Oscar a la sensibilización social

La dura realidad de los más pequeños y pequeñas, que acaban siendo captados para las milicias o ejércitos, ha llegado a adquirir una trascendencia inimaginable. La entrega de los premios cinematográficos de los Oscars contemplan el cortometraje “Aquel no era yo”, escrito y dirigido por el español Esteban Crespo,  como una de las producciones de referencia en la gran pantalla.

En el proyecto, el autor y director no ha estado solo. Todo lo contrario. Las organizaciones Aboal, Amnistía Internacional, Save the Children o Entreculturas se han convertido en los principales avales de este montaje audiovisual. Inmersos en el continente africano, en países como Sierra Leona, encontramos una ruda situación para el desarrollo personal de las futuras generaciones.

Paula y Kaney son dos personajes -un niño soldado africano y una mujer española- que podrían no tener nada en común pero que llegarán a unir sus vidas irremediablemente a través de un disparo. En un puesto fronterizo, Paula y Kaney se encuentran y ése será el punto de partida de una dramática historia, en un escenario de miedo, v iolencia, y redención.

Una vez captados la salida no parece fácil. En ello trabajan las ONG’s que persiguen el objetivo de prevenir antes que lamentar. Aunque, en muchas ocasiones, se ven obligadas a paliar los efectos de los niños y niñas que ya ha empuñado un fusil, sin saber muy bien por qué.

Aterrizar y pisar la alfombra  del Teatro Kodak, ubicado en Hollywood, en el ecuador de Los Ángeles, California, se ha convertido en una verdadera hazaña para quienes creen firmemente en la denuncia de las injusticias y la vulneración de los derechos humanos.

Aquí y ahora lo tenemos muy claro a la hora de emitir nuestro modesto voto: Oscar para la sensibilización social.

Al calor del pequeño refugio

La infancia refugiada del conflicto de Siria padece frio

Cientos de miles de refugiados sirios están sufriendo las consecuencias de las fuertes tormentas de nieve de este inicio del invierno en Líbano y Jordania. Huyen del conflicto y tratan de salvar la vida aunque esto signifique vivir en las duras y complejas condiciones de un campo improvisado a la intemperie, repleto de personas con las mismas necesidades: retomar lo abandonado por la fuerza.

De momento, sobre terreno, Save The Children trabaja en la distribución de comida caliente, ropa y kits para que las familias combatan el invierno de mejor forma posible. Las inclementes condiciones todavía pueden empeorar más entre los meses de noviembre y febrero. Por aquel entonces, las temperaturas pueden haber caído hasta los -6°C.

Estas gélidas escenas forman parte de un dramático álbum, todavía inacabado, de imágenes reales sobre la vida de los refugiados. El polvorín de Siria, sobre el que nadie ha mostrado la capacidad suficiente como para recomponer el complejo puzzle político, no es solo un lugar del mundo donde las balas y las bombas amenaza con toda impunidad la vida de las personas. Es también un lugar donde, cada amanecer, las familias viven con el estrés emocional de si llegaran a acostarse siendo uno menos. Cuando esto no ocurre sale todo el aire contenido en los pulmones. Y, al día siguiente, vuelta a empezar: “Mañanas tristes, noches alegres”.

Por contra, en los campos de refugiados, los principales riesgos pasan por el estomago y la salud. Poder comer algo y contar con el acceso asegurado a medicamentos forma parte de un lujo, en muchas ocasiones, inalcanzable. To se resume a vivir bajo una lona, dependiendo de la cooperación internacional, esperando a que todo pase para regresar a casa. Esta espera, a medida que pasa el tiempo, va alimentando una agonía vital con carácter indefinido. Pequeños y mayores se hacen cientos de preguntas al calor de un fuego rudimentario, casi prehistórico.

El inmenso interrogante, para estos miles de seres humanos, crece y crece sin limites. Y, siempre, atropellados por la incertidumbre sobre qué puede suceder, en las siguientes horas, con su futuro.

El grifo de la cooperación al desarrollo

Las nuevas generaciones y la conservación de los recursos naturales se convierten en los dos principales activos para garantizar un futuro preñado de esperanza.  Conceder un legado, marcado por acciones responsables, debe convertirse en una prioridad de la agenda colectiva. Dejar el planeta en mejores condiciones no puede quedarse en mero un reto, y sí en una obligación ineludible.

Desgraciadamente, el acceso al agua no es algo universal a pesar de la exigencia vital de proporcionar este bien natural sin limitaciones de ninguna clase. Resulta sorprendente que algunas mentes consideren que este asunto del compromiso no va con ellos. Y mientras se aprovechan de todas las posibilidades, con un estilo más parecido al de parásito que al de un humano, otras personas carecen de cualquier oportunidad de incorporar el agua corriente a su vida cotidiana.

El agua y la infancia como referencia

La conciencia, y voluntad son imprescindibles, casi insustituibles, aspectos para no atascarse en centenares de palabras bien conjuntadas que conformen una utópica teoría. Según datos de Naciones Unidas, Cerca de 1.200 millones de personas, casi una quinta parte de la población mundial, vive en áreas de escasez física de agua. Una cifra nada despreciable para las conciencias y sensibilidad de quienes abren, cada día, el grifo sin restricciones.

En estos últimos tiempos, las denostadas políticas de cooperación al desarrollo han sido objeto de recortes sin precedentes y campañas de desprestigio para justificar tales decisiones. La sociedad está cada vez más próxima al postulado de: “resolvamos antes los problemas de aquí que los de afuera”. Un fragante error de perspectiva a medio o largo plazo porque los fenómenos migratorios seguirán creciendo y las realidades sociales se endurecerán tanto en casa como a nivel internacional. La experiencia recomienda no ponerse de perfil ante esta serie de cuestiones por su inevitable repercusión.

Cimentar el desarrollo del futuro se convierte, o así debería ser, en una estrategia inexcusable del presente. De lo contrario, las consecuencias sociales formarán parte de una irresponsabilidad global compartida.

Y a medida que el grifo de la solidaridad se va cerrando, poco a poco, otros seguimos convencidos en practicar un periodismo entregado a la lucha contra la pobreza, la denuncia de las desigualdades sociales o la defensa de los derechos humanos. Y hasta conseguirlo no detendremos la maquinaria marcada por una vocación aliada con el desarrollo.

Espiando una realidad social

Detenerse, observar y hasta espiar una realidad social con es constituyente de delito, según las leyes internacionales.  La visión de un determinado contexto puede tener, en origen, un importante sesgo por los deformados mensajes que llegan desde ese lugar y como viven sus gentes.
Es el caso de la sociedad marroquí. En múltiples conversaciones llegaron a confesar que se sienten prejuzgados por la polvareda de los retorcidos estigmas en los lustrosos países de occidente. No dudan en censurar a aquellos que se niegan a conocerlos por como haber sido presentados en la distancia. Y exigen un mínimo ejercicio de comprensión y empatía.
ESPIONAJE SOCIAL

Foto de Carolina Sertal realizada en la provincia de Nador (Marruecos)

Pero, sobre terreno, las cosas son bien diferentes: Una cosa es el sistema y otra bien distinta sus gentes, quienes componen un modelo social con sus virtudes y defectos. De esto último ya conocemos incontables problemáticas: Desigualdad, injusticia, pobreza, entre otras.
Así pues, resulta más recomendable quedarse con la primera parte para ayudar a construir un edificio multicultural sin rendijas en sus imaginarias ventanas.

¿Qué nos queda como sociedad de futuro?

Las políticas sociales se han convertido en una lujosa especia a la que se mira con un cierto recelo por que la inversión de dinero público o privado no se traduce en un retorno económico. Una radical visión monetaria de todo lo que nos rodea comienza a golpear con dureza nuestra estabilidad psicológica y emocional. Tal es el estado de ‘shock’ que ya hemos perdido la capacidad para discenir entre lo que es necesario de lo prescindible.

Seguimos enrocados en los mismos argumentos. Dando incontables vueltas como si se tratase de un carrusel en la mejor de las ferias de verano. En los debates políticos, los minutos se convierten en perdidas irreparables ante el gran reto de reconquistar un convaleciente Estado del Bienestar.

Estado del Bienestar

Hay evidencias; muchas evidencias de lo denunciado… Por ejemplo, las continuas agresiones de los mercados transformando la atención a la Dependencia en un bien más escaso y difuso. Con una ley paralizada por una falta de presupuesto que regaló (por poco tiempo) una esperanzadora expectativa. Y que, a día de hoy, ha pasado a ser otro de los tantos proyectos malheridos por los recortes.

El resto de contextos relacionados con Derechos Humanos, Discapacidad, Inclusión, Reinserción, Inmigración, Género, Infancia o Cooperación al Desarrollo también han abandonado el protagonismo de la agenda del presente devorados por un pasado desbordante de grandes, buenos e ilusionantes recuerdos.

Una economía en crisis y un empleo declarado en busca y captura obnubilan la atención social y política. Reconocidas oficialmente como las dos principales y exclusivas preferencias en las que se esconde cualquier esfuerzo colectivo, ¿qué posibilidades pueden apuntalar, con garantías, el Estado del Bienestar de nuestros hijos/as?

En estas inciertas condiciones finalizamos un nuevo año. Sin las suficientes bobinas de hilo como para tejer un sector profesional, fortalecido y consolidado que impulsen proyectos e intervenciones de calidad. Carentes de un apoyo preciso en las políticas de lucha contra la pobreza y exclusión social. Y confirmando que navegamos a bordo de un barco a la deriva en el que se empieza a escuchar con demasiada frecuencia: “Salvese quién pueda”.

En el horizonte un angustioso enígma: ¿Qué nos queda como sociedad de futuro?

Una progresiva suma de escollos

La gruesa cadena discriminatoria engorda en cuanto saltamos de un contexto social a otro. Analizar la atención política y social de las personas que integran los colectivos de discapacidad es un ejercicio de enorme paciencia, y conviene “no perderla”… Cabe señalar que los recursos actualmente dispuestos  no forman parte de la generosidad de la sociedad. Al contrario, debemos pensar que entre las obligaciones del Estado Bienestar se encuentra el dar respuesta eficiente en los contextos en los que se haga necesario.

Más del 10% de la población convive con alguna clase de discapacidad. En mayor o  menor grado; pero, lo hace afrontando todas las consecuencias. Entre ellas, soportar la carencia de las más elementales herramientas que ayuden a caminar hacía una autonomía personal integral, cuando el diagnóstico y las condiciones lo permiten. Esta visión se encuentra directamente relacionada con un campo laboral no saneado social y mentalmente. Primer escollo.

Desgraciadamente, las barreras no se miden por metros de altura de un muro de hormigón o ladrillo. Son las actitudes colectivas las que derivan en los mayores obstáculos para el desarrollo. En tiempos de crisis, parece que hemos entrado en una complicada espiral, de la que se antoja difícil escapar, en la que solo los desahucios o indigencia pueden formar parte de la agenda de los servicios sociales. Discapacidad y Dependencia, por ejemplo, deben dejar paso prioritario a los programas de emergencia social; un criterio que deja al descubierto un segundo escollo: La exclusión también amenaza a seres humanos con ‘capacidades diferentes’ ante la falta de respaldo administrativo y político.

Y llegar a plantear una mera atención asistencial (y quedarse tan ancho) puede calificarse de política de hojalata que tan solo contribuye a desandar en los avances registrados en los últimos años. La movilización del sector de la discapacidad (2 de diciembre de 2012), con miles de organizaciones y asociaciones en las calles de Madrid, debería ser entenida como una contestación, sin precedentes, al recorte…

Entretanto, la respuesta política se reduce a la exhibición de una cifra económica que sea más cuantiosa y espectacular que la del adversario. Ahí se acaba todo, en el partidismo. Nadie analiza el estado actual de la aplicación de la Liondau o las valoraciones y prestaciones de la Ley de Dependencia. Y, ante esto, la inclusión de las enfermedades mentales, tal y como demanda el sector de la discapacidad, tiene todos los indicios de quedar aparcada, sin que nada o nadie lo remedie. Un tercer escollo que, además, podría crecer con la progresión en la merma de recursos y el paso de un tiempo que corre en contra.

Ya lo manifestó el actual presidente de la ONCE, Miguel Carballeda: “Lo que se pierda ahora para el mundo de la discapacidad no se va a recuperar nunca”.

Una escueta frase que solo mañana conoceremos si suma nuevos escollos o se limita a una reflexiva advertencia incumplida en campo de la discapacidad… Volcaremos todas las esperanzas en la segunda opción. Así debe ser.

Infectados de estigma

Portar VIH no es una novedad para nadie aunque puede parecerlo. Una de las comunidades más estigmatizadas durante décadas sigue conviviendo con una enfermedad crónica en los países más desarrollados; no así en los lugares donde la pobreza está consolidada por la insuficiencia de recursos debido a una amplia diversidad de factores.

Pese a los avances científicos, convenientemente aplicados en las consultas de medicina interna de centros sanitarios y hospitales, el ritmo social de tolerancia no goza de la misma cadencia. Efectivamente, hemos aprendido a huir del alarmismo inicial de los años 80, si bien, da la sensación de habernos quedado a medio camino de forma voluntaria… El personal sigue oculto en una perpetua clandestinidad. Hablar y contar puede conllevar a un castigo excluyente, de consecuencias irreversibles para toda la vida. “Lo mejor es vivir acompañado por el silencio. Tenemos que aprender a ser invisibles”, confesaba una joven chica tras una consulta rutinaria en el médico especialista.

Exposición de Art for AIDS International

Exposición de Art for AIDS International

Se consideraba una recién llegada a este opaco universo. No ocultaba su angustia al plantearse la maternidad en su vida. Era consciente de las dificultades y riesgos que entraña un parto para el bebé con una madre contagiada por el VIH. Aún así, con una mano, sostenía el optimismo y, con la otra, una evidente inquietud por construir un proyecto de familia, “con o sin la necesaria aceptación social”.

Hemos conocido muchos casos a lo largo de los últimos años. Quienes se atrevieron a compartir una experiencia vital, a pesar del temor a las posibles represalias que la sociedad aplica con un sofisticado protocolo, coinciden en que, por encima de los avances médicos, la discriminación se ha convertido en la principal preocupación de las personas que cohabitan en el mismo espacio con un virus más endemoniado para la psicología colectiva que para el sistema inmunológico.

En medio de la conversación, una de las reflexiones más duras de asimilar, expresadas por aquella chica que conocimos en los pasillos de un viejo hospital gallego, hacía referencia a una doble vertiente de la discriminación en su actual situación que, hasta la aparición de una vacuna social efectiva, no tiene los visos suficientes de cura. Decía que ser mujer con VIH significaba ingresar en una cadena de inconvenientes para crecer en lo personal, laboral y familiar. “Si ya estamos discriminadas en algunos espacios, no puedo imaginarme como podré encontrar una pareja que comparta estas condiciones de vida conmigo. Y con mi entorno, ¿que hago?”, se preguntaba con cierto tormento.

La mirada no lograba perderse entre las tantas distracciones de aquel lugar. Cientos de pacientes a la espera de su turno. Reconocía padecer, a veces, algo de “miedo” por el futuro de su salud. Seguimos hablando mientras aguarda el correlativo paso de los números que se encontraban en un marcador, ubicado en un lateral, de la puerta del despacho de la farmacia hospitalaria.

Claudia, porque ese es su nombre, afrontaba por primera vez la ingesta de un tratamiento antirretroviral con el objetivo clínico de reducir la progresión del virus, hasta dejarlo indetectable en posteriores analíticas. Pese a todo, agradecía estar bajo el amparo de un sistema sanitario público y universal: “¿Los recortes afectarán a la gratuidad de los medicamentos y la atención en esta especialidad?”, pensaba en voz alta…

Cabe recordar que los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) han logrado rebajar a la mitad el número de personas contagiadas por la pandemia. El compromiso real de algunas administraciones y el enorme esfuerzo de las ONGD’s ha forzado este esperanzador registro; tras la implementación de numerosos y eficientes programas de promoción de la salud y acceso a los farmacos en países en vías de desarrollo.

Talleres sobre el VIH expresados en artes visuales

Talleres sobre el VIH expresados en artes visuales

Sin embargo, las cifras mundiales de ONU/Sida persisten en arrojar el abrumador dato del millón y medio de seres humanos fallecidos, el pasado año, a causa de las enfermedades oportunistas a las que abre la puerta el SIDA.

Cosa bien distinta es la terapia efectiva para tratar la infección colectiva de estigmas. Toda una asignatura pendiente que, incluso el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, ha calificado de problema a nivel global.

De gestos políticos no se vive en Paz

El conflicto bélico en la franja de Gaza deriva en una crítica salida para quienes soportan las bombas y el continuo fuego cruzado. Los años de Plomo Fundido han regresado a su contexto natural en una nueva ofensiva bélica, en toda regla. Mientras todo eso sucede, las campañas informativas, de uno y otro bando, tratan de empañar el cristal para que no se condenen las técnicas militares y sus consiguientes consecuencias bajo el prisma de los Derechos Humanos. Que, al final, acaba pagando la sociedad civil con lo más preciado y vulnerable: la vida…

Un interesado polvorín edificado en Oriente Medio es tan solo la nítida expresión del letal impacto que generan unos miserables intereses políticos y económicos en la zona. El análisis de la crueldad empleada, en las acciones militares, es vilmente usado para acusar al contrario de su extrema maldad. Pero, nunca se repara en los daños reales e insalvables en un obsesivo empleo de las armas.

Imagen seleccionada por el fotógrado Óscar Pinal

Y, al margen de la trascendencia política del conflicto, lo más terrible se traduce en las docenas de niños y personas indefensas muertas y enterradas bajo los escombros (y no donde deben) de algún edificio o casa derribado por un misil… La ausencia de humanidad se hace imprescindible para soportar un horror sin un final claro y definido.

Es evidente que el deseo por controlar los recursos energéticos y demostrar “quien tiene más músculo en este lugarno es un asunto menor. También queda patente que el pueblo Palestino no quiere seguir soportando un encarcelamiento al aire libre. Del mismo modo, los seres humanos que residen en la región Cisjordania se niegan a convivir en un permanente clima de inestabilidad a uno y otro lado de la frontera. Detrás de toda esta lectura y locura política, no podemos olvidar la continua perdida de vidas. De muchas . En múltiples ocasiones, de niños, mujeres y personas mayores expuestas al fuego enemigo o amigo, resulta difícil precisar cual ofrece un mayor peligro…

Es decir, desde el futuro hasta experiencia más enriquecedora, que pueden aportar tanto la infancia como la vejez a una sociedad, están siendo ajustciados por eludir o declinar un obligado dialogo político de Estados ante un contexto encharcado de hostilidad.

Por su parte, la comunidad internacional dice que “esta en ello. Que lo intentan con esfuerzos diplomáticos”. Sin embargo, en las mismas aceras donde se encuentran los consulados y las embajadas se dejan escuchar los silbidos de las balas y cohetes amenazando a una población ajena a las negociaciones.

Desgraciadamente, la solidaridad entre pueblos, llamados a entenderse, se ve sometida a un irremediable y radical ostracismo… Sufre una traición, cada mañana, a pesar de los supuestos intentos por pacificar la región: Horas y horas de encuentros, posiciones políticas o mensajes que se quedan en meros gestos que no lograr pilotar un verdadero y determinante proceso hacia la anhelada Paz.

 

(Este post nace de en un hondo intercambio de reflexiones en la Social Media con el fotógrafo Oscar Pinal; finalmente, responsable de la selección las imágenes gráficas y audiovisuales que acompañan a este texto)

En tierra de nadie

La odisea vital de la joven Eva se suma a la cadena de problemas humanos y sociales que azotan con virulencia en el cuerno de África. Al sacrificio de tener que emigrar de Etiopía, esta historia, habilita un cómodo e impune espacio para la Violencia de Machista.

Todo ocurre en Somalilandia, un país independiente que se localiza en el noreste de Somalia. No se encuentra reconocido como tal por ningún otro país del mundo Un aspecto que agrava más la situación para aplicar con garantías la legislación internacional en materia de Derechos Humanos. Esta imposibilidad también trasciende al ámbito de la Ayuda Oficial al Desarrollo.

Así pues, esta muchacha abandonó su tierra, con el objetivo de incrementar las oportunidades de vida, y se acabo topando con un tierra no reconocida donde el agresor sexual no es detenido, ni juzgado por un tribunal ante un delito. Eva se convirtió en una víctima de violación perpetrada por “cuatro desalmados con los instintos más bajos totalmente desbocados”. De este abominable hecho nace un hermoso bebé.

La inseguridad se impone ante espacios esenciales como el social y judicial. En estos momentos, Eva trata de sacar adelante a su pequeño en un inhóspito lugar con el apoyo de Heba, una consejera local, a pesar de tener la sensación, cada mañana, de encontrarse en tierra de nadie…

Masculinidad y equidad de género

Actor Social (Esther Pineda G).- Tradicionalmente, cuando hablamos de género, es frecuente circunscribirlo de manera automática a la situación de exclusión y subordinación a la que han estado sometidas y expuestas las mujeres en una organización social patriarcal como la nuestra, sin embargo, los estudios de género, comprenden también el estudio y preocupación por la situación del hombre y los procesos de construcción social de la masculinidad.

El género puede entenderse como una categoría relacional, que refiere a como se construyen las identidades femeninas y masculinas, los significados sociales y culturales que les son atribuidos a partir de sus diferencias biológicas y como estas se materializan en la acción social sexualizada.

Si bien es cierto, las mujeres han sufrido de manera directa los impactos del patriarcado y el sexismo, así como, su expresión y manifestación en formas  como el machismo, la violencia, entre otros, y de que los hombres gracias a su condición de hombres y su apego a la expectativa social de una masculinidad hegemónica han garantizado su acceso al sistema de privilegios, (poder, riqueza, prestigio y conocimiento), también serán significativamente afectados por la organización social androcéntrica y falonarcisista que les es impuesta.

 En nuestra dinámica social, a los hombres les ha sido concedida la actividad, la seguridad, la promiscuidad, la racionalidad, la fuerza, la delegación, la dominación, la autoridad, la violencia, la agresividad, la verdad, como elementos por naturaleza constitutivos de su condición de hombres, donde además serán considerados como personas justas, éticas y lógicas.

Los hombres se verán sujetos a modos conductuales, actitudinales y prácticas de socialización, impuestas y prefabricadas, es decir, son desprovistos de la posibilidad de construcción de una masculinidad desde la autonomía y la libertad. Se socializa una masculinidad hegemónica, en muchas oportunidades divorciada de la masculinidad real y deseada.

La masculinidad hegemónica será una masculinidad alienada, caracterizada por la violencia, una masculinidad mezquina, la cual en nuestra forma de organización social se ejerce desde el poder y para el poder, para dominar a otro, siempre mujer, pues los géneros ha sido estructurados y concebidos como categorías necesariamente antagónicas e irreconciliables.

No obstante, estas concepciones y conductas serán entendidas como condición biológica, o en el menor de los casos elecciones y construcción voluntaria de la estructura de personalidad, obviando la influencia y moldeamiento que han de ejercer entes socio-culturales sobre esas disposiciones colectivamente introducidas en las individualidades.

Ahora bien, la exigencia de apego a una masculinidad hegemónica, también tendrá consecuencias en la vida de los hombres, entre ellas, situaciones de aislamiento y represión de prácticas, conductas y emociones autónomas, se establecerá como imperativo el ocultamiento de las denominadas “debilidades” masculinas, pues de su espontanea manifestación dependerá la puesta en duda de la masculinidad y en consecuencia la posibilidad de exclusión, rechazo y estigma.

Pese a ello, la masculinidad no es una condición natural, biológica, inamovible e incuestionable, la toma de conciencia de esta situación ha motivado la incursión de los hombres en asuntos por la equidad de género, se ha hecho cada vez más frecuente la organización en grupos de hombres, contestatarios a la masculinidad hegemónica, pero también en lo que refiere la desarticulación del sistema que los condiciona.

En la actualidad se presenta como impostergable la ruptura con los criterios que se definieron como propios de la masculinidad, y por tanto la necesidad de desbiologizar, desmitificar, desgenitalizar las relaciones sociales, pues la modificación de la situación de exclusión y subordinación a la que aún están expuestas las mujeres en nuestras sociedades no puede darse de manera aislada, sin deconstruir esa masculinidad opresora, que excluye y subordina.

(Esther Pineda G. es socióloga, investigadora y escritora en las áreas de género, afrodescendencia y etnicidad. Autora del libro “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. E mail: estherpinedag@gmail.com  Twitter – @estherpinedag)

¿Quién los rescata ahora a ellos?

Ha vuelto a suceder. Y mucho nos tememos que no será la última escena de terror que protagonicen seres humanos embarcados en la temible patera de la inmigración. La tragedia tiene por costumbre reaparecer, con más frecuencia de la deseada, entre las costas de Marruecos y España.

La realidad se ha teñido de muerte en la última travesía para 54 personas procedentes del África Subsahariana: 14 de ellas perecieron a bordo y 40 se encuentran desaparecidas en la inmensidad, donde el agua se mezcla con la sal… El mar ha aplicado el mayor de sus castigos jugando durante 36 horas con la vida de 80 personas en un endeble chinchorro. A tal deriva solo lograron sobrevivir 15.

El resultado, al nuevo intento de cruzar una peligrosa frontera de agua, nos advierte de la desesperada pretensión de muchos/as por acariciar, aunque sea en sueños, una mínima oportunidad de mejorar las condiciones de vida.

Alquilar una patera hacia el abismo es la única garantía que pueden ofrecer las incontroladas mafias que operan con impunidad en las invisibles redes de la inmigración. “El resto suele convertirse en una inalcanzable expectativa”. Sólo unos pocos elegidos lo logran.

Abonados al embuste; niños, mujeres o jóvenes caen en la trampa: Ponen rumbo a un futuro que suele acabar desviándose en la mitad del camino hacia un incierto y pésimo lugar.

Muchas aventuras se detienen en una eterna espera en el monte Gurugú, próximo a la ciudad de Nador; también en Alhucemas, donde los meses se transforman en años o en la periferia de ciudad de Tánger, formando parte de un poblado de infraviviendas cercado por una intensiva policía marroquí.

Improvisados lugares. Una especie de prisiones naturales compuestas por los densos flujos migratorios, principalmente, procedentes de los países del sur del continente. Allí, la calidad de vida es una entelequia tan pírrica como la seguridad de navegar en una humilde barcaza a través del Estrecho de Gibraltar.

Las avalanchas en la valla que separa Melilla de Nador (España/Marruecos), en la frontera de Beni Enzar,  son otra imborrable evidencia del nivel de presión que un problema social global adquiere bajo la indeleble sombra de la pobreza. Vivir un poco mejor, ese gran anhelo, conduce a miles de seres humanos a empotrarse contra el grueso muro de la insolidaridad a uno y otro lado….

Organizaciones como Médicos Sin Fronteras, de forma reiterada, advierten de los continuos dramas que atienden a diario en territorio marroquí. A las severas condiciones de errar miles de kilómetros se añaden las violentas palizas de la policía marroquí. En el caso de las mujeres y niños, los peligros aumentan ante un innegable riesgo a las agresiones sexuales o exposición al maltrato continuado…

Y todo esto sucede mientras el incumplimiento de los Derechos Humanos se agudiza con deportaciones de inmigrantes a la frontera de Argelia, en pleno desierto de Oujda, a la espera de que las fuerzas cedan, sin compasión, en un medio tan hostil y cruel como poner los dos píes en una patera con casi un centenar de personas en su interior.

Es conocido que Marruecos hace el trabajo sucio de contención demográfica a Europa. De tal modo que el control fronterizo sea una prioridad por encima de cualquier consideración humana. Por su parte, España negocia un rescate de las estructuras económicas y financieras con la Unión Europea y, como contrapartida, se ceba con la Ayuda Oficial al Desarrollo convirtiéndola en una víctima indefensa de los recortes.

En los últimos meses, el deterioro de los recursos disponibles destinados a la Cooperación Internacional se ha visto acelerado. Uno de los mecanismos más humanizados para rebajar el número de migrantes, con una contribución específica y real al progreso social en las regiones deprimidas, agoniza en medio del océano del repudio.

Pensar en sustraerse a esta furiosa realidad también precisaría de un profundo plan de salvamento de la conciencia colectiva. Pero, las reflexiones más urgentes no se encuentran a esta orilla del dilema… La principal pregunta es muy escueta: ¿Quién los rescata ahora a ellos?

Desafortunadamente, al cerrar este post, la radio vuelve a las inmundas aguas del Estrecho: Informa que Salvamento Marítimo (SM) acaba de localizar otra patera, sin coordenadas fijas, con medio centenar de personas en medio de la nada, sin nada (Viernes, 26 de octubre de 2012).

Es obligado poner el punto y seguido…

Cruzando líneas rojas para la Infancia

Ser niño o niña no es una cuestión menor. Por empeño de los mayores, una gran parte de los más pequeños de nuestro de planeta residen en unas condiciones inaceptables. Necesidades básicas como comer, beber o jugar se convierten en un imposible para los menores de muchos lugares, donde, perversamente, el foco mediático está apagado a perpetuidad por un grosero desinterés sumado a una insensibilidad por las amenazas a la Infancia.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio marcan retos tan necesarios como erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal o reducir la mortalidad infantil. Aludimos al punto uno, dos y cuatro para recordar que la revisión de resultados se producirá el próximo 2015. Y todo parece indicar que han existido algunos avances pero inesperados retrocesos en aquellas sociedades en las que la deficiencia de recursos no era un asunto de Estado.

Desde hace unas horas, un exhaustivo informe ‘La infancia en España: el impacto de la crisis en los niños‘, elaborado por UNICEF, ha detonado todas las alarmas en España. Una de las conclusiones más indigestas apuntala una tasa de pobreza infantil en un porcentaje del 27,2%, es decir, más de dos millones de niños viven actualmente por debajo del umbral de la pobreza.

Esta realidad noquea nuevamente al modelo de convivencia sin dejar abierta la posibilidad a una leve recuperación. Sufrimos un constante debilitamiento de nuestro sistema de Bienestar. La codicia y avaricia individual, a buen cobijo en los mercados económicos, hacen invisibles a los posibles enemigos y, por tanto, la capacidad efectiva para combatirlos. “Esa original fórmula, que protegía a nuestros hijos de las posibles injusticias sociales, ha quedado atrapada en el desamparo”…

No convendría olvidar que “el futuro no es tal, sin la existencia de los niños”. Erradicar el empobrecimiento de sus condiciones de vida obliga a hacer todo lo contrario de lo actual. Y, además, dicha responsabilidad no es eludible.

Pero, desgraciadamente, la experiencia nos echa en cara que la Infancia ha sido reiteradamente castigada por una cadena de nefastas decisiones adultas: Guerras, conflictos, hambre, pandemias, epidemias, violencia o abusos de diferente tipología. Los niños han tenido que resignarse a padecer muchas crisis sociales y humanas a lo largo de la historia.

En innumerables ocasiones el llanto ha ganado el pulso a la sonrisa; La tristeza a el júbilo… O la desesperanza a la ilusión.

No obstante, las líneas rojas ya fueron traspasadas hace mucho tiempo. Desde hace unos años, organizaciones como Save The Children o Unicef vienen avisando que los principales problemas relacionados con la pobreza entre los niños han dejado de ser una realidad exclusiva de los países en vías de desarrollo.

Los recortes económicos han generado un imparable efecto negativo en los recursos disponibles de padres y madres para garantizar las necesidades de sus hijos. Sin embargo, en los Presupuestos Generales del Estado 2013 figuran partidas de destinadas la Infancia con una rebaja injustificada. De igual forma, la menguada cooperación desatiende este mismo ámbito, a nivel internacional, por la falta de medios y un compromiso político serio que mantenga o impulse proyectos de solidaridad.

No ocurre lo mismo en Defensa, un área que salvaguarda una cantidad de 5000 millones de euros, a pesar de disminuir un 6% con respeto al año anterior, mientras uno de cada cuatro niños padecen la crueldad de la pobreza.