Cepillos saludables

Un simple cepillo de dientes puede suponer un notable avance en materia de salud para la infancia de una determinada zona. Esos pequeños elementos se convierten en relevantes formas de garantizar el buen estado de los niños y niñas en un lugar donde la pobreza aprieta con fuerza. No es necesario buscar una ubicación concreta para describir esta realidad por que, entre otras cosas, existen incontables contextos en los que una limpieza bucal al día evita un deterioro en bienestar de los más pequeños.

Y las medidas más efectivas consiste en convertir este hábito en algo parecido a un juego muy divertido. Una de las fórmulas que no se escapan a las iniciativas de las organizaciones en terreno. Combatir a las situaciones desfovorecidas con uñas y dientes tiene esta clase de cosas que ONG’s como Save The Children, UNICEF o MSF incluyen en sus programas de acción en prevención de enfermedades. El acceso a un poco de pasta y un cepillo se convierte en todo lujo que, en resumen, salva numerosas vidas tras los evidentes esfuerzos en materia de sensibilización familiar y social. Aquello que nos pasa desapercibido se traduce en una herramienta sanitaria de incalculables proporciones.

La salud y la infancia va ligados a una irrenunciable estrategia que obtiene unos eficientes resultados contra la mortalidad de los niños. Los seres más vulnerables e inocentes son capaces de agarrarse a la vida gracias a la fuerza que otorga una buena campaña preventiva a base de cepillados diarios.

Y poner en practica un programa preventivo de salud, entre las nuevas generaciones, resulta fundamental para garantizar un mínimo desarrollo de los que hoy son los hijos del futuro.

 

El ‘handicap’ de la pobreza

Los flujos migratorios tienen dos vías principales: Una desemboca en la isla italiana de Lampedusa; en la obligada travesía que separa la orilla africana de la europea ya han perecido centenares de personas. Y otra que no acaba por empotrarse contra una cortina de litros de agua salada y lo hace contra una valla metálica de varios metros de altura, punzante y vigilada por dos Estados en las fronteras de Ceuta y Melilla. En esta última, el paisaje ha sido decorado con un lustroso campo de golf ante un escenario social y humano tan insostenible como insoportable.

Foto: Antonio Ruíz/El País

Lo más llamativo es que esta instalación deportiva fue financiada con fondos europeos, según confirma la periodista Gabriela Sánchez en su reportaje de Desalambre (eldiario.es). Se diseño con la finalidad de no perder esta línea de ayudas internacionales. Y se hizo sin pudor alguno. Sin tener presente algo tan visible como la inmigración encaramada, día sí y día también, en lo alto de la valla, convertido más en un hábito que en una excepción. Personas afectadas por la pobreza más extrema huelen, ven y oyen como la opulencia se impone ante sus vidas sin pudor alguno. Un castigo injustificable después de tanto sufrimiento en la espalda.

Qué puede llegar a pasar por la mente de un inmigrante cuando, al otro lado, la vida transcurre ajena, indiferente, a problemas vinculados con la pobreza, miseria, violencia o desigualdad social. Cuando la única preocupación es ir pasado de un hoyo a otro en el menor número de golpes. Cuando el resumen de las preocupaciones vitales de algunas personas, capaces de jugar a un deporte de élite sin reflexionar sobre las evidencias que acontecen a su alrededor, son el número del palo que van a pedir al caddie.

Miles de kilómetros recorridos en unas condiciones infrahumanas: sin agua, comida y durmiendo al intemperie. Y, a unos pocos metros de distancia, el interés por introducir una bola blanca en un pequeño agujero es la única respuesta: un recibimiento obsceno y muy poco sensible teniendo en cuenta que el Gobierno de Melilla se gasta 700.000 euros anuales en el mantenimiento de las mencionadas instalaciones deportivas.

Una imagen que confluye con la intención del gobierno de España de legislar las devoluciones en caliente a Marruecos. Es decir, cualquier persona que pise territorio español será devuelta al país africano sin tener en cuenta sus circunstancias humanas. Pisoteando los acuerdos internacionales y europeos de Derechos Humanos, la Ley de Extranjería persigue incumplir conceptos tan elementales como el derecho de asilo, acogimiento u otras opciones con la finalidad de no hacer frente al fenómeno de la inmigración con políticas más indulgentes.

Foto: José Palazón

La fotografía del campo de golf, limitando con la valla, no es más que un fiel reflejo de como se gestiona uno de los problema humanos más relevantes de todos los tiempos. Es una vergonzosa evidencia de la diferencia entre el mundo rico y el mundo pobre. Deja interpretar con claridad que no existe voluntad por abordar la situación desde una perspectiva sensible a quienes viven desfavorecidos por la carencia de los recursos más básicos. Que aquellos que soportan, cada hora de su vida, el peso del hándicap de la pobreza no tienen otra salida que seguir sumergidos en el sufrimiento crónico.

Refugiados en los planes de futuro

«Cada día, morían un centenar de personas aquí», reconoce con mucho pesar Hanaa, quien revive la crudeza de lo que ahora ocurre al otro lado de la frontera al recordar lo sucedido en este lugar del Líbano, años atrás. Se encuentra una fábrica de procesamiento de cebolla abandonada en el Valle de Bekaa. Todavía, son perceptibles las consecuencias del conflicto bélico que protagonizó Israel en el pasado. De aquel intento de invasión quedó un triste legado de muerte y destrucción.

Hanaa llora por dentro cuando se refiere a sus raíces enterradas en Siria. Donde hace varios años las bombas y los cruces de disparos eran impensables. Un país que, por aquel entonces, acogió a numerosas personas que huían del Líbano por cuestiones humanitarias. A día de hoy la situación es a la inversa. Los sirios necesitan de la solidaridad de los libaneses.

Mohammed y Hanaa llegaron el año pasado de Raqaa (Siria). Él había estado estudiando Ciencias Sociales en la Universidad de Alepo. Ella tenía planes de convertirse en profesora de historia después de terminar sus estudios en la misma Universidad. «Ni lo uno, ni lo otro». Ambos se han visto obligados a buscar un refugio expulsados de su propia realidad. Partir de cero. Rehacer los planes parece haberse convertido en la única alternativa para esta joven pareja.

De momento, el futuro inmediato pasa por vivir como refugiados a la espera de que todo termine algún día. El proyecto profesional y familiar deberá aplazarse hasta que las condiciones regalen un mínimo de generosidad: la resignación y paciencia son la única posibilidad para seguir manteniendo presente la esperanza de regresar a Siria con la ilusión de abrir la puerta al constructivo conocimiento para cerrar la del destructivo fuego cruzado.

Ingenio infantil

Varios niños palestinos juegan dentro de una habitación muy dañada en un edificio parcialmente destruido en al-Tufah, al este de la ciudad de Gaza. Los juegos se han tenido que adaptar a los nuevos tiempos después de la devastadora guerra de 50 días entre Israel y los militantes de Hamas. El gobierno palestino ya ha dado a conocer un plan de reconstrucción: Esta nueva acción social tendrá un coste de 4.ooo millones de dolares para reconstruir el territorio devastado por la guerra. El principal objetivo es construir viviendas para unas 100.000 personas que se quedaron sin hogar.

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¿Qué puede cambiar el mundo?

Las decisiones importantes parece que son un campo solo abonado para mentes adultas que expropian parcelas de futuro de las nuevas generaciones. En muy pocas ocasiones se ha agacha la oreja para escuchar las inquietudes de niños y adolescentes sobre el mundo que desean recibir y gestionar.

Son muy pocas las veces que un mandatario es permeable a las peticiones más basicas de un menor. La legislación internacional de los Derechos de la Infancia está elaborada por los mayores que dirigen los destinos del planeta en organismos y asambleas como las que se celebran en la ONU. Es cierto que resulta necesaria la aportación y participación de los adultos para una serie de cometidos políticos y administrativos.  Ahora bien, esto no puede ser sinónimo de usurpación de espacios, por norma. Una realidad que acontece con mayor frecuencia de la deseada.

Es decir, mayores decidiendo por los pequeños que sienten como son tenidos en cuenta solo para justificar determinadas acciones. Ocurre lo mismo con las leyes de género: en la mayor parte, son hombres quienes redactan y debaten dichas leyes en un parlamento. Toda una contradicción. Y los hechos son muy tozudos: ¿cuántos niños padecen pobreza?, ¿por qué los recursos educativos no llegan a todos?, ¿quienes son los principales perjudicados en los conflictos bélicos? Algunos ejemplos que obtienen siempre una respuesta indeseable.

Se habla y predica de un futuro para las generaciones venideras que nunca llegará. Se insiste en construir desde un base no cimentada por educación, salud y protección social. Mas bien, todo lo contrario. La reacción suele ser tardía cuando el problema ya es irreversible. Y, en la mayoria de los casos, un lápiz,  tal y como divulga Malala, actual premio Nobel de la Paz 2014: «un pupitre y un libro hubiesen sido elementos suficientes para provocar cambios sociales en diferentes culturas y contextos del mundo».