Capacitados para ojear la vida

Ponerle unos ojos funcionales y eficientes a la discapacidad visual solo centra la mirada en un ser vivo muy hábil y, especialmente, generoso: el perro guía. Se ha convertido en una respetada figura en sociedad por su demostrada valía y aportación a una integración normalizada.
Tras un exhaustivo adiestramiento en la escuela de referencia de la ONCE,  los expertos deben analizar si el animal pasa el corte o no por las cualidades que presenta para desempeñar la difícil labor de ver por quienes no pueden o lo hacen con dificultad.
No todas las razas de perros son posibles para compartir la vida de una forma tan singular con una persona invidente. Los Labradores, Golden Retreiver o Pastores Alemanes se convierten en los preferidos para sortear los riesgos y amenazas de no poder ver la realidad, que nos rodea, con la nitidez precisa.
El perro guía es utilizado por ciegos y discapacitados visuales
La inteligencia responde a una virtud común a todas los perros guías que trabajan orientando a su dueño. No pondrán, jamás, en peligro la integridad de quien confía en sus ojos para desenvolverse en el día a día. Su comportamiento en lugares públicos obedece a una absoluta discreción cumpliendo con su parte en las normas de convivencia.
Otra cosa bien distinta es la aceptación que el perro, con esta misión social, tiene en algunos espacios. No es la primera vez, ni será la última, que un perro de estas condiciones sufre la prohibición de subir a un taxi, traspasar la puerta de un establecimiento de hostelería o alojarse con su propietario en la habitación de un hotel.
Para algunas conciencias, el perro es sinónimo de ser inferior que debe permanecer en un lugar diferente a las personas por diversos motivos, en muchos casos injustificados, que no vienen al caso. Cabe recordar que el derecho de acceso de las personas ciegas o con deficiencia visual, usuarias de perro-guía, está garantizado por leyes dictadas por las distintas Comunidades Autónomas. En aquellos casos en los que la normativa autonómica no contemple nada al respecto, se aplicará la regulación estatal contenida en el Real Decreto 3250/1983, de 7 de diciembre.
Pero, a pesar de tener una legislación integradora y muy clara sobre este particular, los casos de discriminación y exclusión se siguen registrando, por desgracia. La falta de sensibilidad colectiva forma parte del catalogo de problemas que padecen las personas con carencias visuales.
Muchas, si las condiciones lo permiten, deciden matricularse en el camino de la integración gracias a las excelentes propiedades  y mejor intuición del afamado ‘Perro Guía’. Por contra, existen otras miradas que poco o nada contribuyen a la normalización de las personas con discapacidad visual por no aceptar a quienes presentan diferencias físicas, psicológicas o cognitivas.
Afortunadamente, corremos la suerte de tener quien trabaja con fidelidad y devoción en que, quien no pueda, se sienta capacitado para ojear la vida a su antojo.

Objetores de la insolidaridad

La cartilla de inmigrante ya no incluye una atención sanitaria básica sustentada con medios públicos. Este gran mordisco a la supuesta universalidad del sistema recibe la comprensión y admisión de aquellos/as que justifican todo en una crisis que ha puesto al descubierto la extremada delgadez de ciertos valores sociales.

La expulsión o deportación del territorio de seres humanos, con o sin familia, es una escena que algunos estómagos son capaces de digerir como si se tratase de una suculenta cena de verano… Las últimas medidas en política social y sanitaria del gobierno español caminan, con un inesperado ánimo nacionalista, hacia la segregación de dos mundos: “El que puede y no puede pedir cita gratuita para una revisión por una posible amenaza para su salud”.

Curación o tratamiento de una dolencia que, a día de hoy, solo ha quedado a expensas de poseer una bonita combinación de números plasmados en un pasaporte o DNI. Y, en el mejor de los casos, la existencia de un contrato laboral se convierte en ese mágico salvoconducto que conduce a la consulta del médico.

Sin embargo, la negativa llega cuando se carece de alguno de estos tres aspectos mencionados… Una problemática convertida en un maquiavélico mecanismo disuasorio contra los temidos “efecto llamada”.

Una vocación inquebrantable de la solidaridad sanitaria que, poco a poco, se evapora como el buen sueño irrecuperable. “No habrá atención para los inmigrantes que no tengan regularizada la situación en el país”. Con esta serie de declaraciones, la ministra de sanidad da por rotas unas óptimas relaciones con los que decidían probar suerte a miles de kilómetros de sus profundas raíces.

Más bien, la medida parece que carga contra el eslabón más débil de la cadena. Nada o casi nada se dice de los ciudadanos comunitarios que se beneficiaron del denominado ‘Turismo Sanitario’, fomentando la inviabilidad del sistema público español. En esta habitual práctica es donde realmente reside el mayor abuso que ahora pagaran todos: Inmigrantes y Extranjeros responsables con los hospitalarios recursos de la tierra que los acogió en algún momento.

Dada esta disyuntiva, el colectivo médico ha anunciado su pretensión de ejercer la profesión desde una perspectiva humana, que no política. Por ello, más de un millar de profesionales secundan la posibilidad de respaldar en sus consultas la brillante iniciativa de la  Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria. La campaña organizada bajo el lema “Atendemos a personas, no asegurados” parece estar calando muy hondo en todos los rincones de los centros de salud.

Tanto es así que, por el momento, más de mil facultativos han confirmado su disposición de omitir la normativa administrativa acogiéndose a la objeción de conciencia contra una regulada insolidaridad.

Píe de Foto – Epicentro de la revolución

Epicentro de la revolución by Juan de Sola
Epicentro de la revolución, a photo select by Juan de Sola on Flickr.

La primavera en los países del magreb deja estampas inéditas y revolucionarias que repercuten en los progresos sociales en el largo y, en ocasiones, sinuoso recorrido por la igualdad.

Los derechos de la mujer en los modelos de convivencia, ya sea en vías de consolidación o consolidados en el desarrollo, mantienen una factura secular causada por una discriminación de género histórica.

En el presente, el papel de la mujer para motivar cambios es considerado como el epicentro de una revolución pacífica, silenciosa e inteligente.

Y solo es cuestión de tiempo… En modo de espera, las mujeres tienen una verificable experiencia e inagotables reservas de paciencia.

El virus del estigma: ‘to be continued’…

Difícil de olvidar la primera conversación con un gran especialista gallego en medicina interna sobre la incidencia del VIH/Sida. Corrían los años noventa cuando la esperanza de vida, a este lado de la realidad, era más bien poca o nula. En el recuerdo más lujoso de detalles encontramos aquella sincera declaración, poco después de iniciarse la revolución farmacológica con la aparición de la TARGA (Terapia Antirretroviral de Gran Actividad).

La grabadora de la era analógica (Cinta de casete) registró una paráfrasis que siempre ha estado presente en el frio arcón de los recuerdos; ese espacio donde nos empeñamos en conservar la vigencia de nuestra vida. “Estamos dejando atrás una etapa muy dura, aunque reconozco que perdemos un punto de romanticismo”, dijo aquel brillante facultativo, con el que el contacto sigue siendo fluido, en medio de una larga entrevista en su concurrida consulta.

En el pasado más reciente habían quedado los estériles esfuerzos de tratar a cientos de pacientes con AZT (Único abordaje terapéutico disponible) que tan solo arañaban meses de vida ante una inexorable caída libre de su sistema inmunitario.

En aquel encuentro entendimos la importancia de dos parámetros médicos asociados para familiarizarnos con la enfermedad desde el vértice científico: Los niveles de CD4 y la carga viral. Es decir, la fortaleza del sistema inmune y el número de copias del virus en sangre. Ambos resultan fundamentales para analizar y desmenuzar cualquier noticia relacionada con el campo sanitario.

Desde entonces, dedujimos que conocer o convivir con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) no era lo mismo, ni siquiera parecido. Cabe recordar que tampoco coinciden las velocidades de la ciencia y la medicina en relación a los avances sociales. “Algo parecido a la actual Europa económica”.

En efecto, es posible conocer de forma vasta la historia y evolución de una pandemia, con un punto de partida común localizado en la década de los años 80, y desconocer profundamente cuál es el día de a día de los afectados en diversos puntos del planeta. Los niveles de discriminación difieren en función del contexto social, condición sexual  o género…

Nadie cuestiona que la información es un elemento de extrema relevancia para prevenir con precisión futuros contagios, y frenar así la propagación del virus. En este sentido, según el último informe de UNAIDS (ONUSIDA), el pasado año 2010, se registraron 2,7 millones (2,4 millones–2,9 millones) de nuevas infecciones por el VIH, que incluye una cifra estimada de 390.000 (340.000–450.000) niños. Esto representa un 15% menos que en 2001, y un 21% por debajo del número de nuevas infecciones en el nivel máximo de la epidemia en 1997.

Pero, el mayor de los atrasos sigue presente en el plano social: Aún, persiste un atronador silencio, a modo de tabú, impuesto por una sociedad de prejuicios ante esta enfermedad.

Al parecer,  las sensibilidades y atenciones al portador “son solo cosa de familia”. Poco más allá se puede viajar con esta circunstancia en maleta vital. Y menos mostrarla con normalidad en el primer control aeroportuario. Más bien, incurrir en esa clase de actitudes, sigue estando considerado como una absoluta temeridad. Toda una condena insalvable en el terreno de la sociabilidad.

Padres que han retirado a sus pequeños del centro educativo al tener conocimiento de la existencia de un caso entre los niños/as que cursan el ciclo de Preescolar o Primaria. Empresarios que despiden de forma improcedente a empleados por aportar a sus defensas entre tres y cuatro pastillas al día. Relaciones sentimentales que se rompen fruto de la ignorancia por miedo a caer en las garras de “no sé qué” o culturas donde portar el virus es sinónimo de ‘una maldición espiritual enviada por los dioses’.

Todavía, cohabitan cínicos comportamientoss que oscilan entre el dislate y la incoherencia en una fingida sociedad inclusiva. Compleja fórmula que deriva en una atroz intolerancia y la práctica de una supervivencia de papel bajo la alargada sombra del estigma.

La desesperada lucha supera ya los treinta años. Y mientras un desconocido e inteligente agente microscópico mantiene una incesante escalada a los primeros puestos de las amenazas mundiales, el Virus de la Incomprensión Humana ‘to be continued’…

La doble condena de Gulnaz

El asunto debería estar clasificado entre los más graves atentados a las normas más de convivencia a escala mundial. La comunidad internacional invierte recursos en el envío de armamento, ejércitos, observadores internacionales en ciertos contextos donde parece existir una supuesta desestabilización o depresión democrática y, sin embargo, ignora o se pone de perfil ante el atropello de los derechos humanos a todos los niveles.

Sería una irreparable equivocación limitar esta problemática a una cuestión de violencia de género e injusticia social. Para empezar, una violación continuada o no atenta contra la dignidad y los derechos más básicos del ser humano. Sea cual sea su sexo, cultura o religión. En cada ocasión que se repite un hecho de esta naturaleza, el contador de daños y lesiones personales se pone a cero.

El escenario que nos golpea, estos días, en las conciencias con nuevas imágenes está basado en un modelo de convivencia que solo garantiza, por un lado, la desigualdad y, por otro, un buen trato a tan solo una parte”. Ser mujer en Afganistán puede conllevar que, dependiendo de quién te arrolle con los instintos más bajos desatados, la cárcel sea un destino inexorable simplemente por “la indecencia de no remediar un execrable ataque a la intimidad”.

Gulnaz, una joven de 19 años, se encuentra en una auténtica encrucijada. La única salida posible a su estrambótica situación pasa por emprender una huída hacia adelante contrayendo matrimonio con su agresor, y evitar así ser encarcelada durante 12 años por sufrir una violación practicada por el esposo de su prima… Según parece, las leyes del país asiático sí contemplan el delito la violación, pero con penas de prisión que debe afrontar la propia víctima al considerarlo adulterio por mantener relaciones fuera de la pareja.

Si la imagen mitológica de la justicia se quitase la venda de los ojos, se toparía con una legislación que solo favorece la impunidad de los hombres ante cualquier caso de abuso sexual. Un increíble contexto en el que desequilibrio de la balanza atribuye la máxima responsabilidad a la mujer, quien se convierte en víctima y delincuente por un mismo hecho.

Este atolladero aparenta insalvable. De no obedecer a las recomendaciones de aceptar una boda infectada no solo podría acabar en la cárcel sino que  Gulnaz podría ser sacrificada con la finalidad de purificar el honor y prestigio familiar, lo cual también apunta a una aceptación social y cultural de las normas.

Ante esto, lo más indignante ha sido la reciente intervención militar de países occidentales como Estados Unidos, Reino Unido, España, Francia, entre otros, con unos desastrosos resultados del 0,707 reflejado en el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Este indicador social se compone de tres parámetros: Calidad de vida y longevidad, educación y nivel de dignidad.

El último informe de 2011 sitúa a esta sociedad a la cola mundial ocupando el puesto número 173. A esto se añade una de las mayores puntuaciones en el Índice de Desigualdad de Género a nivel planetario con una clasificación de 141 puntos, cuando países como Noruega alcanzan una nota del  6, muy cerca del 0 (dato en el que se alcanza la igualdad integral).

Tras una presencia militar e internacional en el país, con el fingido objetivo de incrementar los niveles de calidad democráticos y mejorar la convivencia en la zona a través de planes y programas de cooperación, se pone al descubierto el intento fallido de prostituir la Ayuda al Desarrollo a políticas despiadadas por controlar una zona con intereses energéticos y geoestratégicos.

Entretanto, la joven Gulnaz seguirá sometida a un sistema y a unos recios edictos sociales y culturales ante la insultante ausencia de recursos y proyectos efectivos de lucha contra la desigualdad de género como otra forma de abordar, transversalmente o no, en función del criterio, la pobreza en una determinada realidad.

Una cartilla de racionamiento para la Cooperación al Desarrollo

Cooperar es un concepto muy amplio que, en la práctica, puede albergar intereses tan honorables como perversos. Es difícil creer que detrás de las acciones, planes o proyectos no existe una invisible línea paralela que esconde otros objetivos estratégicos para los responsables políticos. Lo contrario, sería abonarse indefinidamente a la ingenuidad.

En una ocasión, Marco Shwartz, escritor y periodista de Público, durante la celebración de un foro sobre RSE y RSC en los Cursos de Verano del Escorial, confesaba que “la coorperación no es inocente para un gobierno como el español”. Aseveración que distorsionó con el hecho de que las actuales legislaciones europeas obliguen a una administración a resevar parte del presupuesto anual a planes y Ayuda al Desarrollo.

La sensación colectiva es que esa forma de aplicar una ley, en la gestión pública, obdece a una obligación ética y humana, sin llegar a considerar la posibilidad de que las áreas denominadas prioritarias para cooperar suelen ser designadas políticamente por algo más que una necesidad diagnósticada en una realidad local. Esta sospecha no está generalizada pero si extendida entre algunos gobiernos infieles a la honestidad. “Yo te envio recursos, tu me concedes explotar tus materias primas”, caso actual en las relaciones entre España y Guinea Ecuatorial, convertidas en una de las referencias de la incorrección institucional.

Tampoco, es menos cierto, que muchas decisiones políticas dejan en el plano residual la determinación de aportar recursos al universo de la solidaridad. Y, ahora más que nunca, está forma de actuar se propaga como ese imparable virus contra el que se investiga una vacuna eficaz sin alcanzar el éxito perseguido.

El mensaje cala y sigue escalando puestos en la aceptación social. Mientras, los presupuestos adelgazan las partidas destinadas a las vidas de aquellos/as desconocidos/as y anónimos/as beneficiarios/as de la cooperación. Apoyados en los últimos estudios demoscópicos del CSIC, que ratifican el problema del desempleo y los casi cinco millones de parados como la principal preocupación de la sociedad, los responsables de la ‘Res Pública’ no encuentran un inmejorable argumento que pueda frenar una tendencia ‘alcista’ contra los proyectos de desarrollo de carácter internacional.

Peters map (Mapa de Referencia en la Cooperación)

Parece que el despegue, sin retorno, conduce a vaciar de contenido las áreas destinadas a la cooperación en el mayor de los silencios. De momento, se prosigue con la rebaja de un 40% 0 50%, en el mejor de los casos, de la consignación de fondos para este fin en los gobiernos central y autonómicos del territorio español. Una injusticia social consentida por una gran mayoría que opina con un egoismo supino: “Primero debemos arreglar lo nuestro antes de luchar contra la pobreza de otros países”.

Con este logro político y una vez consolidado el discurso de que “el momento actual es de lo más inoportuno para ser solidarios a todos los efectos”, los imparables recortes reflejados en los diseños presupuestarios solo permiten imaginar a las ONGD´s sometidas a una futura cartilla de racionamiento de recursos económicos, humanos y materiales para desarrollar sus proyectos, convirtiendo así el objetivo del 0,7% en una ridícula y absurda utopía social.

Actor Social – Estética Imperializada

Esther Pineda G.- Somos a la vez participes y espectadores de un complejo societal en el cual las minorías dirigen el destino de las mayorías, donde los patrones occidentales imperan sobre los orientales, y en el cual los criterios de validez y modos organizativos de la norteamérica capitalista intentan liderar el mundo.

Es a propósito de ello que encontramos constantemente sobre el tapete el tema del imperialismo, sin embargo, esta preocupación ha sido circunscrita fundamentalmente a los efectos de un imperialismo político y económico, hemos obviado la diversidad de espacios de la vida social y elementos de nuestra cotidianidad que han sido impregnados sigilosamente por el germen del imperialismo anglosajón.

Entre ellas llama en particular la atención el proceso mediante el cual la estética ha sido imperializada, en la mayoría de los casos pasando desapercibida en las mentes de los hombres y mujeres de nuestras sociedades modernas.

Vivimos constreñidos (as) en un sistema capitalista que dirige, controla y ha alterado la forma en que nos vemos, la forma en que deseamos vernos, es decir, nuestros gustos y deseos. Este hecho profundizará significativamente la desigualdad social existente, legitimando e inscribiendo criterios de discriminación y exclusión que habrán de trascender la subjetividad de la percepción física del otro (a), y que darán paso a la formación de dos nuevas clases sociales, definidas de antemano como antagónicas e irreconciliables: estéticos y no estéticos.

Será así como la tez blanca, el cabello rubio, y los rasgos minuciosamente perfilados ya sea por la mano de la naturaleza o de la cirugía estética, se erigen como los criterios lideradores de la belleza del mundo.

No obstante, dichos criterios prototípicos y estereotípicos a partir de los cuales habrá de definirse “lo bello”, responden a una herencia colonial eurocéntrica que promovió, mediante la imposición, la asimilación e internalización de una estética foránea.

Otrora, la belleza estuvo definida por el equilibrio entre las formas, la armonía y la naturalidad; en la actualidad, el arbitrario consenso de patrones de belleza dividió el mundo en bien (belleza) y en mal (fealdad), promoviendo en un extremo, la aceptación y reconocimiento en quienes se adecuen efectiva y eficientemente a la expectativa estética impuesta, y en quienes no, acentuará las practicas aspectistas (Discriminación por apariencia) y ostracistas (Apartar a algún miembro de la comunidad por no considerarse del agrado o interés de los demás); en el contexto de una sociedad hostil que sanciona la naturalidad con rechazo, la renuncia a la homogenización estética con exclusión y la diferencia con repulsión.

Así, la estética imperante, definida como valor supremo de belleza, responde a la lógica de un modo de producción capitalista, deshumanizadora del cuerpo mediante restricciones y modificaciones logradas mediante la sistemática persuasión y sobreestimación ejercida a través de la reproducción y cotidianización de la imagen de estrellas, modelos y cantantes.

El mundo ha perdido su soberanía estética, se ha rendido a una estética imperializada, unidimensional, uniracial, unicultural; orientada a desmantelar las culturas originarias y la diversidad, descalificando e intentando desintegrar la soberanía pluricultural y multirracial de los pueblos, mediante la motivación y promoción de la desestimación y vergüenza de los rasgos y fenotipos hindú, asiáticos, africanos o aborígenes, es decir, de todo aquel no caucásico, lo cual se convertirá inevitablemente en el motor generador de endorracismo al difuminarse los comportamientos y gustos propios de los pueblos.

Ahora bien, esta anulación y neutralización de la diferencia habrá de materializarse en la comercialización especulativa de la estética imperialista, definida como “ley superior”, sin embargo, pese a la comercialización de su ideal de belleza, de colocación de sus productos, cosméticos, peinados, accesorios y la consecuente modificación de nuestros cuerpos de acuerdo a sus criterios de belleza, seguimos siendo dentro de la lógica eurocéntrica y anglosajona, mujeres y hombres provenientes de los no azarosamente llamados por ellos pueblos atrasados, solo se espera que seamos “mejores”, es decir, que causemos menos desagrado.

No obstante, esta problemática va a profundizarse significativamente al ser interceptada por una variable de género; en una sociedad donde el hombre se ha definido como superior y donde han sido monopolizadas por el, las actividades, posiciones de poder y reconocimiento social, la mujer será obligada, cuando menos inducida, apropiarse del esteticismo como mecanismo para acceder al reconocimiento y prestigio que le ha sido históricamente negado.

Será por ello que el culto a lo estético, y la explotación de cualidades de belleza, necesariamente conducirá a una continuidad de la subordinación femenina; al ser su belleza el medio para la conquista, y donde su idea de belleza va a depender de la aprobación del hombre al cual el mercado capitalista pre-configuró sus gustos e instituyó el cuerpo de la mujer como instrumente y objeto de creación y estimulación de reacciones e intereses lúdicos.

(Esther Pineda G. es socióloga, investigadora y escritora en las áreas de género, afrodescendencia y etnicidad. Autora del libro “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. E mail: estherpinedag@gmail.com  Twitter – @estherpinedag)

La cotización al alza de la xenofobia

Eran los grandes protagonistas como Fuerza de Trabajo (FT) en el mercado laboral durante los años de una economía alegre y optimista. A otros niveles, contaban con un reconocimiento y la complicidad social para llegar a un grado absoluto de integración.

No existían dudas en abrir, de par en par, las puertas de la convivencia multicultural. La presión llegaba a los escaños del parlamento para que la legislación marcase un futuro de garantías a aquellas personas que optaban por migrar de su realidad con el objetivo de forzar un ‘cruce de caminos’ con las oportunidades.

Los avances en la tolerancia colectiva parecían proyectarse en una dirección modélica y humanizada. Cabe reconocer que los lazos de pluralidad estaban todavía en un proceso de construcción que quedó inconcluso, y mucho nos tememos que el compromiso colectivo quedará sin finalizar, al menos a medio plazo.

Sin embargo, la aceptación a recibir personas inmigrantes era elevada. Apenas surgían voces discrepantes contra la incorporación, a nuestro modelo de convivencia, de personas asediadas por las dificultades de desarrollo personal, familiar y social (DESC).

Desgraciadamante, aquellos tiempos se han convertido en un mero espejismo, “proyectado en un frágil cristal que se hace añicos con tan solo un leve golpe involuntario”. Aquel camino emprendido para eliminar a la integración del catálogo de la utopías se detuvo en los primeros kilómetros. “Falsas expectativas”.

Es más, en el presente, algunas inaceptables versiones apuntan a un nuevo secuestro del progreso social derivado de una irresponsable práctica política en favor de una gestión de la inmigración basada en dar facilidades al recien llegado. “Conductas que aparecen cuando el nuevo rico deja de serlo”.

Ese intento por fumigar una extendida plaga de intolerancia, sobre la existencia de seres humanos procedentes de la diversidad cultural, se ha convertido en el típico argumento próximo al ‘género del cinismo’. Para algunos, en el presente, no resulta difícil cambiar la careta de ‘progre por la ultraconservador’. Simplemente, porque toca o no requiere de elevados esfuerzos más que cruzar de una orilla a la otra en el discurso, se pasa sin complejos éticos de una defensa al ataque más feroz.

De la prioridad a la invisibilidad. De las leyes favorables a las redadas y deportaciones, sin apenas garantías para defender los mínimos Derechos Fundamentales. Esa es también la propuesta de algunos ‘practicantes políticos’ que inyectan dosis de intolerancia a la sociedad a traves de posiciones y programas de gobierno para arañar votos.

Lo expuesto no es un simple conjunto de apreciaciones periodísticas. Es una denuncia pública y sonora de colectivos solventes como SOS Racismo, Movimiento Contra la Intolerancia o la asociación hispano ecuatoriana Rumiñahui.

Los tres colectivos aseguran que, tras el paso del vendaval electoral del 22 de Mayo, varios partidos de inexistente tolerancia ya han logrado situar representaciones en las futuras corporaciones municipales y gobierno autonómicos, con intenciones de construir nuevos muros apoyados en la xenofobia.

Advierten que montarán un instensivo puesto de vigilancia. Temen las consecuencias en las formas en las que se dará cumplimiento a la Ley de Régimen Local (Empadronamientos y Censos municipales) y la aplicación de la Ley de Extranjeria.

“Vota”, ese término mágico de la democracia que comienza a estar cuestionado por su forma de uso (Movimiento 15M), se ha convertido en otro sibilino elemento de discriminación. A día de hoy, no todos los programas electorales están abiertos a gestionar políticas de biodiversidad social. Y, sin embargo, reciben respaldo y logran el objetivo de situarse en las administraciones con la legitimidad que otorga el sistema.

Ejercer el derecho al sufragio universal con cierto criterio no solo es una responsabilidad de quien propone sino también de quien dispone. Respaldar futuras acciones de gobierno que agreden o reduzcan los derechos de otros por su origen, condición, cultura o religión estamos obligados a recordar que colisiona contra cualquier marco constitucional.

La regresión de las políticas sociales son una supuesta consecuencia de una crisis real o inventada, según la teoria esogida. En cualquiera de los casos, la historía se ha encargado, en repetidas ocasiones, de mostrarnos la cara más deshumanizada y cruel ante enérgicos episodios de intrasigencia padecidos por personas de características sociales o raciales, entre otras, diferentes a la mayoría.

Conviene deliberar, las veces que sea necesario, antes perder la estela de la coherencia como seres humanos y pasemos a la historia siendo clasificados como la sociedad de referencia en materia de insolidaridad. Quizás, se haga necesario meditar regularmente con las sagradas escrituras de la Tolerancia, en las manos, antes de revisar de reojo la situación de los mercados, la prima de riesgo o la deuda pública.

En un mero descuido, podemos presenciar como la cotización de la xenofobia vuelve a situarse al alza sin los sencillos remedios a mano que reduzcan los irreparables y nocivos efectos de una de las patologías sociales con numersos antecentes en el pasado.

*Acceso al informe sobre ‘La evolución del Racismo y Xenofobia 2010’ de Mª Angeles Cea y Miguel S. Valles, publicado por el Observatorio Español de Racismo y Xenofobia.

Cuando el virus de la pandemia se disfraza de ERE…

Un email cargado del virus de la discriminación significó un despido fulminante para un joven letrado que prestaba brillantes servicios administrativos en una empresa dedicada a la gestión pública y privada. De una rotunda y sonora felicitación a firmar una carta de finalización de contrato.

La intercepción de un correo electrónico, enviado desde la cuenta personal del trabajador, en el que explicaba con la normalidad esperada a otro compañero su situación de VIH Positivo, derivó en la decisión fulminante de preparar, casi en tiempo record, la documentación necesaria para forzar una rápida desvinculación laboral con la gestoría para la que estaba empleado.

La comisión de presuntos delitos legales, éticos y morales se suceden en esta ‘película de terrorismo social‘, en una clara y nada disimulada apuesta por conservar los estigmas más lesivos para el desarrollo personal y profesional. “Limitar las posibilidades es un objetivo en sí, y no una consecuencia ante el presente marcado por alguna diferencia”.

 Abrir la compuerta de la intolerancia a golpe de firma de un finiquito es una política empresarial muy temida por los que prefieren, más bien, optan por seguridad, por mantener su anónima situación a cubierto, bajo el paragüas de la invisibilidad.

Ahora, el juez deberá depurar las responsabilidades necesarias por el daño o daños ocasionados, a todos los niveles, en esta actuación contra el afectado y no el agente que provoca la enfermedad (la posición más fácil). Varias preguntas, posiblemente sin respuesta: ¿Cómo debe actuar uno/a al solicitar un empleo?; ¿va a ser necesario presentar el informe clínico actualizado?; ¿este conflicto que huella deja en el expediente laboral?

A todo esto, se añade el informe sociológico que marca un porcentaje cercano al 18% de la sociedad española mostrando un firme respaldo a la posibilidad de hacer públicas las listas de personas que conviven con ese indeseado inquilino que recorre venas y arterias con la mayor de las impunidades…

Otra parte, próxima al 20%, tiene una firme creencia en legislar la obligatoriedad de buscar espacios específicos, un vez analizado el caso, con el único mótivo de garantizar la salud pública, “alejada de supuestas amenazas”. Lo más reprobable es la permisividad que la sociedad hace de esta clase de actitudes discriminatorias ante un cuadro clínico o un diagnóstico determinado.

Son conocidos los casos de maltrato, marginación o exclusión en aquellos lugares donde el acceso a la información o el desarrollo cultural flota en la superficie de la deficiencia. En cambio, en otras latitudes, han experimentado históricas revoluciones industriales o tecnológicas. Sociedades y pueblos que se jactan de haber sido invadidos por un modelo de democracia moderna que puede formar parte de nuestras exportaciones nacionales como ese gran edificio de Derechos Humanos, libertades y convivencia plural.

Sin embargo, poco o nada podríamos incluir en ese supuesto contenedor social con destino a otros lugares sobre tolerancia real y madura, cuando el VIH es el contenido del equipaje. En este punto, como en otros muchos, la hipocresía y desviar la atención de punto cardinal es el comprimido más dispensado en la farmacia colectiva.

Por ello, cuando la intolerancia se convierte en esa bandera pirata, que toda sociedad esconde para izarla en función del interés, y el virus de la pandemia acaba disfrazado de Expediente de Regulación de Empleo (ERE), el anhelo por respirar aires de Tolerancia Real sufre elevados niveles de contaminación  con descontroladas emisiones a la atmosfera social de un CO2 que, por intervalos, llega a ser de un asfixiante desamparo.

El voto de la discriminación ante la urna de la incomprensión

La situación no deja un resquicio de duda. El compromiso y la responsabilidad obligan a vestir la casaca de la denuncia. Ser beligerante ante una serie de actitudes y comportamientos negativos, más bien vejatorios, solo es parte de la solución inicial de un problema social de una dimensionada amplitud.

El derecho a ejercer el sufragio universal tiene unas condiciones limitadas para personas con capacidades diferentes. Eso es, al menos, lo que considera una interventora y candidata del Partido Popular de L’Alfàs del Pi, quien en una arrogante, altanera e discriminatoria reacción complicó más que facilitó las cosas a una mujer discapacitada con intenciones de votar en el municipio de la provincia de Alicante.

Durante todos los pasos de esta historia real aparecen recios muros de diversa tipología. Una mujer discapacitada, de avanzada edad, se dispone a acceder en una silla de ruedas al colegio electoral con las habituales barreras arquitectónicas, a la espera de una actuación comprometida para su eliminación. Es ayudada por dos Técnicos Sanitarios (TS) de generosos y nobles sentimientos.

Una vez en el interior, tras la elección de la papeleta, esta mujer se dispone a votar para lo que necesita asegurarse de su decisión. Para ello, pide a la chica que le acompaña la comprobación de que la papeleta deseada está en el interior del sobre.

Es en ese momento, cuando la interventora y, al mismo tiempo, candidata del PP prohíbe proseguir con la votación por simple hecho de haber solicitado la comprensible ayuda de otra persona.

La siguiente escena es tan rocanbolesca como indignante. Presentarse ante la urna con una capacidad diferente está supuestamente ‘penalizado’ para algunas estrecheces mentales. La pobreza espiritual lleva a la mujer, víctima de este evidente caso de discriminación, a repetir el proceso con el mismo grado de resignación que de dignidad.

La disputa verbal también se adueña del lugar entre la candidata popular, los miembros de la mesa y la joven sanitaria que flanquea las necesidades de la mujer discapacitada.

Mientras, repite la acción: coge la papeleta y la vuelve a introducir el sobre (intuimos que no apoya el programa electoral del partido que no comprende sus condiciones de vida), y lo hace ajena una actitud que, desgraciadamente, parece conocer con excesiva familiaridad. Ni se inmuta ante los injustos y continuos apercibimientos procedentes de una oscura humanidad.

Los Derechos Universales pretenden ser remplazados por supuestos matices que no se ajustan a la Ley Electoral. Pero, ¿donde caben aquí los supuestos de excepcionalidad para personas con un determinado contexto social?, ¿es posible confiar en una candidata que demuestra un desgobierno en la política social de base?

La curiosidad tan insana como la mentalidad de la popular militante de la insolidaridad nos ha llevado a revisar los resultados electorales. Afortunadamente, el pueblo ha reivindicado su soberania, situando en la oposición, con 7 concejales de 21 (comprobar resultados), a las aspirantes a la alcaldía que practican el voto de la discriminación ante la urna de la incomprensión.