En modo de espera

Lucha contra la pobreza infantil

La cuestión económica sí importa, y mucho. En especial cuando se trata de invertir en mejorar las condiciones de vida de las personas a través de mecanismos como la Ayuda Oficial al Desarrollo. El gobierno de España ya tiene presupuestos. En la antesala a una trascendente moción de censura, el Parlamento acabó aprobando unas cuentas, diseñadas por el Partido Popular, que ahora ejecutará el Partido Socialista.

El cambio en la presidencia del gobierno lleva implícito el cumplimiento del documento económico a pesar de que algunas decisiones, como el comisionado contra la pobreza infantil, hacen pensar que caben enmiendas o redistribución de ciertas partidas para imprimir mayor carácter a políticas sociales. Pero, de momento, sobre el papel, las cantidades fijadas suponen que para proyectos de cooperación solo se destinará un 0,22%. Muy lejos del mínimo de referencia, al que todas las administraciones se comprometieron a cumplir y no cumplen casi nunca, que se sitúa en el 0,7%. Una evidencia económica que confirma que algunos compromisos adquiridos y firmados son un precioso y frágil papel mojado.

Este comportamiento político contrasta con la voluntad generalizada de la ciudadanía. Según la última encuesta de Eurostat, un 96% de los consultados están de acuerdo, apoyan, que se incrementen las partidas dedicadas a acciones e iniciativas relacionadas a luchar contra la pobreza y la injusticia social. Es decir, que una importante parte de la sociedad entiende que la mejor solución de las crisis humanitarias se encuentra en los países de origen. Que actuar en los escenarios afectados con recursos y determinación evitaría muchas realidades asociadas a las redes de inmigración, al rapto de menores y a la violación de mujeres que hacen la peligrosa travesía migratoria o a la muerte de millares de personas que naufragan en el mar y se dejan la vida al intentar cruzar en una patera.

Es paradójico que, en la calle, la visión sea nítida y, en el congreso, se nuble la vista de varios dirigentes políticos que, dicen, representar a la ciudadanía. Desoyendo el mensaje mayoritario aprietan el botón verde para validar unas cuentas cargadas de insolidaridad con los más vulnerables. Debe ser que las paredes de la Cámara Baja inhibe tres cosas: la sensibilidad, la empatía o la humanidad de quienes ocupan algunos de los escaños. Ahora, el gobierno ha cambiado de manos. Los mensajes iniciales apuntan a priorizar medidas que den soluciones a los problemas, de mayor impacto social, a las personas sin distinción de color, acento, cultura o religión. Llega el momento de la verdad. De pasar de las palabras y los enriquecidos discursos a los hechos.

¡Solo esperemos no agotar la paciencia! Desde ya estamos a la expectativa, nos encontramos en modo de espera.

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