Actor Social – “La tarea escolar” ¿Lucha, aprendizaje u otra forma de Maltrato Infantil?

Norelys Rivas.- Por experiencia se que los niños y niñas con mejor rendimiento escolar, por lo general cuentan con unos padres o responsables de su aprendizaje en casa, comprometidos con el proceso educativos de los infantes que tienen bajo su responsabilidad, les transmiten confianza y además les enseñan que la tarea es una parte fundamental de este proceso y por tanto deben ser responsables de ello para tener éxito en el futuro.

Por otro lado, también he podido observar como ‘Día a día’ algunos hogares se convierten en un campo de batalla (metafóricamente), donde prevalece el sufrimiento del niño y el estrés de los padres, y es que “ha llegado la hora de la tarea”. Y surge como una sombra silenciosa la figura del maltrato infantil, donde los insultos, golpes, templones y otros tipos de agresiones afloran para hacer de ese momento el más indeseado por los niños y las niñas.

Mucho se ha hablado acerca de lo necesario o contraproducente de la tarea escolar. Pero la tarea escolar bien entendida debe ser una forma de afianzar aprendizajes y aclarar aquellas dudas que surgen de una clase. Del mismo modo permite o debería permitir abrir espacios para la lectura y la investigación por lo cual debe ser vista como una oportunidad diaria para progresar en el proceso y al mismo tiempo generar un impacto positivo en sus vidas, creando hábitos de estudios muy necesarios en el futuro estudiantil de los niños y niñas.

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“La tarea Escolar” ¿Lucha, Aprendizaje u otra forma de Maltrato Infantil?

(Norelys Rivas es licenciada en Educación y trabajadora en el ámbito social en  la prevención del maltrato y la violencia contra la niñez y adolescencia, por los derechos y los valores fundamentales de la familia en Puerto Ordaz, Ciudad Guayana/ Venezuela)

El voto de la discriminación ante la urna de la incomprensión

La situación no deja un resquicio de duda. El compromiso y la responsabilidad obligan a vestir la casaca de la denuncia. Ser beligerante ante una serie de actitudes y comportamientos negativos, más bien vejatorios, solo es parte de la solución inicial de un problema social de una dimensionada amplitud.

El derecho a ejercer el sufragio universal tiene unas condiciones limitadas para personas con capacidades diferentes. Eso es, al menos, lo que considera una interventora y candidata del Partido Popular de L’Alfàs del Pi, quien en una arrogante, altanera e discriminatoria reacción complicó más que facilitó las cosas a una mujer discapacitada con intenciones de votar en el municipio de la provincia de Alicante.

Durante todos los pasos de esta historia real aparecen recios muros de diversa tipología. Una mujer discapacitada, de avanzada edad, se dispone a acceder en una silla de ruedas al colegio electoral con las habituales barreras arquitectónicas, a la espera de una actuación comprometida para su eliminación. Es ayudada por dos Técnicos Sanitarios (TS) de generosos y nobles sentimientos.

Una vez en el interior, tras la elección de la papeleta, esta mujer se dispone a votar para lo que necesita asegurarse de su decisión. Para ello, pide a la chica que le acompaña la comprobación de que la papeleta deseada está en el interior del sobre.

Es en ese momento, cuando la interventora y, al mismo tiempo, candidata del PP prohíbe proseguir con la votación por simple hecho de haber solicitado la comprensible ayuda de otra persona.

La siguiente escena es tan rocanbolesca como indignante. Presentarse ante la urna con una capacidad diferente está supuestamente ‘penalizado’ para algunas estrecheces mentales. La pobreza espiritual lleva a la mujer, víctima de este evidente caso de discriminación, a repetir el proceso con el mismo grado de resignación que de dignidad.

La disputa verbal también se adueña del lugar entre la candidata popular, los miembros de la mesa y la joven sanitaria que flanquea las necesidades de la mujer discapacitada.

Mientras, repite la acción: coge la papeleta y la vuelve a introducir el sobre (intuimos que no apoya el programa electoral del partido que no comprende sus condiciones de vida), y lo hace ajena una actitud que, desgraciadamente, parece conocer con excesiva familiaridad. Ni se inmuta ante los injustos y continuos apercibimientos procedentes de una oscura humanidad.

Los Derechos Universales pretenden ser remplazados por supuestos matices que no se ajustan a la Ley Electoral. Pero, ¿donde caben aquí los supuestos de excepcionalidad para personas con un determinado contexto social?, ¿es posible confiar en una candidata que demuestra un desgobierno en la política social de base?

La curiosidad tan insana como la mentalidad de la popular militante de la insolidaridad nos ha llevado a revisar los resultados electorales. Afortunadamente, el pueblo ha reivindicado su soberania, situando en la oposición, con 7 concejales de 21 (comprobar resultados), a las aspirantes a la alcaldía que practican el voto de la discriminación ante la urna de la incomprensión.

La nieta aventajada de la Revolución Social del 68

Admirable que las nuevas generaciones muestren preocupación y responsabilidad por trazar un futuro equidistante al que, hoy en día, marcan políticos y economistas muy interesados en asegurar el asunto de la ‘buena pensión’. Lo imprescindible, al paso que caminamos, es el origen o carácter de dicha prestación de jubilación: público o privado.

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¿Hay fuga de cerebros en el Tercer Sector?

La calidad técnica del Tercer Sector discurre por un sendero muy esperanzador. Las organizaciones sociales consideran que el 70% de su personal cuenta con la formación adecuada para el desempeño de su trabajo, según datos del ‘Anuario del Tercer Sector de la Acción Social (TSAS) en España’, elaborado por la Fundación Luis Vives en colaboración con Obra Social Caja Madrid.

La profesionalización es un proceso inexorable y necesario para garantizar una prestación de servicios de carácter social. La canalización del sentimiento de la solidaridad debe traducirse en proyectos con efectivos resultados. Lo contrario, es similar a nadar a contra corriente. Este planteamiento debe ser directamente proporcional al nivel formativo, académico y técnico de los actores sociales que acometen una intervención. Sin embargo, sólo el 42% de las organizaciones reconoce contar con una partida presupuestaria exclusiva para dedicar a los recursos humanos.

Sin embargo, la crisis es la mascara perfecta para desmantelar parcialmente el tejido social, hasta el punto, de provocar un debilitamiento interesado y restar una autonomía de acciones, decisiones e incidencia política. Una situación que afecta directamente al capítulo de la formación continua, entre otros apartados profesionales. De hecho, ocho de cada diez entidades aseguran haber realizado acciones formativas en los últimos tres años, y tan sólo cuatro de cada diez perciben como suficiente la formación impartida, si bien el 60% la califican como buena o muy buena.

Casualmente, la gestión económica y la propia intervención han sido los campos en los que se han centrado las modestas actividades formativas. Pero, según los responsables del estudio, en la actualidad, comienzan a surgir nuevas necesidades que hacen que los programas formativos más demandados sean aquellos referidos al entrenamiento en habilidades directivas, herramientas web 2.0, captación de fondos, innovación social, RSE, ciberactivismo, planificación estratégica, etc.

Comprobamos que una de las perspectivas planteadas sitúa a la Brecha Digital en el centro del combate. El peligro del rodillo de la exclusión On Line es una constante amenaza para los colectivos de desarrollo. ¿Ha llegado tarde esta reacción?, ¿el escepticismo en la revolución 2.0 es ahora un lastre insalvable para la visibilización de las ONGs?

La rentabilidad de las acciones en la red indiscutible. Los proyectos Networking parecen haber calado en el seno del TS como una corriente cultural, ahora imprescindible. “Se ha pasado de la nada al todo”.

Esta nueva visión entronca con el dato de que el 90% de las organizaciones afirman disponer de suficiente capacidad de adaptación a los cambios. Si algo ha puesto de manifiesto la actual crisis socioeconómica son las nuevas necesidades de cambio estratégico y organizativo para superar la barrera de adaptación al nuevo ciclo.

En este sentido, el 63% de las entidades han sufrido modificaciones en su financiación, siendo mayor este impacto en aquellas cuya financiación está basada en los mermados fondos públicos.

Aquellas organizaciones cuya labor se centra en la integración social, en la promoción de los derechos humanos y la participación son las que más han visto afectado el desempeño de su labor, dado que la crisis económica está perjudicando principalmente a las personas más vulnerables y en riesgo de exclusión social, agrega el estudio.Es decir, esto se traduce en que los programas y proyectos experimentan un aumento en la demanda, mientras que, al mismo ritmo, un decrecimiento de recursos amenaza la continuidad de los integrantes de los equipos configurados con la finalidad de desarrollar un cronograma de acciones y cumplir con los objetivos marcados en el plan de trabajo.

Por tanto, en el actual contexto, el sobresaliente nivel formativo de los profesionales de la gestión de la Accion Social combinada con la falta de determinación, ante una descarada falta de apuesta por fortalecer el sistema del Bienestar Social, nos conduce a una preocupación atomizada en una pregunta: ¿Hay fuga de cerebros en el Tercer Sector?