De gestos políticos no se vive en Paz

El conflicto bélico en la franja de Gaza deriva en una crítica salida para quienes soportan las bombas y el continuo fuego cruzado. Los años de Plomo Fundido han regresado a su contexto natural en una nueva ofensiva bélica, en toda regla. Mientras todo eso sucede, las campañas informativas, de uno y otro bando, tratan de empañar el cristal para que no se condenen las técnicas militares y sus consiguientes consecuencias bajo el prisma de los Derechos Humanos. Que, al final, acaba pagando la sociedad civil con lo más preciado y vulnerable: la vida…

Un interesado polvorín edificado en Oriente Medio es tan solo la nítida expresión del letal impacto que generan unos miserables intereses políticos y económicos en la zona. El análisis de la crueldad empleada, en las acciones militares, es vilmente usado para acusar al contrario de su extrema maldad. Pero, nunca se repara en los daños reales e insalvables en un obsesivo empleo de las armas.

Imagen seleccionada por el fotógrado Óscar Pinal

Y, al margen de la trascendencia política del conflicto, lo más terrible se traduce en las docenas de niños y personas indefensas muertas y enterradas bajo los escombros (y no donde deben) de algún edificio o casa derribado por un misil… La ausencia de humanidad se hace imprescindible para soportar un horror sin un final claro y definido.

Es evidente que el deseo por controlar los recursos energéticos y demostrar “quien tiene más músculo en este lugarno es un asunto menor. También queda patente que el pueblo Palestino no quiere seguir soportando un encarcelamiento al aire libre. Del mismo modo, los seres humanos que residen en la región Cisjordania se niegan a convivir en un permanente clima de inestabilidad a uno y otro lado de la frontera. Detrás de toda esta lectura y locura política, no podemos olvidar la continua perdida de vidas. De muchas . En múltiples ocasiones, de niños, mujeres y personas mayores expuestas al fuego enemigo o amigo, resulta difícil precisar cual ofrece un mayor peligro…

Es decir, desde el futuro hasta experiencia más enriquecedora, que pueden aportar tanto la infancia como la vejez a una sociedad, están siendo ajustciados por eludir o declinar un obligado dialogo político de Estados ante un contexto encharcado de hostilidad.

Por su parte, la comunidad internacional dice que “esta en ello. Que lo intentan con esfuerzos diplomáticos”. Sin embargo, en las mismas aceras donde se encuentran los consulados y las embajadas se dejan escuchar los silbidos de las balas y cohetes amenazando a una población ajena a las negociaciones.

Desgraciadamente, la solidaridad entre pueblos, llamados a entenderse, se ve sometida a un irremediable y radical ostracismo… Sufre una traición, cada mañana, a pesar de los supuestos intentos por pacificar la región: Horas y horas de encuentros, posiciones políticas o mensajes que se quedan en meros gestos que no lograr pilotar un verdadero y determinante proceso hacia la anhelada Paz.

 

(Este post nace de en un hondo intercambio de reflexiones en la Social Media con el fotógrafo Oscar Pinal; finalmente, responsable de la selección las imágenes gráficas y audiovisuales que acompañan a este texto)

En tierra de nadie

La odisea vital de la joven Eva se suma a la cadena de problemas humanos y sociales que azotan con virulencia en el cuerno de África. Al sacrificio de tener que emigrar de Etiopía, esta historia, habilita un cómodo e impune espacio para la Violencia de Machista. Sigue leyendo

Masculinidad y equidad de género

Actor Social (Esther Pineda G).- Tradicionalmente, cuando hablamos de género, es frecuente circunscribirlo de manera automática a la situación de exclusión y subordinación a la que han estado sometidas y expuestas las mujeres en una organización social patriarcal como la nuestra, sin embargo, los estudios de género, comprenden también el estudio y preocupación por la situación del hombre y los procesos de construcción social de la masculinidad.

El género puede entenderse como una categoría relacional, que refiere a como se construyen las identidades femeninas y masculinas, los significados sociales y culturales que les son atribuidos a partir de sus diferencias biológicas y como estas se materializan en la acción social sexualizada.

Si bien es cierto, las mujeres han sufrido de manera directa los impactos del patriarcado y el sexismo, así como, su expresión y manifestación en formas  como el machismo, la violencia, entre otros, y de que los hombres gracias a su condición de hombres y su apego a la expectativa social de una masculinidad hegemónica han garantizado su acceso al sistema de privilegios, (poder, riqueza, prestigio y conocimiento), también serán significativamente afectados por la organización social androcéntrica y falonarcisista que les es impuesta.

 En nuestra dinámica social, a los hombres les ha sido concedida la actividad, la seguridad, la promiscuidad, la racionalidad, la fuerza, la delegación, la dominación, la autoridad, la violencia, la agresividad, la verdad, como elementos por naturaleza constitutivos de su condición de hombres, donde además serán considerados como personas justas, éticas y lógicas.

Los hombres se verán sujetos a modos conductuales, actitudinales y prácticas de socialización, impuestas y prefabricadas, es decir, son desprovistos de la posibilidad de construcción de una masculinidad desde la autonomía y la libertad. Se socializa una masculinidad hegemónica, en muchas oportunidades divorciada de la masculinidad real y deseada.

La masculinidad hegemónica será una masculinidad alienada, caracterizada por la violencia, una masculinidad mezquina, la cual en nuestra forma de organización social se ejerce desde el poder y para el poder, para dominar a otro, siempre mujer, pues los géneros ha sido estructurados y concebidos como categorías necesariamente antagónicas e irreconciliables.

No obstante, estas concepciones y conductas serán entendidas como condición biológica, o en el menor de los casos elecciones y construcción voluntaria de la estructura de personalidad, obviando la influencia y moldeamiento que han de ejercer entes socio-culturales sobre esas disposiciones colectivamente introducidas en las individualidades.

Ahora bien, la exigencia de apego a una masculinidad hegemónica, también tendrá consecuencias en la vida de los hombres, entre ellas, situaciones de aislamiento y represión de prácticas, conductas y emociones autónomas, se establecerá como imperativo el ocultamiento de las denominadas “debilidades” masculinas, pues de su espontanea manifestación dependerá la puesta en duda de la masculinidad y en consecuencia la posibilidad de exclusión, rechazo y estigma.

Pese a ello, la masculinidad no es una condición natural, biológica, inamovible e incuestionable, la toma de conciencia de esta situación ha motivado la incursión de los hombres en asuntos por la equidad de género, se ha hecho cada vez más frecuente la organización en grupos de hombres, contestatarios a la masculinidad hegemónica, pero también en lo que refiere la desarticulación del sistema que los condiciona.

En la actualidad se presenta como impostergable la ruptura con los criterios que se definieron como propios de la masculinidad, y por tanto la necesidad de desbiologizar, desmitificar, desgenitalizar las relaciones sociales, pues la modificación de la situación de exclusión y subordinación a la que aún están expuestas las mujeres en nuestras sociedades no puede darse de manera aislada, sin deconstruir esa masculinidad opresora, que excluye y subordina.

(Esther Pineda G. es socióloga, investigadora y escritora en las áreas de género, afrodescendencia y etnicidad. Autora del libro “Roles de género y sexismo en seis discursos sobre la familia nuclear”. E mail: estherpinedag@gmail.com  Twitter – @estherpinedag)