Enchufados

Voluntario de Proemaid Emergency porque salvar vidas no es delito

El hecho deja entornada la puerta a la esperanza. Ya se sabe que para abrirla, de par en par, la escala de prioridades en el mundo debería cambiar 180 grados, algo que parece improbable a corto y a medio plazo. Pero, en ocasiones, se dan situaciones que conceden una reparadora bocanada de aire que llena los pulmones de oxígeno puro y, mientras esto ocurre, se abren unos tímidos claros en un cielo que permanece nuboso la mayor parte del tiempo.

Desde hace siete años, los dramas humanitarios en el Mar Mediterráneo han ido en aumento. A las habituales pateras de inmigrantes, procedentes de diferentes rincones de África, asediados por la pobreza y la desigualdad, hubo que sumar una cruel guerra que, a día de hoy, nadie ha tenido capacidad o voluntad de detener. La sucesión de escenas de familias enteras, huyendo de Siria, lleva movilizando a numerosas personas que enchufan la mente y el corazón a una extraña energía conocida como solidaridad. No son pocas las ideas repentinas, improvisadas, fruto de la necesidad que han acabado transformadas en iniciativas de referencia: Proactive Open Arms o Promaid Emegency.

Dos ejemplos, dos organizaciones españolas de ayuda humanitaria que ignoran la hora y la fecha en el calendario para encender los motores y movilizar a la tripulación para evidenciar que ‘salvar vidas no es delito’. Seres humanos con un píe en el abismo y otro en una patera sin rumbo, sin unas coordenadas claras, son rescatadas por colectivos formados por profesionales de las emergencias. Estos días, tres bomberos Manuel, Julio y Quique fueron juzgados en Grecia por una intervención de salvamento en aguas de la Isla de Lesbos en el año 2015. Se les acusaba de tráfico de inmigrantes.

Según parece, actuar en casos de vida o muerte supera los límites de lo legalmente establecido para algunos sistemas judiciales europeos. Afortunadamente, al final, se impuso la coherencia y la lógica. Los tres bomberos andaluces salieron libres y sin cargos. Pero, en estas situaciones, se sufre un elevado desgaste emocional y de recursos. Tanto que divide los esfuerzos y desatiende lo importante: evitar un nuevo drama en el mar y tratar así de restar unas horas al luto diario.

Y llegados a este punto, y superadas ciertas adversidades y preparados para lo que pueda surgir, resulta incuestionable que la admiración colectiva es ya incondicional e inalterable para quienes insisten en permanecer conectados al alto voltaje de la solidaridad, obviando el riesgo de padecer otra indeseada descarga eléctrica de la justicia europea. Podemos decirlo con otras palabras: agradecidos a quienes deciden cegarse por el compromiso a pesar de las consecuencias y viven enchufados en convertir las utopías en realidades.

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