalvable.

La historia social de Sarah, una mujer en Marruecos

Foto: Miguel Núñez

Se camuflaba al contra luz de la ventana para que su identidad no fuese reconocida ante la cámara a la que, con una mayúscula valentía, se enfrenta por necesidad o desesperación. Recibe a sus indiscretos invitados en una pequeña habitación de menos de 20 metros cuadrados. La expedición de reporteros, procedente de España, acababa de aterrizar ese mismo mediodía en el Magreb. A ese otro lado del Estrecho donde millares de personas esperan pacientes aprovechar una minúscula oportunidad para prosperar, distanciados de la pobreza y las continuas desigualdades humanas y sociales.

El reloj sobrepasa las tres de la tarde y el calor se hace insoportable. Sarah estaba recibiendo el amparo de la Asociación Cien por Cien Mamams en el norte de Marruecos, en uno de los barrios populares de la ciudad de Tánger.

Al cerrar la puerta, regresa a su pasado con la intención de saldar las cuentas pendientes. Llora, solloza y vomita esas palabras que nunca se atrevió a conjuntar por miedo, por temor a perder lo único y más preciado que posee: la vida. Viste un fino camisón azul celeste. El color es tan suave como su tono de voz. A través de las costuras sólo deja entrever la hermosa y tierna silueta de mujer gestante, a sus 32 años.

Precisa respirar hondo para comenzar con una historia que parece haberse encaprichado en un bucle. Cuenta que, antes de ser madre soltera, Sarah padeció un matrimonio que nunca funcionó. Se encontró con la oposición de su familia, pero a pesar de todo, decidió seguir adelante.

Su calvario vital discurre entre Marruecos y Turquía. A los 15 días de haber parido a su primer hijo, su marido decidió “ponerla en la calle” para ganar dinero. Pronto llegó el segundo hijo, a los pocos meses. Y la misma historia se repitió hasta hacerse insostenible. Tomó la determinación de recurrir a la policía para denunciar su tortuosa situación. Pero, en esta ocasión, la respuesta también se había encaprichado del bucle: y fue devuelta a su marido.

Soportó cinco años en este infierno familiar hasta que la burocracia y la falta de papeles le obligó a volver una nueva temporada a Marruecos. Eso supuso estar muy lejos de unos hijos que se vieron obligados a acostumbrarse a vivir sin una madre. Luchó por volver junto a ellos, pero el bucle infernal tenía más sufrimiento esperando por ella. En este caso, solo cambió el escenario. En Grecia, la historia se repetía para Sarah: la calle, unos papeles no reglamentarios y de vuelta a Marruecos añorando la presencia de sus hijos. Y otra vez el contador se pone a cero.

Desgraciadamente, volvió a confiar en otro hombre, y de nuevo el destino le dio la espalda. Embarazada y sola, deambulo por una sociedad que condena a las mazmorras de la indiferencia a aquellas madres solteras. En este punto, Sarah necesita tomar aire y secarse alguna lagrima que acaricia con cariño su mejilla derecha. Una bocanada más de aire y saca una atractiva sonrisa que, a veces, le abandona sin avisar.

En la asociación, ahora recibe el afecto de otras mujeres acusadas socialmente de todo y de nada. Pese a ello, las cosas parecen haber cambiado un poco. La estabilidad y vital ha regresado aunque no sabe si para quedarse definitivamente. Sueña dormida y despierta con volver a rencontrarse con todos sus pequeños. Y confía en que su tenacidad y coraje no sean ficticios ante el reto de recuperar una vida robada por la sombra de la desdicha.

Reconoce estar esperanzada con romper los sólidos muros del bucle que le han mantenido secuestrada varios años. Apoyada en el marco de ventana, con evidentes signos de cansancio ante la continua sacudida de emociones, Sarah asegura que el paso del tiempo se ha convertido ya en su principal aliado.

En tierra de nadie

La odisea vital de la joven Eva se suma a la cadena de problemas humanos y sociales que azotan con virulencia en el cuerno de África. Al sacrificio de tener que emigrar de Etiopía, esta historia, habilita un cómodo e impune espacio para la Violencia de Machista.

Todo ocurre en Somalilandia, un país independiente que se localiza en el noreste de Somalia. No se encuentra reconocido como tal por ningún otro país del mundo Un aspecto que agrava más la situación para aplicar con garantías la legislación internacional en materia de Derechos Humanos. Esta imposibilidad también trasciende al ámbito de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Así pues, esta muchacha abandonó su tierra, con el objetivo de incrementar las oportunidades de vida, y se acabo topando con un tierra no reconocida donde el agresor sexual no es detenido, ni juzgado por un tribunal ante un delito. Eva se convirtió en una víctima de violación perpetrada por “cuatro desalmados con los instintos más bajos totalmente desbocados”. De este abominable hecho nace un hermoso bebé.

La inseguridad se impone ante espacios esenciales como el social y judicial. En estos momentos, Eva trata de sacar adelante a su pequeño en un inhóspito lugar con el apoyo de Heba, una consejera local, a pesar de tener la sensación, cada mañana, de encontrarse en tierra de nadie…

Masculinidad y equidad de género

Actor Social (Esther Pineda G).- Tradicionalmente, cuando hablamos de género, es frecuente circunscribirlo de manera automática a la situación de exclusión y subordinación a la que han estado sometidas y expuestas las mujeres en una organización social patriarcal como la nuestra, sin embargo, los estudios de género, comprenden también el estudio y preocupación por la situación del hombre y los procesos de construcción social de la masculinidad.

El género puede entenderse como una categoría relacional, que refiere a como se construyen las identidades femeninas y masculinas, los significados sociales y culturales que les son atribuidos a partir de sus diferencias biológicas y como estas se materializan en la acción social sexualizada.

Si bien es cierto, las mujeres han sufrido de manera directa los impactos del patriarcado y el sexismo, así como, su expresión y manifestación en formas  como el machismo, la violencia, entre otros, y de que los hombres gracias a su condición de hombres y su apego a la expectativa social de una masculinidad hegemónica han garantizado su acceso al sistema de privilegios, (poder, riqueza, prestigio y conocimiento), también serán significativamente afectados por la organización social androcéntrica y falonarcisista que les es impuesta.

 En nuestra dinámica social, a los hombres les ha sido concedida la actividad, la seguridad, la promiscuidad, la racionalidad, la fuerza, la delegación, la dominación, la autoridad, la violencia, la agresividad, la verdad, como elementos por naturaleza constitutivos de su condición de hombres, donde además serán considerados como personas justas, éticas y lógicas.

Los hombres se verán sujetos a modos conductuales, actitudinales y prácticas de socialización, impuestas y prefabricadas, es decir, son desprovistos de la posibilidad de construcción de una masculinidad desde la autonomía y la libertad. Se socializa una masculinidad hegemónica, en muchas oportunidades divorciada de la masculinidad real y deseada.

La masculinidad hegemónica será una masculinidad alienada, caracterizada por la violencia, una masculinidad mezquina, la cual en nuestra forma de organización social se ejerce desde el poder y para el poder, para dominar a otro, siempre mujer, pues los géneros ha sido estructurados y concebidos como categorías necesariamente antagónicas e irreconciliables.

No obstante, estas concepciones y conductas serán entendidas como condición biológica, o en el menor de los casos elecciones y construcción voluntaria de la estructura de personalidad, obviando la influencia y moldeamiento que han de ejercer entes socio-culturales sobre esas disposiciones colectivamente introducidas en las individualidades.

Ahora bien, la exigencia de apego a una masculinidad hegemónica, también tendrá consecuencias en la vida de los hombres, entre ellas, situaciones de aislamiento y represión de prácticas, conductas y emociones autónomas, se establecerá como imperativo el ocultamiento de las denominadas “debilidades” masculinas, pues de su espontanea manifestación dependerá la puesta en duda de la masculinidad y en consecuencia la posibilidad de exclusión, rechazo y estigma.

Pese a ello, la masculinidad no es una condición natural, biológica, inamovible e incuestionable, la toma de conciencia de esta situación ha motivado la incursión de los hombres en asuntos por la equidad de género, se ha hecho cada vez más frecuente la organización en grupos de hombres, contestatarios a la masculinidad hegemónica, pero también en lo que refiere la desarticulación del sistema que los condiciona.

En la actualidad se presenta como impostergable la ruptura con los criterios que se definieron como propios de la masculinidad, y por tanto la necesidad de desbiologizar, desmitificar, desgenitalizar las relaciones sociales, pues la modificación de la situación de exclusión y subordinación a la que aún están expuestas las mujeres en nuestras sociedades no puede darse de manera aislada, sin deconstruir esa masculinidad opresora, que excluye y subordina.

(Esther Pineda G. es socióloga, investigadora y escritora en las áreas de género, afrodescendencia y etnicidad. Autora del libro “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. E mail: estherpinedag@gmail.com  Twitter – @estherpinedag)

Los supuestos hijos del futuro

La decisión de adoptar un camino u otro ya no forma parte de esta concepción democrática cuando se trata del binomio compuesto por mujer y aborto… El ministro de justicia, Alberto Ruíz Gallardon, se ha propuesto regresar al pasado más reaccionario a golpe de enmienda y decreto pasando con el rodillo por encima de un criterio de amplio seguimiento enfrentado a dar pasos atrás en los diferentes avances.

Ha sido una maniobra esperada por los sectores sociales y feministas. Aunque nada hacia presagiar que el supuesto de la malformación saciase la sed conservadora de la obra de mayor insolidaridad que puede uno/a hallar en una organización política: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Parece que los fantasmas de un pasado aciago, en lo social, resurgen fomentados por una visión alejada de realidades identificadas con integración o tolerancia.

Llegaron los tiempos de mojar en la esterilidad a la Ley de Dependencia o ahogar, hasta certificar su defunción, la legislación que regulaba los derechos y obligaciones de una mujer a coger un ramal u otro de la autopista de la vida: “una decisión libre, privada e intransferible“.

Corrientes oscuras e internas (A las que todo/as somos capaces de poner un nombre de cuatro letras) abocan a un gobierno, sin apenas un año de estancia en el poder, a fracturar un consenso mayoritario en la capacidad a elegir Si o No en el caso de la gestación de un niño/a con malformación en el feto… ¿Por qué tal decisión sufre un blindaje inalterable?, ¿No es la misma opción que formar un núcleo familiar con ocho hijos?, ¿Acaso no estamos ante un escenario similar a la elección de un modelo de vida?…

Estas condiciones quién las prescribe y por qué. Prohibir cómo queremos compartir la existencia son un intento real de borrar del catalogo las posibilidades de mayor alejamiento a los convencionalismos clásicos. Los señores y señoras de la Obra deben saber que esta sociedad ha mutado hacia un inexorable camino donde la mujer elige ser madre soltera o no; denuncia y se divorcia del hombre que la maltrata o construye un proyecto de vida con otra mujer sin limitaciones para buscar una felicidad tras siglos y siglos de absurdos sacrificios

Y, un último aspecto que no conviene olvidar: en el supuesto de decantarse por asumir el reto de superar las barreras inherentes a una discapacidad de diversa tipología (Física, Psíquica, Sensorial o Cognitiva) estamos obligados a dar respuestas sanitarias y sociales con herramientas legales eficientes (Dependencia o Liondau) que habiliten redes solventes en un Estado del Bienestar concebido para los supuestos hijos del futuro

Primera ‘legislatura’ para Agareso

Han pasado cuatro años y la sensación de escasa contribución al desarrollo es crónica.  Todas las inversiones en recursos humanos, materiales y técnicos son insuficientes ante una insaciable demanda de necesidades sociales y humanas. Aquel siete de mayo de 2008, una larga lista de nombres, fieles al compromiso, estampó la firma sobre un documento fundacional para dar vida a la ONGD Agareso Reporteros Galegos Solidarios – en el despacho de abogados del generoso Jorge Paladino, ubicado en la ciudad de Pontevedra.

Desde entonces, los esfuerzos no fueron pocos para mantenerse en una línea de continuo crecimiento sin sufrir serios desvanecimientos. Hubo que nadar contracorriente en un periodo de incipiente crisis, agravada con el paso de los años. Se puede decir que el nacimiento del colectivo acompasó los primeros signos de un frenazo económico que ha se dejado notar en todos los sentidos…

 El segundo sector con mayor destrucción de empleo, según datos oficiales, se acabó convirtiendo en objetivo prioritario de una iniciativa vinculada al voluntariado y solidaridad con la irrenunciable convicción de cumplir con los principios más elementales del periodismo, y mejorar así una deteriorada imagen de la profesión, tan dañada por los intereses políticos y mercantilistas de las empresas de comunicación.

La experiencia desembocó en un proyecto de modestos aunque efectivos resultados. Nunca han faltado las ambiciones de instalarse en la consolidación y convertir a la comunicación en una reconocida herramienta de desarrollo: “Un bonito axioma en estado espera”

Afortunadamente, algunos pasos han convertido sus huellas en importantes precedentes en la forma de entender y practicar un oficio entregado, por completo, a la visibilización y sensibilización de la lucha contra la pobreza, defensa de los Derechos Humanos o Ayuda Oficial al Desarrollo.

Otra cosa, bien diferente, ha sido el nivel de permeabilidad que el concepto de Comunicación para el Desarrollo (CpD) ha obtenido en el seno de las ONG´s y organizaciones e instituciones sociales. ¿Aislados o incomprendidos? o ¿las dos cosas?

En principio, tan solo se logró visualizar un proyecto integrado por comunicadores profesionales como ‘una mera tabla de salvamento’ para los departamentos o áreas de comunicación de las organizaciones. Una percepción todavía asentada en el imaginario colectivo. Una extendida idea  de otorgar el derecho a ocupar el espacio natural, sin extralimitarse, con la única misión de producir reportajes para publicarlos en los principales medios por una supuesta influencia, al entender que trabajar en las redacciones de periódicos, radios o televisiones es una ‘ideal’ condición de privilegio.

Transcurridos varios años, cuatro para ser exactos, demostrar que Agareso es algo más que un cómodo vehículo para llegar a la opinión pública con “las virtudes de mis acciones o mis proyectos” se ha convertido en una auténtica obsesión. Programas integrales de CpD en centros penitenciarios como A Lama, con una emisora de radio en servicio a nivel interno; capacitación de personas con discapacidad en habilidades comunicativas o talleres de radio con enfoque medioambiental en comunidades del Bajo Lempa (El Salvador)  avalan la teoría de la que ONGD de reporteros garantiza una utilidad social.

El determinante esfuerzo de un centenar de voluntarios/socios, colaboradores, corresponsales en países de Latinoamérica y África ha logrado posicionar una vocación solidaria en un territorio propio de legitimidad en el campo de la acción social, cooperación, comunicación y desarrollo…

En el pasado reciente, las oportunidades de intervención y participación en los procesos  de cooperación internacional han abierto las puertas a los representantes de la comunicación en escenarios tan dispares como Galicia, España, Marruecos, Campos de Refugiados Saharuis, Ecuador, Golfo de Fonseca (El Salvaldor, Nicaragua y Honduras), Ucrania, Repubica Dominicana, Guatemala, Perú, México, Palestina/Israel, Cabo Verde o Guinea Bissau, entre otros lugares.

La organización Agareso acaba de cumplir el tiempo estipulado para una legislatura. Y lo ha hecho con demostrada capacidad de resistencia ante las complejidades de sobrevivir de los ideales del compromiso en tiempos de crisis. Pero, esta clase de travesias generan un débito impagable. Por ello, solo queda reconocer una eterna deuda con cada uno de los miembros que componen la red de reporteros y mantener intacta la ilusión del “primer amor” (Cita del maestro Xosé Cuns en su ponencia de la primera convención celebarada en A Lanzada – O Grove 2008).

Tampoco podemos olvidar a las personas que, en su decisión de subir y bajar a lo largo del complicado trayecto, aportaron riqueza personal, talento y una edificante profesionalidad a un proyecto con inquebrantables deseos de sumar un mayor número de legislaturas en su historia.

El paso del tiempo juzgará si la creación de  la ONGD Agareso fue o no una idea interesante; una organización necesaria o prescindible. ¿Beneficiosa o infructuosa a nivel social?…. Si corren buenos tiempos o no para “ser un fiel aliado con la esperanza del futuro”.

Píe de Foto – Epicentro de la revolución

Epicentro de la revolución by Juan de Sola
Epicentro de la revolución, a photo select by Juan de Sola on Flickr.

La primavera en los países del magreb deja estampas inéditas y revolucionarias que repercuten en los progresos sociales en el largo y, en ocasiones, sinuoso recorrido por la igualdad.

Los derechos de la mujer en los modelos de convivencia, ya sea en vías de consolidación o consolidados en el desarrollo, mantienen una factura secular causada por una discriminación de género histórica.

En el presente, el papel de la mujer para motivar cambios es considerado como el epicentro de una revolución pacífica, silenciosa e inteligente.

Y solo es cuestión de tiempo… En modo de espera, las mujeres tienen una verificable experiencia e inagotables reservas de paciencia.

Algunas cosas nunca cambian…

Amina era ciudadana de Larache, localidad norteña de Marruecos. Tenía dos opciones. Enterrarse en vida o acabar con una tortura asegurada por una de las mayores injusticias conocidas para ser humano: la agresión sexual. Por norma, esta serie de casos se ceban con las personas más vulnerables sin apenas opción para poder defender la parcela más íntima.

Dicha invasión se convierte en un terreno erosionado en el que la siembra siempre es inútil. Es tanto el daño generado que el nacimiento de sentimientos positivos queda anulado por los negativos. Recomponer un espíritu lesionado por la perversión más ruín conocida hasta la fecha no cuenta con una cura de sencilla aplicación.

Dicen algunas osadas teorías que optar por quitarse la vida “es un acto de cobardía”. Resulta paradójico que ilustren esta serie de aseveraciones académicas o teológicas aquellos/as que desconocen, en muchas ocasiones, el por qué de una decisión tan drástica y ni siquiera tienen en su haber una mínima experiencia con la que poder argumentar su tesis vital… De momento, nadie ha resucitado para hacer una evaluación al respecto.

Es de suponer que cuando se determina traspasar la línea roja la desesperación ya lo ha inundado todo. No es extraño que una joven recién licenciada en la adolescencia evitase una tormenta crónica de irreparables consecuencias en su vida. Fue valiente de principio a fin. Su caso no es una excepción en una sociedad machista hasta lo más hondo de sus raíces. “El hombre es autónomo en sus actos. Y la mujer es una mercenaria del capricho masculino”. Esas son las tácitas normas que planean sin el mas mínimo respiro para el papel de la mujer.

Paralelamente a los  roles sociales: familia y hogar como un espacio impuesto sin apenas oportunidades para practicar la coparticipación de género, en los últimos años, la fuerza motriz en el campo laboral también ha experimentado una alta feminización. Lo que se traduce en un considerable incremento de las responsabilidades, ya de por si, asumidas silenciosamente por la mujer marroquí.

Amina sólo tenía 15 años cuando fue violada por un tal Mustafa. Tuvo la valentía, apoyada por su madre, de denunciar a su agresor ante la Fiscalía de Tánger. Hizo lo más difícil para una mujer en condiciones muy críticas: reconocer su agresión y buscar el castigo legal para su agresor.

Sin embargo, todo el sacrificio no se tradujo en una detención y posterior acusación. Al contrario. Recurriendo a las recias tradiciones propias de un estilo medieval, las dos familias pactaron un matrimonio de conveniencia para que él evitase el ingreso en prisión y la familia lograse limpiar el cuestionado “honor”…

En resumen, víctima y agresor conviviendo en unas decenas de metros cuadrados. Una nueva vida que, sin dudarlo, Amina se negó afrontar. Optó por tomar un veneno para ratas y apagar unas constantes vitales como remedio a su esclavismo social y cultural. Una determinación impropia a sus 16 años.

Una ingesta venenosa con apáticos efectos secundarios para una comunidad internacional obligada a condenar un nuevo caso de violencia machista, y vivir estremecida por unas horas. Pero, tal y como marca otra de las tradiciones, con el amanecer se impone el olvido colectivo por que “algunas cosas nunca cambian”.

 Otras historias relacionadas con la realidad de la mujer marroquí (Proyecto 100% Mujer – Agareso en Marruecos)

Más de seis décadas, obligados a ser humanos…

El derecho a vivir rodeado de la máxima humanidad debe mudar hacia la senda de la obligación. Sin distinciones culturales, sociales o políticas, el ser humano está llamado a aprovechar su existencia ejerciendo como tal. Al final, tener que aprobar una Declaración solo delata que el derecho ha ganado la partida a la obligación en el tablero de ajedrez como sinónimo de un fracaso colectivo en el transcurso de la historia.

Desde que asomamos la cabeza, nuestra integración a cualquier opción de sociedad queda sobrentendido que debe hacerse bajo los más esenciales y elementales criterios de desarrollo. Crecer y conocer la felicidad infantil forma parte de una evolución natural que solo el ser humano es capaz de truncar sin complejos: “Cualquier siniestro argumento inventaremos para ello”. Similar situación que también alcanza a millones de mujeres, mayores o personas desfavorecidas por múltiples causas en el mundo…

Hace más de medio siglo, el 10 de diciembre de 1948 llegaba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tuvieron que transcurrir un millar de años para llegar a impulsar una obligación vestida de derecho.  Hoy en día, el Alto Comisionado de Naciones Unidas intenta velar por el respeto e igualdad entre los seres más racionales, conocidos hasta el momento, que habitan el planeta.

Haciendo un barrido geográfico resulta inabarcable denunciar, en un puñado de palabras que componen este post alojado en un rincón de la blogosfera, todas las acciones y contextos donde se ha pisado y traspasado la línea roja. Queda claro que la vulneración de alguno de los 30 artículos es continua y consentida, en numerosas ocasiones, por la comunidad internacional.

Los conflictos bélicos son la parte más visible del horror y drama del incumplimiento de la obligación a comportarse como “un ser excepcional”, tal y como exclamaba uno de los participantes del proyecto de comunicación para el desarrollo en el canal de radio ‘La Colifata’.

Pero, según Amnistía Internacional, las mujeres son la parte invisible de dicho incumplimiento. Una vez más, la obligación a respetar su dignidad ha tenido que ser recogida como un derecho.  “La violencia contra las mujeres y niñas es la violación de derechos humanos más habitual y extendida: a lo largo de su vida, una de cada tres será golpeada, obligada a mantener relaciones sexuales o sometida a algún otro tipo de abusos”, reza uno de los párrafos de la entrada publicada en el blog de la organización.

En este mismo espacio de Referencias, hemos denunciado casos tan insólitos como el de Gulnaz, la mujer afgana obligada a contraer matrimonio con su agresor sexual. En su realidad cultural, el hecho de ser violada no es más que una falta muy grave por mantener relaciones fuera del matrimonio. Otro de los ejemplos que alientan a la necesidad de transformar los derechos en obligaciones.

Asimismo, existen países y sistemas políticos muy acostumbrados a pisar con crueldad el deseo de disfrutar de un cierto bienestar de otros modelos de convivencia por “una supuesta amenaza para el orden mundial”. En esta misma línea, culturas que intentar invadir a otras culturas consideradas inferiores por un menor ritmo en el desarrollo económico y político; un aspecto que deriva en irreparables daños sociales.

Y añadimos a este capítulo de reflexiones una nueva modalidad, si cabe, de mayor nivel de invisibilidad: Las crisis humanitarias intencionadas. Aquellas que son provocadas por la especulación de los precios de los alimentos desde un despacho en Londres, caso del Cuerno de África, como otro de los modos de anular al ser humano ante la absoluta imposibilidad de acceder y abastecer las necesidades más básicas.

Al mismo tiempo, el área queda controlada, a través de la estratégica fórmula del caos y desestabilización, con el fomento de un pasillo de distribución de armas a los denominados ‘Señores de la Guerra’. A su alrededor, hambruna y miseria. Una inacción contra la pobreza que también está catalogada como otro de los métodos de mancillar el honor de los DD.HH.

Un exclusivo espejo del expolio de recursos y oportunidades que inciden en una acentuada rebaja de las condiciones humanas de vida.

Y no cabe duda que, al traspasar la efeméride de más de seis décadas, podemos extraer un axioma: ‘A  golpe de obligaciones sí somos capaces de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos del prójimo’.

Píe de foto – Cultivos acordonados en Darfur

UN Photo/Albert Gonzalez Farran

Kaltoum Adam Imam, acompañada por uno de sus cinco hijos, recoge millo en una tierra alquilada por un dirigente de comunidad en Saluma Área, cerca de El Fasher (Al norte Darfur).  Trabaja con su hermana Sadias (en el fondo de la imágen). Ambas mujeres nacieron en el pueblo de Tarne y se vieron obligadas a emigrar a Saluma debido a razones de seguridad.

En la actualidad, dos veces por semana, la Unión africana-ONU Operación Híbrida en Darfur (UNAMID) organiza patrullas para escoltar mujeres, como Kaltoum, con el objetivo de garantizar su actividad de cultivo y la recogida de leña en las áreas rurales.

Los cultivos con fuertes cordones de vigilancia militar es otra de las amenazas que rebaja los ritmos de desarrollo de las mujeres en la región.

La doble condena de Gulnaz

El asunto debería estar clasificado entre los más graves atentados a las normas más de convivencia a escala mundial. La comunidad internacional invierte recursos en el envío de armamento, ejércitos, observadores internacionales en ciertos contextos donde parece existir una supuesta desestabilización o depresión democrática y, sin embargo, ignora o se pone de perfil ante el atropello de los derechos humanos a todos los niveles.

Sería una irreparable equivocación limitar esta problemática a una cuestión de violencia de género e injusticia social. Para empezar, una violación continuada o no atenta contra la dignidad y los derechos más básicos del ser humano. Sea cual sea su sexo, cultura o religión. En cada ocasión que se repite un hecho de esta naturaleza, el contador de daños y lesiones personales se pone a cero.

El escenario que nos golpea, estos días, en las conciencias con nuevas imágenes está basado en un modelo de convivencia que solo garantiza, por un lado, la desigualdad y, por otro, un buen trato a tan solo una parte”. Ser mujer en Afganistán puede conllevar que, dependiendo de quién te arrolle con los instintos más bajos desatados, la cárcel sea un destino inexorable simplemente por “la indecencia de no remediar un execrable ataque a la intimidad”.

Gulnaz, una joven de 19 años, se encuentra en una auténtica encrucijada. La única salida posible a su estrambótica situación pasa por emprender una huída hacia adelante contrayendo matrimonio con su agresor, y evitar así ser encarcelada durante 12 años por sufrir una violación practicada por el esposo de su prima… Según parece, las leyes del país asiático sí contemplan el delito la violación, pero con penas de prisión que debe afrontar la propia víctima al considerarlo adulterio por mantener relaciones fuera de la pareja.

Si la imagen mitológica de la justicia se quitase la venda de los ojos, se toparía con una legislación que solo favorece la impunidad de los hombres ante cualquier caso de abuso sexual. Un increíble contexto en el que desequilibrio de la balanza atribuye la máxima responsabilidad a la mujer, quien se convierte en víctima y delincuente por un mismo hecho.

Este atolladero aparenta insalvable. De no obedecer a las recomendaciones de aceptar una boda infectada no solo podría acabar en la cárcel sino que  Gulnaz podría ser sacrificada con la finalidad de purificar el honor y prestigio familiar, lo cual también apunta a una aceptación social y cultural de las normas.

Ante esto, lo más indignante ha sido la reciente intervención militar de países occidentales como Estados Unidos, Reino Unido, España, Francia, entre otros, con unos desastrosos resultados del 0,707 reflejado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este indicador social se compone de tres parámetros: Calidad de vida y longevidad, educación y nivel de dignidad.

El último informe de 2011 sitúa a esta sociedad a la cola mundial ocupando el puesto número 173. A esto se añade una de las mayores puntuaciones en el Índice de Desigualdad de Género a nivel planetario con una clasificación de 141 puntos, cuando países como Noruega alcanzan una nota del  6, muy cerca del 0 (dato en el que se alcanza la igualdad integral).

Tras una presencia militar e internacional en el país, con el fingido objetivo de incrementar los niveles de calidad democráticos y mejorar la convivencia en la zona a través de planes y programas de cooperación, se pone al descubierto el intento fallido de prostituir la Ayuda al Desarrollo a políticas despiadadas por controlar una zona con intereses energéticos y geoestratégicos.

Entretanto, la joven Gulnaz seguirá sometida a un sistema y a unos recios edictos sociales y culturales ante la insultante ausencia de recursos y proyectos efectivos de lucha contra la desigualdad de género como otra forma de abordar, transversalmente o no, en función del criterio, la pobreza en una determinada realidad.

Actor Social – Estética Imperializada

Esther Pineda G.- Somos a la vez participes y espectadores de un complejo societal en el cual las minorías dirigen el destino de las mayorías, donde los patrones occidentales imperan sobre los orientales, y en el cual los criterios de validez y modos organizativos de la norteamérica capitalista intentan liderar el mundo.

Es a propósito de ello que encontramos constantemente sobre el tapete el tema del imperialismo, sin embargo, esta preocupación ha sido circunscrita fundamentalmente a los efectos de un imperialismo político y económico, hemos obviado la diversidad de espacios de la vida social y elementos de nuestra cotidianidad que han sido impregnados sigilosamente por el germen del imperialismo anglosajón.

Entre ellas llama en particular la atención el proceso mediante el cual la estética ha sido imperializada, en la mayoría de los casos pasando desapercibida en las mentes de los hombres y mujeres de nuestras sociedades modernas.

Vivimos constreñidos (as) en un sistema capitalista que dirige, controla y ha alterado la forma en que nos vemos, la forma en que deseamos vernos, es decir, nuestros gustos y deseos. Este hecho profundizará significativamente la desigualdad social existente, legitimando e inscribiendo criterios de discriminación y exclusión que habrán de trascender la subjetividad de la percepción física del otro (a), y que darán paso a la formación de dos nuevas clases sociales, definidas de antemano como antagónicas e irreconciliables: estéticos y no estéticos.

Será así como la tez blanca, el cabello rubio, y los rasgos minuciosamente perfilados ya sea por la mano de la naturaleza o de la cirugía estética, se erigen como los criterios lideradores de la belleza del mundo.

No obstante, dichos criterios prototípicos y estereotípicos a partir de los cuales habrá de definirse “lo bello”, responden a una herencia colonial eurocéntrica que promovió, mediante la imposición, la asimilación e internalización de una estética foránea.

Otrora, la belleza estuvo definida por el equilibrio entre las formas, la armonía y la naturalidad; en la actualidad, el arbitrario consenso de patrones de belleza dividió el mundo en bien (belleza) y en mal (fealdad), promoviendo en un extremo, la aceptación y reconocimiento en quienes se adecuen efectiva y eficientemente a la expectativa estética impuesta, y en quienes no, acentuará las practicas aspectistas (Discriminación por apariencia) y ostracistas (Apartar a algún miembro de la comunidad por no considerarse del agrado o interés de los demás); en el contexto de una sociedad hostil que sanciona la naturalidad con rechazo, la renuncia a la homogenización estética con exclusión y la diferencia con repulsión.

Así, la estética imperante, definida como valor supremo de belleza, responde a la lógica de un modo de producción capitalista, deshumanizadora del cuerpo mediante restricciones y modificaciones logradas mediante la sistemática persuasión y sobreestimación ejercida a través de la reproducción y cotidianización de la imagen de estrellas, modelos y cantantes.

El mundo ha perdido su soberanía estética, se ha rendido a una estética imperializada, unidimensional, uniracial, unicultural; orientada a desmantelar las culturas originarias y la diversidad, descalificando e intentando desintegrar la soberanía pluricultural y multirracial de los pueblos, mediante la motivación y promoción de la desestimación y vergüenza de los rasgos y fenotipos hindú, asiáticos, africanos o aborígenes, es decir, de todo aquel no caucásico, lo cual se convertirá inevitablemente en el motor generador de endorracismo al difuminarse los comportamientos y gustos propios de los pueblos.

Ahora bien, esta anulación y neutralización de la diferencia habrá de materializarse en la comercialización especulativa de la estética imperialista, definida como “ley superior”, sin embargo, pese a la comercialización de su ideal de belleza, de colocación de sus productos, cosméticos, peinados, accesorios y la consecuente modificación de nuestros cuerpos de acuerdo a sus criterios de belleza, seguimos siendo dentro de la lógica eurocéntrica y anglosajona, mujeres y hombres provenientes de los no azarosamente llamados por ellos pueblos atrasados, solo se espera que seamos “mejores”, es decir, que causemos menos desagrado.

No obstante, esta problemática va a profundizarse significativamente al ser interceptada por una variable de género; en una sociedad donde el hombre se ha definido como superior y donde han sido monopolizadas por el, las actividades, posiciones de poder y reconocimiento social, la mujer será obligada, cuando menos inducida, apropiarse del esteticismo como mecanismo para acceder al reconocimiento y prestigio que le ha sido históricamente negado.

Será por ello que el culto a lo estético, y la explotación de cualidades de belleza, necesariamente conducirá a una continuidad de la subordinación femenina; al ser su belleza el medio para la conquista, y donde su idea de belleza va a depender de la aprobación del hombre al cual el mercado capitalista pre-configuró sus gustos e instituyó el cuerpo de la mujer como instrumente y objeto de creación y estimulación de reacciones e intereses lúdicos.

(Esther Pineda G. es socióloga, investigadora y escritora en las áreas de género, afrodescendencia y etnicidad. Autora del libro “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. E mail: estherpinedag@gmail.com  Twitter – @estherpinedag)