Un borron en las agendas

Es una constante en la conformación de los programas electorales. No son olvidos casuales o marcados por un elevado número de necesidades detectadas en la convivencia con los ciudadanos de una determinada localidad, villa o ciudad.

Si el origen de una ausencia de argumentos en las prioridades políticas estuviese justificado por un esceso de iniciativas, propuestas o planes de desarrollo social, tendríamos que pasearnos por este analítico jardín en otros términos, bien distintos.

Pero, no es así. Nos asomamos al abismo de un absurdo alivio para los ‘operarios políticos’ y una preocupación para el resto de la sociedad. La sensibilidad y consideración no aumenta, por mucho que sea incorporada en el discurso la palabra ‘social’.

No priman, ni primarán las determinaciones en hacer uso de las administraciones para fomentar el denominado Estado del Bienestar Social. Hay quienes se atreven a cuestionar su viabilidad por una acusada necesidad de recursos para mantener su eficiencia. Cada vez cobra una mayor importancia unas cuentas públicas abundantes para manejar ‘caudales’ en los supuestos proyectos de futuro.

Otra cosa, bien diferente, es la voluntad de inversión en la calidad de vida de las personas más dependientes o menos favorecidas por la remesa de las oportunidades.

Quienes cuentan con un trabajo, un arraigo o apoyo tanto en lo personal como en lo profesional no afrontan toda una encrucijada por mantener el equilibrio en débil alambre de la omisión política.

Curiosamente, en las últimas horas, apareció una iniciativa para analizar, más bien auditar, en materia de accesibilidad arquitectónica, aquellos centros escolares y culturales destinados a ser los colegios electorales.

El gobierno Gallego y la Confederación Galega de Personas con Discapacidad (Cogami) suscribieron un acuerdo para buscar espacios donde el sufragio universal se reivindique con la máxima expresión real.

Esta medida llega cuando superamos tres décadas de democracia. Necesidades de esta naturaleza parecen haber emergido ayer, si atendemos el discurso que acompaña su anuncio, cuando no deja de ser una deuda histórica social pendiente, especialmente, con las personas con limitaciones de movilidad.

La lejanía de la política comprometida con el desarrollo y el bienestar ecuánime y sostenible desafortunadamente cristaliza en cada uno de los programas electorales revisados. Todos mencionan, subrayan y hasta promocionan como una gran prioridad el empleo, entre las propuestas más próximas a las cuestiones de orden social. En este punto se detiene todo.

Es cierto que las sensibilidades han aumentado en los últimos tiempos. Pero, seguimos escuchando voces de lamento por las profundas heridas económicas que padecen los colectivos sociales. Algunos advierten de la amenaza que supone la crisis para personas con venenosas adiciones, tratadas en centros de Proxecto Home en Galicia.

La reinserción, integración, la deshabituación o cooperación al desarrollo municipalista son conceptos declarados desaparecidos por los partidos políticos.

 Parece que la mayoría de los candidatos han vuelto a incurrir en un relevante borrón en su agenda política. Y es que hay actitudes que “nunca tienen intención de cambiar”.

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