Déjà vu

El barco Ocean Viking de Médicos Sin Fronteras rescata personas inmigrantes en el Mediterráneo

EFE/EPA/Hannah Wallace Bowman

La crisis humanitaria en el Mediterráneo sigue sumando años sin actuaciones determinantes para detener la sangría de personas que naufragan en su intento de llegar a Europa. Una de esos intentos, afortunadamente, contó con el rescate del barco de la ONG Open Arms. Su intervención logró salvar la vida de más de 140 personas que navegaban a la deriva en una patera. Pero, para encontrar un puerto seguro fueron necesarios más de quince días de diatribas políticas y disquisiciones judiciales.

La Isla de Lampedusa, en Italia, parecía el lugar más adecuado para llevar a cabo un desembarco a pesar del ofrecimiento, a última hora, de España de abrir varios puertos parar realizar la acogida del pasaje. Así fue. Se impuso la cordura por encima de la prevaricación política con los derechos humanos. Ningún país europeo respondió en tiempo y forma traicionando a los principios fundacionales de la Unión. Hubo que esperar a una resolución procedente de los tribunales italianos para encontrar una solución a un evidente caso de emergencia humanitaria.

La inacción ante esta serie de contextos, que se dan con demasiada frecuencia, más de la deseada, en el Mediterráneo Central, son parte de la sordera y ceguera de funcionarios públicos que niegan una realidad que, a medida que pasan los años, se va haciendo más insoportable. Sin embargo, resulta inaceptable que sigamos obligados a ser testigos directos de la muerte de personas en su intento de cruzar un mar, buscando una nueva oportunidad, convertido en una fosa común.

Se dice que las causas son estructurales. Incluso, sistémicas. Pues, quien accede a un cargo de decisión debe tener presente que una gran mayoría exigimos soluciones y no parches al goteo incesante de vidas que perecen de manera anónima. Y, desde luego, mirar para otro lado no solo es un gesto de cobardía sino un acto inhumano. Queda demostrado que los problemas no se resuelven solos. Y la inversión en blindar las fronteras solo consigue alargar una agonía para todos. Más para unos que para otros.

A esta hora, otros barcos de rescate como el OceanViking, de Médicos Sin Fronteras, también busca una autorización para entrar en un puerto seguro YA. Una historia que repite, con final desconocido. Un lamentable pasado que vuelve a imponerse en el presente. Déjà vu

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