¡Bailar bajo la lluvia!

El Alzheimer y sus consecuencias no son una limitación para anular una hermosa historia cargada de sentimiento y sinceridad que una mañana circulaba por las redes sociales: Facebook, Twitter, entre otras. Llevamos tiempo con este tesoro escrito guardado para publicar y compartir con quienes todavía entregan las emociones a escenas vitales como esta:

Una mañana agitada, a las 8:30am, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó al hospital para que le retiraran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado porque tenía una cita a las 9:00 am. El doctor le pidió que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora. Lo vio obsesionado con su reloj y decidió, examinar su herida.

Mientras lo curaba le pregunto si… tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado. El señor le dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa.

Inseparables ante cualquier adversidad

El doctor le pregunto sobre la salud de ella: El le respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Le pregunto si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde: Le respondió que hacia tiempo que ella no sabía quién era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo. El doctor sorprendido entonces le pregunto: “¿Y usted sigue yendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quién es usted?”

El sonrió y le dijo: “Ella no sabe quién soy, pero yo aún se quien es ella y la amo”. Al doctor se le erizó la piel, y tuvo que contener las lágrimas mientras él señor se iba, y pensó, «ese es el tipo de amor que quiero en mi vida. El amor verdadero no es físico, ni romántico. El amor verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no serás en la vida. La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo; ellos sólo hacen todo, lo mejor que pueden”.

La vida no se trata de sobrevivir a una tempestad, se trata de saber cómo ¡Bailar bajo la lluvia!

‘Hablemos de Derechos Humanos’

Hablar de la Comunicación para el Desarrollo (CpD)  precisa de un amplio análisis sobre su papel e importancia en los proyectos de carácter social. Este concepto, gran desconocido o infrautilizado, ofrece unos interesantes resultados en aquellos proyectos que contemplan una intervención de esta naturaleza.
Comunicar y Desarrollar son dos acciones que, finalmente, acaban por confluir en una con identidad propia. De las radios y teles comunitarias emerge el principal modo de expresión con  criterio colectivo más allá del empresarial o político.
Diferentes ámbitos admiten esta posibilidad: Discapacidad, Reinsercción, Cooperación, Exclusión, Infancia, Juventud, entre otros. No cabe duda que las evidencias son incontestables. Ahora solo queda incrementar el nivel de respuesta en los sectores Social y de la Comunicación, al final, dependientes el uno del otro; pero, bien diferenciados.
Esta entrevista, emitida en el canal de radio de la Fundación Internacional Baltasar Garzón, fue incluida en el programa ‘Hablemos de Derechos Humanos’. Otro perfecto ejemplo en una comprometida  practica de la CpD…

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Una progresiva suma de escollos

La gruesa cadena discriminatoria engorda en cuanto saltamos de un contexto social a otro. Analizar la atención política y social de las personas que integran los colectivos de discapacidad es un ejercicio de enorme paciencia, y conviene “no perderla”… Cabe señalar que los recursos actualmente dispuestos  no forman parte de la generosidad de la sociedad. Al contrario, debemos pensar que entre las obligaciones del Estado Bienestar se encuentra el dar respuesta eficiente en los contextos en los que se haga necesario.

Más del 10% de la población convive con alguna clase de discapacidad. En mayor o  menor grado; pero, lo hace afrontando todas las consecuencias. Entre ellas, soportar la carencia de las más elementales herramientas que ayuden a caminar hacía una autonomía personal integral, cuando el diagnóstico y las condiciones lo permiten. Esta visión se encuentra directamente relacionada con un campo laboral no saneado social y mentalmente. Primer escollo.

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Desgraciadamente, las barreras no se miden por metros de altura de un muro de hormigón o ladrillo. Son las actitudes colectivas las que derivan en los mayores obstáculos para el desarrollo. En tiempos de crisis, parece que hemos entrado en una complicada espiral, de la que se antoja difícil escapar, en la que solo los desahucios o indigencia pueden formar parte de la agenda de los servicios sociales. Discapacidad y Dependencia, por ejemplo, deben dejar paso prioritario a los programas de emergencia social; un criterio que deja al descubierto un segundo escollo: La exclusión también amenaza a seres humanos con ‘capacidades diferentes’ ante la falta de respaldo administrativo y político.

Y llegar a plantear una mera atención asistencial (y quedarse tan ancho) puede calificarse de política de hojalata que tan solo contribuye a desandar en los avances registrados en los últimos años. La movilización del sector de la discapacidad (2 de diciembre de 2012), con miles de organizaciones y asociaciones en las calles de Madrid, debería ser entenida como una contestación, sin precedentes, al recorte…

Entretanto, la respuesta política se reduce a la exhibición de una cifra económica que sea más cuantiosa y espectacular que la del adversario. Ahí se acaba todo, en el partidismo. Nadie analiza el estado actual de la aplicación de la Liondau o las valoraciones y prestaciones de la Ley de Dependencia. Y, ante esto, la inclusión de las enfermedades mentales, tal y como demanda el sector de la discapacidad, tiene todos los indicios de quedar aparcada, sin que nada o nadie lo remedie. Un tercer escollo que, además, podría crecer con la progresión en la merma de recursos y el paso de un tiempo que corre en contra.

Ya lo manifestó el actual presidente de la ONCE, Miguel Carballeda: “Lo que se pierda ahora para el mundo de la discapacidad no se va a recuperar nunca”.

Una escueta frase que solo mañana conoceremos si suma nuevos escollos o se limita a una reflexiva advertencia incumplida en campo de la discapacidad… Volcaremos todas las esperanzas en la segunda opción. Así debe ser.