Píe de foto: Enamorados de la integración ‘sin barreras’

Dos jóvenes disfrutan de un arenal accesible en el litoral de la ciudad de Barcelona

La imágen suma varios años desde su composición. Hasta hace unas horas residía en el clandestino archivo de una ilustre periodista mexicana. Fue capturada por Priscila Hernández en uno de los últimos viajes a Barcelona para recoger un reconocimiento otorgado por su gran labor social y periodística al frente de un micrófono en la Radio Universitaria de Guadalajara.

Su blog ‘La Otra Nota’, un espacio donde las voces e historias ocultas reciben la intensidad de luz necesaria, publica esta fotografía con un agudo tono de reivindicación social. En el escenario, una silla de ruedas advierte de una determinada situación individual que la apasionada manifestación de los sentimientos de la pareja se encarga de vestir de normalidad para, paso siguiente, enamorar a los amantes de la integración y la convinvencia plural.

La temática sobre la accesibilidad de las playas para personas con discapacidad tratada en el programa ‘Sin Barreras‘, que se emite en el canal de Agareso Radio, motivó la producción de un post (leer integro), ilustrado por una foto inedita de gran valor, como respuesta generosa a una muestra del potencial que esconde la Comunicación para el Desarrollo (CpD).

http://www.ivoox.com/cogami-sin-barreras-accesibilidad-las_md_808021_1.mp3″

(Este espacio está protagonizado por los usuarios de los centros de la Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (Cogami). Se emite con carácter semanal. Desde hace año y medio, es una de las fórmulas de expresión, denuncia y desarrollo de habilidades)

Una salud infantil amenazada por las negligencias políticas y sociales

Seguimos fracasando como seres humanos en el momento que izamos la bandera de la humanidad. Insistimos en utilizar una de esas telas de mala calidad que el tiempo evidencia con la degradación de los colores y la propia insignia. La insaciable meta del enriquecimiento personal y una nefasta distribución de los recursos construye un escenario marcado por la desgracia para cerca de 350 millones de niños en el planeta.

No es la primera ocasión que Save the Children intenta atizar en las conciencias con la escalofriante confirmación de una escasez de primer orden. Acaba de denunciar que “son necesarios 3,5 millones de trabajadores sanitarios para garantizar una mínima atención infantil en el mundo”. El mayúsculo, por no decir global, problema no empieza y termina con este dato aportado por la ONG.

Al parecer, este hecho podría amenazar, en algún momento, a la vida de centenares de millones niños y niñas que a lo largo de su existencia no recibirían una mínima asistencia sanitaria cualificada. Dicho de otra forma, nunca sería atendidos por un profesional técnico en esta materia, circunstancia que reduce la esperanza de vida a un máximo de cinco años en países como Liberia, Etiopía o Nigeria.

De media, los actuales sanitarios distribuidos en áreas y regiones del mundo con un nulo Estado del Bienestar (EB) precisan de dos horas para responder ante una necesidad en los ámbitos rurales, donde la rebaja de los índices de mortalidad infantil son un objetivo hueco y anodino con los actuales recursos. Por lo visto, solo en las áreas urbanas existen servicios dotados con trabajadores de esta categoría en una mínima proporción.

Lo destacado de estas ‘deshumanizadas’ referencias es que la última asamblea de Naciones Unidas (ONU) tuvo conocimiento de este informe relacionado con la calidad de la atención sanitaria a la Infancia. “La formación de nuevos técnicos podría redundar en actos sanitarios tan básicos como la  óptima dispensación de una vacuna o la buena atención en los partos”.

Como ya es norma, los países presentes en el marco de la ONU lamentan tal situación, pero, tal y como marca el guíón, a continuación se ponen de perfil para no verse obligados a ocuparse de un problema “de todos, y de nadie”.

Y no alberga dudas que este irresponsable comportamiento político vuelve a dejar al trasluz que los Objetivos de Desarrollo del Milenio comienzan a ser un estorbo por la proximidad del año 2015. Para algunas naciones y sus gobernantes, el cumplimiento de los compromisos transnacionales resultan inviables ante la actual situación de crisis económica que “todo lo argumenta, y todo lo ampara”.

Un río turbulento de la económia que confluye en el afluente de una descarada y abominable excusa para encarcelar en el cajón del olvido el objetivo número 4 (Reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años), el objetivo número 5 (Mejorar la salud materna), e incluso el objetivo número 6 (Combatir el VIH/Sida).

Mientras prevalece esta nefasta y letal táctica en las decisiones políticas, las futuras generaciones continuan a la espera de que la humanidad aumente las distancias con esa bifurcación que conduce al estrepitoso camino del fracaso colectivo.

Por el momento, urge que el verdadero recorte se produzca en los actuales tiempos de respuesta ante continuas negligencias internacionales en el estricto cumplimiento de los retos de desarrollo marcados para el presente milenio.

Por eso, seguir sometiendo la salud infantil a la amenaza de la negligencia política y social es una indignante forma de renunciar a los principios básicos y fracasar definitivamente como seres humanos.

Una cartilla de racionamiento para la Cooperación al Desarrollo

Cooperar es un concepto muy amplio que, en la práctica, puede albergar intereses tan honorables como perversos. Es difícil creer que detrás de las acciones, planes o proyectos no existe una invisible línea paralela que esconde otros objetivos estratégicos para los responsables políticos. Lo contrario, sería abonarse indefinidamente a la ingenuidad.

En una ocasión, Marco Shwartz, escritor y periodista de Público, durante la celebración de un foro sobre RSE y RSC en los Cursos de Verano del Escorial, confesaba que “la coorperación no es inocente para un gobierno como el español”. Aseveración que distorsionó con el hecho de que las actuales legislaciones europeas obliguen a una administración a resevar parte del presupuesto anual a planes y Ayuda al Desarrollo.

La sensación colectiva es que esa forma de aplicar una ley, en la gestión pública, obdece a una obligación ética y humana, sin llegar a considerar la posibilidad de que las áreas denominadas prioritarias para cooperar suelen ser designadas políticamente por algo más que una necesidad diagnósticada en una realidad local. Esta sospecha no está generalizada pero si extendida entre algunos gobiernos infieles a la honestidad. “Yo te envio recursos, tu me concedes explotar tus materias primas”, caso actual en las relaciones entre España y Guinea Ecuatorial, convertidas en una de las referencias de la incorrección institucional.

Tampoco, es menos cierto, que muchas decisiones políticas dejan en el plano residual la determinación de aportar recursos al universo de la solidaridad. Y, ahora más que nunca, está forma de actuar se propaga como ese imparable virus contra el que se investiga una vacuna eficaz sin alcanzar el éxito perseguido.

El mensaje cala y sigue escalando puestos en la aceptación social. Mientras, los presupuestos adelgazan las partidas destinadas a las vidas de aquellos/as desconocidos/as y anónimos/as beneficiarios/as de la cooperación. Apoyados en los últimos estudios demoscópicos del CSIC, que ratifican el problema del desempleo y los casi cinco millones de parados como la principal preocupación de la sociedad, los responsables de la ‘Res Pública’ no encuentran un inmejorable argumento que pueda frenar una tendencia ‘alcista’ contra los proyectos de desarrollo de carácter internacional.

Peters map (Mapa de Referencia en la Cooperación)

Parece que el despegue, sin retorno, conduce a vaciar de contenido las áreas destinadas a la cooperación en el mayor de los silencios. De momento, se prosigue con la rebaja de un 40% 0 50%, en el mejor de los casos, de la consignación de fondos para este fin en los gobiernos central y autonómicos del territorio español. Una injusticia social consentida por una gran mayoría que opina con un egoismo supino: “Primero debemos arreglar lo nuestro antes de luchar contra la pobreza de otros países”.

Con este logro político y una vez consolidado el discurso de que “el momento actual es de lo más inoportuno para ser solidarios a todos los efectos”, los imparables recortes reflejados en los diseños presupuestarios solo permiten imaginar a las ONGD´s sometidas a una futura cartilla de racionamiento de recursos económicos, humanos y materiales para desarrollar sus proyectos, convirtiendo así el objetivo del 0,7% en una ridícula y absurda utopía social.