Depende de quien narre el cuento

Los grandes olvidados no parece que vayan a ser rescatados de la actual oscuridad informativa. Desde el desmantelamiento del campo de refugiados de Idomeni la situación ha variado de forma sustantiva: la realidad de las personas que huyen de la guerra y la pobreza ha pasado del primer plano a ser unas verdaderas desconocidas. Es cuestión de apagar el foco informativo para que el problema desaparezca de escena y así despreocuparse de elaborar una posible solución.

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La gestión de la crisis de los refugiados, principalmente procedentes de Siria, solo es una muestra más de la nefasta gestión que la política europea e internacional aplica a los Derechos Humanos. Ante el desastre, la mejor fórmula pasa por contratar los servicios de un tercero (Turquía) para que soporte todos los pormenores de una crisis humanitaria. A esto se le suma la retirada de agentes que puedan actuar como informadores y el asunto queda resuelto sin ahondar en las profundas causas que provocan un drama sin precedentes.

Además, la ONU advierte de un importante aumento de los niveles de pobreza a los que se enfrentan los refugiados sirios. Cada vez son más los refugiados sirios en Oriente Próximo que acaban endeudados y enfrentados a situaciones de extrema pobreza, debido a que muchos de ellos agotan sus ahorros para poder sobrevivir a raíz de la escasez de ayuda humanitaria.

En la actualidad, hay más de 4,8 millones de refugiados sirios en Turquía, Líbano, Irak, Jordania y Egipto. La comunidad humanitaria internacional lleva meses solicitando financiación para esta crisis humanitaria por un valor de 4.100 millones de euros. A inicios del mes de junio, solo se había conseguido recaudar un 30 por ciento de lo solicitado.

Entretanto, la guerra en Siria, que cumplió cinco años en marzo de este año, ha provocado la muerte más de 250.000 personas y ha desplazado a más de 11 millones de sirios. La gran mayoría deseando encontrar una segunda oportunidad apelando a la solidaridad de los europeos. Una petición que se empotró, en buena parte, con la indiferencia y una política enemistada con los Derechos Humanos.

Pasan los meses, el problema persiste y la irresponsabilidad crece a unas proporciones que solo la historia se encargará de juzgar con el debido equilibrio. Eso, siempre y cuando, la historia no la escriba y la cuente la parte más insolidaria de este dramático cuento titulado: ¡Que otro se responsabilice de los refugiados!

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