La cooperación en nuestras vidas

ONG Save The Children trabajando en terreno

La semana nos deja trágicos acontecimientos. La sede de la ONG Save The Children en la localidad de Jalalabad, en Afganistán. Un hecho que ha provocado once muertes y, al menos, veinte heridos. Este atentado, porque se trata de un ataque terrorista premeditado, fue reivindicado por el grupo Estado Islámico. No hubo piedad con quienes aportar a la reconstrucción social y humana de un país, asediado por la guerra, el terrorismo, el radicalismo político e ideológico y la pobreza.

El atentado logró su objetivo: matar y fracturar un proyecto. Tres de los once fallecidos pertenecían al equipo de la organización. Personas que tenían la convicción que, con su contribución y trabajo, podían mejorar las cosas en ese rincón del mundo. En ello se dejaron la vida. Entregaron lo más preciado que tenían a una causa. Se convirtieron en objetivos de un grupo terrorista que se sumerge en las profundidades de la sin razón para cometer esta serie de actos.

Lo triste, lo desgraciado es que hemos perdido seres humanos en este largo camino de la solidaridad. Ese conjunto de senderos que, no en pocas ocasiones, resulta cuestionado por algunas corrientes políticas y sociales con un visión etnocéntrica y conservadora. Existe quien tiene la creencia de que la cooperación internacional solo es útil para el sector de las ONGs a nivel interno y poco más. Que apenas aporta algo porque la injusticias globales no cambian de sentido a la mañana siguiente. Pero, llegados hasta este punto, resulta muy conveniente recordar que las condiciones en las que se mueven los cooperantes y las cooperantes suelen tener la alargada sombra de una amenaza para sus vidas. Y curiosamente, muchos de los proyectos que ejecutan, tiene directa relación con las malas acciones de países desarrollados sobre países en vías de desarrollo.

En suma, organizaciones como Save The Children, con escenarios tan dramáticos como este, nos recuerdan que su misión de garantizar los derechos de la infancia en Afganistán se debe a que intervenciones externas, de países occidentales, en el pasado, anuló las posibilidades de futuro de millones de niños y niñas. Qué puede tener más dignidad y más sentido humano que perder la existencia intentando cimentar un sólido futuro para la infancia. ¿Es o no importante la cooperación en nuestras vidas? Y, ¿en la de otros?

 

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