“Los niños ya no lloran en Aleppo”

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Ser niño en algunas partes del mundo es sinónimo de nacer en franca desventaja. A todos los efectos. Si repasamos el mapa de realidades sociales y humanas encontramos que más de un 50% de escenarios están sometidos al dictado de la pobreza. Analizar uno por uno no sería una tarea sencilla. Por eso, en esta ocasión, quiero ampliar la lupa sobre una ciudad como Alepo y la guerra que azota a los seres humanos que se encuentran atrapados en un territorio como Siria.

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Sin comerlo, ni beberlo

El conflicto de Siria merma el acceso a las necesidades básicas de las futuras generaciones. El hambre y la pobreza, más extrema, ha llegado con la misma virulencia que el arsenal que allí se utiliza contra civiles y militares. “El asunto ha llegado ya demasiado lejos”.
Los niños padecen sin entender porque no pueden tener garantizado un plato sobre la mesa, cada día. Lamentan no poder ir al ‘cole’ por el devastador efecto de las bombas y los misiles. Mucho dinero para destruir y poco para construir.
Desgarra pensar que cada desayuno, comida o cena, que disfrutamos en occidente frente al televisor, es un lujo inalcanzable para miles de menores en Oriente Próximo. A nadie se le escapa, a estas alturas, y si no es así alberga un serio problema de sensibilidad humana, que detrás de cada conflicto bélico se esconden enormes intereses económicos, sin despreciar los políticos.
En las enseñanzas, a las que pudimos acceder gracias a un sistema público educativo, se nos inculco el valor de los respetos tanto para las nuevas como para las veteranas generaciones. Fue siempre un paradigma irrenunciable que, con el paso de los años, se vulnera desde las más altas instancias justificando una intervención militar o, bien, mirando para otro lado en caso de poder evitarla.
Los seres más frágiles ahora sufren y lloran por no poder vivir con una mínima normalidad. Salir a las calles de Alepo u otra ciudad de Siria puede convertirse en un indeseado encontronazo con la muerte en cualquier esquina. “Es conocido que el diablo pasea vestido con una casaca”…
Se ha logrado llegar a donde no se debía llegar jamás: la amenaza de la miseria es ya una evidencia para los estómagos de pequeños y mayores.
Y sin comerlo, ni beberlo, están tratando de digerir una guerra que discurre a las puertas de casa.