Escuelas contra la destrucción

La educación sigue siendo la única alternativa para alcanzar un desarrollo de futuro

Foto: Omar Sobhani/Reuters

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Cepillos saludables

Un simple cepillo de dientes puede suponer un notable avance en materia de salud para la infancia de una determinada zona. Esos pequeños elementos se convierten en relevantes formas de garantizar el buen estado de los niños y niñas en un lugar donde la pobreza aprieta con fuerza. No es necesario buscar una ubicación concreta para describir esta realidad por que, entre otras cosas, existen incontables contextos en los que una limpieza bucal al día evita un deterioro en bienestar de los más pequeños.

La infancia en África trata de superar la pobreza con ingenio

Y las medidas más efectivas consiste en convertir este hábito en algo parecido a un juego muy divertido. Una de las fórmulas que no se escapan a las iniciativas de las organizaciones en terreno. Combatir a las situaciones desfovorecidas con uñas y dientes tiene esta clase de cosas que ONG’s como Save The Children, UNICEF o MSF incluyen en sus programas de acción en prevención de enfermedades. El acceso a un poco de pasta y un cepillo se convierte en todo lujo que, en resumen, salva numerosas vidas tras los evidentes esfuerzos en materia de sensibilización familiar y social. Aquello que nos pasa desapercibido se traduce en una herramienta sanitaria de incalculables proporciones.

La salud y la infancia va ligados a una irrenunciable estrategia que obtiene unos eficientes resultados contra la mortalidad de los niños. Los seres más vulnerables e inocentes son capaces de agarrarse a la vida gracias a la fuerza que otorga una buena campaña preventiva a base de cepillados diarios.

Y poner en practica un programa preventivo de salud, entre las nuevas generaciones, resulta fundamental para garantizar un mínimo desarrollo de los que hoy son los hijos del futuro.

 

El ‘handicap’ de la pobreza

Los flujos migratorios tienen dos vías principales: Una desemboca en la isla italiana de Lampedusa; en la obligada travesía que separa la orilla africana de la europea ya han perecido centenares de personas. Y otra que no acaba por empotrarse contra una cortina de litros de agua salada y lo hace contra una valla metálica de varios metros de altura, punzante y vigilada por dos Estados en las fronteras de Ceuta y Melilla. En esta última, el paisaje ha sido decorado con un lustroso campo de golf ante un escenario social y humano tan insostenible como insoportable.

La inmigración es otra forma de manifestación de la pobreza y la carencia de Derechos Humanos

Foto: Antonio Ruíz/El País

Lo más llamativo es que esta instalación deportiva fue financiada con fondos europeos, según confirma la periodista Gabriela Sánchez en su reportaje de Desalambre (eldiario.es). Se diseño con la finalidad de no perder esta línea de ayudas internacionales. Y se hizo sin pudor alguno. Sin tener presente algo tan visible como la inmigración encaramada, día sí y día también, en lo alto de la valla, convertido más en un hábito que en una excepción. Personas afectadas por la pobreza más extrema huelen, ven y oyen como la opulencia se impone ante sus vidas sin pudor alguno. Un castigo injustificable después de tanto sufrimiento en la espalda.

Qué puede llegar a pasar por la mente de un inmigrante cuando, al otro lado, la vida transcurre ajena, indiferente, a problemas vinculados con la pobreza, miseria, violencia o desigualdad social. Cuando la única preocupación es ir pasado de un hoyo a otro en el menor número de golpes. Cuando el resumen de las preocupaciones vitales de algunas personas, capaces de jugar a un deporte de élite sin reflexionar sobre las evidencias que acontecen a su alrededor, son el número del palo que van a pedir al caddie.

Miles de kilómetros recorridos en unas condiciones infrahumanas: sin agua, comida y durmiendo al intemperie. Y, a unos pocos metros de distancia, el interés por introducir una bola blanca en un pequeño agujero es la única respuesta: un recibimiento obsceno y muy poco sensible teniendo en cuenta que el Gobierno de Melilla se gasta 700.000 euros anuales en el mantenimiento de las mencionadas instalaciones deportivas.

Una imagen que confluye con la intención del gobierno de España de legislar las devoluciones en caliente a Marruecos. Es decir, cualquier persona que pise territorio español será devuelta al país africano sin tener en cuenta sus circunstancias humanas. Pisoteando los acuerdos internacionales y europeos de Derechos Humanos, la Ley de Extranjería persigue incumplir conceptos tan elementales como el derecho de asilo, acogimiento u otras opciones con la finalidad de no hacer frente al fenómeno de la inmigración con políticas más indulgentes.

La inmigración es otra forma de manifestación de la pobreza humana

Foto: José Palazón

La fotografía del campo de golf, limitando con la valla, no es más que un fiel reflejo de como se gestiona uno de los problema humanos más relevantes de todos los tiempos. Es una vergonzosa evidencia de la diferencia entre el mundo rico y el mundo pobre. Deja interpretar con claridad que no existe voluntad por abordar la situación desde una perspectiva sensible a quienes viven desfavorecidos por la carencia de los recursos más básicos. Que aquellos que soportan, cada hora de su vida, el peso del hándicap de la pobreza no tienen otra salida que seguir sumergidos en el sufrimiento crónico.

De denunciantes a denunciados

Wafaa Charaf ingresó en prisión el 9 de julio en Tánger después de presentar una denuncia por secuestro, detención ilegal y amenazas de la Policía Marroquí. Fue abandonada en una carretera a once kilómetros de la ciudad marroquí de Tánger. Acababa de asistir, en aquel 27 de abril de 2014, a un mitin de apoyo a los trabajadores de la multinacional estadounidense Greif (el líder mundial en envasado industrial). Parte de la plantilla había sido despedida por crear una sección sindical. Prohibir y pulverizar cualquier estructura que permita articular una organización de defensa de los derechos laborales es una realidad muy consolidada en las prácticas de las empresas radicadas en las Zonas Francas.

Wafaa Charaf y Boubker El Kamichi fueron encarcelados en Tánger (Marruecos) por defender los Derechos Humanos

La ciudad tangerina, ubicada a menos de 14 kilómetros de las costas españolas, ofrece grandes ventajas para el libre comercio como la exención de impuestos y cargas sociales a las empresas que decidieron asentarse en este lugar. El sector textil o las manufacturas de conserva y congelado de productos del mar también disfrutan de estos grandes beneficios económicos por apostar por una deslocalización en el norte de África.

En la actualidad, Wafaa deberá pagar un alto precio por su compromiso con los derechos fundamentales de los trabajadores en las fábricas,  la democracia y la libertad de expresión en Marruecos. La denunciante acabó siendo denunciada y detenida por una supuesta falsa denuncia. El último precio impuesto son dos años de prisión cerrados.

Wafaa Charaf fue encarcelada junto Boubker El Khamlichi, líder de la Voz de la Democracia, quien también soporta una condena de un año de prisión (en suspenso) con una multa de 89 euros por una supuesta “obstrucción de la investigación.” Sin embargo, había sido absuelto en el primer juicio.

Ambos activistas militan en el Movimiento 20 de febrero. No han sido pocas las ocasiones que se han movilizado para reivindicar lo básico en un país donde se dice una cosa y se hace otra. Este colectivo rompió el silencio a raíz de la primavera árabe sobre el continuo incumplimiento de los Derechos Humanos. Exigían y exigen un cambio político, social y económico que conduzca a los marroquís a un escenario de menor pobreza.

Wafa Charaf y Boubker El Kamichi deben responder judicialmente, en Marruecos, por defender los derechos humanos

Y, de momento, la única consecuencia a tanto esfuerzo invertido es que Wafaa y Boubker han acabado ante un juez respondiendo por las acusaciones del procurador del rey (similar a un fiscal) de falso testimonio y revuelta social.

En resumen, el aparato del Estado ha sido capaz de invertir las tornas con el mayor descaro posible, convirtiendo a los denunciantes en denunciados. Así, funciona la justicia en una gran parte del mundo y muy poco se hace por remediarlo.

Refugiados en los planes de futuro

“Cada día, morían un centenar de personas aquí”, reconoce con mucho pesar Hanaa, quien revive la crudeza de lo que ahora ocurre al otro lado de la frontera al recordar lo sucedido en este lugar del Líbano, años atrás. Se encuentra una fábrica de procesamiento de cebolla abandonada en el Valle de Bekaa. Todavía, son perceptibles las consecuencias del conflicto bélico que protagonizó Israel en el pasado. De aquel intento de invasión quedó un triste legado de muerte y destrucción.

Hanaa llora por dentro cuando se refiere a sus raíces enterradas en Siria. Donde hace varios años las bombas y los cruces de disparos eran impensables. Un país que, por aquel entonces, acogió a numerosas personas que huían del Líbano por cuestiones humanitarias. A día de hoy la situación es a la inversa. Los sirios necesitan de la solidaridad de los libaneses.

Deficiente situación de los Derechos Humanos en Siria

Mohammed y Hanaa llegaron el año pasado de Raqaa (Siria). Él había estado estudiando Ciencias Sociales en la Universidad de Alepo. Ella tenía planes de convertirse en profesora de historia después de terminar sus estudios en la misma Universidad. “Ni lo uno, ni lo otro”. Ambos se han visto obligados a buscar un refugio expulsados de su propia realidad. Partir de cero. Rehacer los planes parece haberse convertido en la única alternativa para esta joven pareja.

De momento, el futuro inmediato pasa por vivir como refugiados a la espera de que todo termine algún día. El proyecto profesional y familiar deberá aplazarse hasta que las condiciones regalen un mínimo de generosidad: la resignación y paciencia son la única posibilidad para seguir manteniendo presente la esperanza de regresar a Siria con la ilusión de abrir la puerta al constructivo conocimiento para cerrar la del destructivo fuego cruzado.

A puerta fría contra el Ébola

“No toques!”, advierte la pequeña de 3 años M’ballu Jalloh, cuando su amigo trata de dibujarla en un juego infantil. Su aprehensión revela el nivel de conciencia que incluso los niños tienen ahora sobre el Ébola en la ciudad de Kailahun, en el este de Sierra Leona, cerca de las fronteras de Guinea y Liberia.

Campaña contra el ébola en Sierra Leona

Al menos 2.455 casos de la enfermedad han sido reportados a través de Sierra Leona al 5 de octubre, lo que resulta en más de 700 muertes. M’ballu está entre los 1,5 millones de personas que han sido alcanzadas por la enfermedad a pesar de Tok Ose-a-Ose (Campaña de puerta a puerta) que septiembre, ONU Mujeres inició en Kailahun. Casi 29.000 jóvenes mujeres y hombres voluntarios – de diferentes perfiles, regiones, religiones, tribus y líneas políticas – trabajaron juntos durante tres días, dejando atrás su residencia habitual para llegar a las aldeas más remotas.

“Estoy haciendo esto por el amor de mi país, porque ninguna cantidad de dinero puede ser comparado con el riesgo que implica”, dijo la activista Jatu Kaneh. Los voluntarios comenzaban temprano, sobre las 5:30 AM, transitando caminos impracticables y, a veces, bajo fuertes lluvias. Algunos incluso tuvieron que  utilizar sus motos particulares para poder participar en la iniciativa y transportar el material preventivo: La gran mayoría se sometieron a un intensivo periodo formativo, previo, para aprender sobre la enfermedad y el papel que juegan durante la campaña.

‘Puerta a puerta’ fue un éxito al lograr alcanzar una incidencia de más del 80 por ciento de los hogares:1,5 millones de personas de Sierra Leona. También, fueron descubiertos 92 cadáveres y se lograron confirmar 130 casos de Ebola.

Uno de los sobrevivientes más jóvenes huérfanos de Ébola en Sierra Leona es la niña de 21 meses de edad Neima Kanu (alias). Toda su familia murió en el Centro de Gestión de Médicos Sin Fronteras. De los 1.423 niños de Sierra Leona que han sido afectados por el virus al 30 de septiembre de 2014, 367 se han quedado huérfanos. A menudo son rechazadas por los miembros sobrevivientes de la comunidad y la familia.

Ahora, Naciones Unidas está renovando los antiguos centros de rehabilitación utilizados durante la guerra civil del país para dar cabida a los niños huérfanos y abandonados, así como personal de enfermería que ahora están estigmatizados debido a su contacto con los pacientes.

Ingenio infantil

Varios niños palestinos juegan dentro de una habitación muy dañada en un edificio parcialmente destruido en al-Tufah, al este de la ciudad de Gaza. Los juegos se han tenido que adaptar a los nuevos tiempos después de la devastadora guerra de 50 días entre Israel y los militantes de Hamas. El gobierno palestino ya ha dado a conocer un plan de reconstrucción: Esta nueva acción social tendrá un coste de 4.ooo millones de dolares para reconstruir el territorio devastado por la guerra. El principal objetivo es construir viviendas para unas 100.000 personas que se quedaron sin hogar.

La infancia en Gaza busca formas de jugar al margen de las destrucción

El escenario actual (olvidado para una gran mayoría de la comunidad internacional) no deja apenas espacio para el desarrollo de las futuras generaciones. Los menores, igual que los mayores, se ven obligados a improvisar en su día a día. Los recursos educativos son insuficientes para habilitar un futuro estable para la infancia. Los lugares para el ocio y el recreo son escasos. Por no decir, inexistentes. El decadente paisaje de las calles transmite sensaciones poco ilusionantes para la mirada de un niño.

Pero, el ingenio infantil se deja notar en cada rincón. Explota en cada esquina. Allí donde se encuentren unos mínimos metros cuadrados sin cascotes, escombros o un ‘checking point’, los niños ocupan ese espacio con la idea de jugar a pesar de las condiciones que presenta la espinosa realidad. No hay excusa para no dar una patada a un balón, esconderse detrás de las ruinas de un edificio o instalar un columpio dentro de casa para compartir buenos ratos con los amigos.

Una vez más, en este lugar del mundo, queda patente que “con muy poco se hace mucho”. Curiosamente, una filosofía de vida muy extendida en aquellos países donde la pobreza o la injusticia están más presentes que ausentes.

¿Qué puede cambiar el mundo?

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Las decisiones importantes parece que son un campo solo abonado para mentes adultas que expropian parcelas de futuro de las nuevas generaciones. En muy pocas ocasiones se ha agacha la oreja para escuchar las inquietudes de niños y adolescentes sobre el mundo que desean recibir y gestionar.

Son muy pocas las veces que un mandatario es permeable a las peticiones más basicas de un menor. La legislación internacional de los Derechos de la Infancia está elaborada por los mayores que dirigen los destinos del planeta en organismos y asambleas como las que se celebran en la ONU. Es cierto que resulta necesaria la aportación y participación de los adultos para una serie de cometidos políticos y administrativos.  Ahora bien, esto no puede ser sinónimo de usurpación de espacios, por norma. Una realidad que acontece con mayor frecuencia de la deseada.

Es decir, mayores decidiendo por los pequeños que sienten como son tenidos en cuenta solo para justificar determinadas acciones. Ocurre lo mismo con las leyes de género: en la mayor parte, son hombres quienes redactan y debaten dichas leyes en un parlamento. Toda una contradicción. Y los hechos son muy tozudos: ¿cuántos niños padecen pobreza?, ¿por qué los recursos educativos no llegan a todos?, ¿quienes son los principales perjudicados en los conflictos bélicos? Algunos ejemplos que obtienen siempre una respuesta indeseable.

Se habla y predica de un futuro para las generaciones venideras que nunca llegará. Se insiste en construir desde un base no cimentada por educación, salud y protección social. Mas bien, todo lo contrario. La reacción suele ser tardía cuando el problema ya es irreversible. Y, en la mayoria de los casos, un lápiz,  tal y como divulga Malala, actual premio Nobel de la Paz 2014: “un pupitre y un libro hubiesen sido elementos suficientes para provocar cambios sociales en diferentes culturas y contextos del mundo”.

‘Las abuelas son guerreras’

Abuelas Kurdas

Un grupo de mujeres de la tercera edad kurdas se ha levantado en armas

Ocurre en una pequeña villa fronteriza entre Siria y Turquía. En este lugar, las mujeres más veteranas han llegado a una adoptar una determinación sin precedentes: tomar las armas para defender lo suyo. Aquello que ha formado parte de sus vidas desde hace varias décadas. La ciudad de Kobane se encuentra amenazada por el ejercito yihadista del Estado Islámico. Desde hace varios días el asedio está siendo insoportable para la población civil.

Las abuelas kurdas lo han tenido muy claro: empuñar un Kaláshnikov es la única salida que queda para no convertirse en víctimas de un conflicto o en meras refugiadas en un campo situado en medio de la nada. Antes de llegar a tal situación prefieren enfrentarse a quienes osan agredir y desplazar a un pueblo por la falta de coincidencia en las creencias religiosas. Cabe recordar que nadie ha conseguido dar con una justificación convincente para arrebatar la vida, de una u otra forma, a otra persona por cuestiones teológicas, políticas, culturales o sociales.

Las guerras o los conflictos bélicos no logran otra cosa que destrucción y muerte. Puede sonar a tópico o reiteración pero la terquedad de la historia nos induce a repetir una y otra vez la reflexión habitual. En este sentido, la utilización de la violencia para resolver diferencias entre dos partes no ha variado con el paso de los años. Los procesos de Paz han sido incontables con notables resultados en algunos casos y nulos en otros. Aunque, parece que se aprende poco o nada de estas cosas. De la necesidad de mantener un estado pacífico para implementar un desarrollo humano real.

Pero, en el caso que nos ocupa, se antoja difícil dar con la clave de la solución cuando los primeros interesados en mantener la inestabilidad llega de países externos. Aquellos que después participarán en la reconstrucción y en la articulación de políticas de cooperación muy orientadas al lucro comercial y empresarial, a pesar de que el mensaje integre la palabra ‘solidaridad’ con otros pueblos.

Las abuelas guerreras deben hacer reflexionar a los responsables de un verdadero fiasco en la región, donde parece que el final está más lejos que cerca. Mientras tanto, los ancianos seguirán optando por defender lo poco que tienen o les queda porque admiten que “una vez se ha llegado a estos niveles de hostilidad en la vida, no hay nada que perder y temer”.

‘Abogada del diablo’

Alejandra Ancheita gana el Noble de Derechos Humanos

El trabajo comprometido de Alejandra Ancheita sale a la luz con la concesión del premio Nobel de Derechos Humanos 2014. Esta activista y abogada mexicana fundó la ‪‎ONG‬ ProDESC con el objetivo de defender a las comunidades indígenas‬ de amenazas y agresiones de las empresas mineras y energéticas. Tampoco se olvida de los problemas derivados de la condición de inmigrante. Personas que optan por buscar mejores condiciones de vida alejadas de su arraigo familiar.

Desde su oficio de letrada, empleó con contundencia todo el conocimiento para reivindicar los derechos de personas desfavorecidas o en situación de desamparo en México. Reducir el maltrato y la discriminación a las personas de cultura indígena se ha convertido en el principal esfuerzo de una mujer entregada en reivindicar lo que es justo a nivel legal y social. Por mantener una postura inflexible ante la constante violación de derechos fundamentales, toda la plantilla de trabajadores de la organización que dirige Ancheita ha sufrido amenazas de muerte. Y no una sino varias veces.

En ocasiones, han sido objeto de seguimiento y vigilancia por denunciar a empresas de prospección y explotación minera una evidente falta de garantías y respeto hacia las comunidades indígenas que residen en zonas ricas en minerales o fuentes de energía. Las actuaciones legales no son nuevas en el campo de los Derechos Humanos. El coraje por afrontar este tipo de casos no han significado una limitación para Alejandra. Todo lo contrario: considera que las acciones contra las injusticias fragantes no deben quedar impunes e invisibles a ojos del mundo.

Denominada como la ‘abogada del diablo’ por sus detractores ha creído siempre en la voluntad y capacidad de perseguir a la justicia hasta las últimas consecuencias. No ha sido fácil; pero, eso lo tuvo claro desde el principio de su activismo. Suma ya tres lustros liderando una causa que logró poner en situaciones muy complicadas a multinacionales por no deponer sus intenciones de pisar y cercenar la dignidad de pueblos con una cultura diferente al modo de vida convencional.

Ha soportado campañas de desprestigio cargadas de una incontable cantidad de calumnias sobre su proceder. Sin embargo, ahora, este premio internacional le permite enterrar cualquier posible duda sobre su labor como una mujer de referencia incuestionable en el campo de los Derechos Humanos en el mundo.

Secuestrados por la pobreza

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El nivel de consumo no determina el grado de felicidad para ningún ser humano. Es muy cierto que los recursos proporcionan o respaldan el bienestar social. Sin embargo, la continua inducción al gasto en artículos materiales genera una elevada sensación de exigencia para alcanzar una supuesta vida completa.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, los servicios básicos y las oportunidades adolecen para millones de personas que sueñan con acabar el dia habiendo ingerido dos platos de comida y algo de agua para mitigar las debilidades del organismo. Esas cuestiones fundamentales, sea cual sea su edad de la persona, precisa para mantener las constantes vitales activas.

Los desiliquibrios son constantes, casi imparables. El descontrolado y desproporcionado consumo, en una parte, evita la involución, en otra. Una ecuación inalterable que no modifica el rumbo a pesar de los incisivos intentos de organizaciones e instituciones sociales. La llamada al consumo responsable se transforma en una omisión al deber más fundamental: solidaridad con las necesidades ajenas.

Un tercio del planeta vive y desperdicia a costa de las otras dos partes restantes. No es un dato nuevo y sí reiterado hasta la saciedad. Una cifra que sólo conmueve lo justo para registrar pequeños cambios que resultan insuficientes para un objetivo tan justo como ambicioso: equilibrar las posibilidades de vida de millones de seres humanos secuestrados por la pobreza.

Huellas imborrables

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La catástrofe de Lampedusa puso en evidencia a una Unión Europea en la aplicación de políticas humanitarias y, sobre todo, relativas a los flujos migratorios.
Ha pasado un año desde el hundimiento de aquella endiablada barcaza en la que perecieron centenares de seres humanos por la falta de un rescate oficial en aguas internacionales de Italia. Ese lamentable y reprobable episodio despertó las vergüenzas de una comunidad internacional aburguesada con el cumplimiento de los derechos humanos.

Lo más curioso es que pateras cargadas de personas (madres, padres, abuelos, niños,  jóvenes,  adultos) buscan la esperanza de toparse con una vida mejor acondicionada. Un espacio de desarrollo humano donde el riesgo a morir no sea constante. Donde la pobreza sea una historia del pasado, y no del presente.

La isla de Lampedusa ha pasado a la memoria colectiva como ese lugar donde los inmigrantes chocan con la injusticia de dos mundos; o lo que es peor, con la fría indiferencia de un conjunto de sociedades que suelen velar por intereses internos sin reparar en los externos.

Tener fronteras naturales o artificiales tiene estás desagradables e inasumibles consecuencias de comprobar, día sí y día también, como miles de almas buscan burlar unas barreras que definen las desigualdades entre una parte y otra del mundo. Aunque, eso signifique dejarse la vida en ello dejando huellas imborrables por el camino.