Creatividad en la piel
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La genialidad de los niños no tiene límites. No conoce fronteras reales, ni tampoco virtuales. Todo es posible en cualquier rincón del mundo, si hay una mente infantil discurriendo alguna idea para jugar, disfrutar o, en definitiva, vivir con la máxima intensidad.
La abundancia material no es condición indispensable para sentir ráfagas de felicidad mientras se golpea un esférico que, a tenor de la imagen que ilustra este post, podríamos llevarnos otra genuina sorpresa con los materiales que componen la…
Creatividad en la piel
La genialidad de los niños no tiene límites. No conoce fronteras reales, ni tampoco virtuales. Todo es posible en cualquier rincón del mundo, si hay una mente infantil discurriendo alguna idea para jugar, disfrutar o, en definitiva, vivir con la máxima intensidad.
La abundancia material no es condición indispensable para sentir ráfagas de felicidad mientras se golpea un esférico que, a tenor de la imagen que ilustra este post, podríamos llevarnos otra genuina sorpresa con los materiales que componen la pelota de fútbol, en cuestión.
A un lado, los indicadores económicos; la necesidad de seguir acaparando necesidades. A otro, la Infancia vuelve a reivindicar su pureza natural con la firme exigencia de habilitar los espacios precisos para permitir que los niños sean niños…
Pobreza o riqueza. Norte o Sur. Situaciones sociales, económicas y geopolíticas convertidas en meras espectadoras ante cualquier expasión de la imaginación de un pequeño o una pequeña.
En este caso, el nueve (9) puede simbolizar, a la perfección, la nota de esta lección de humildad y sencillez; Vestir un cuerpo desnudo es más que suficiente para dejar escapar la creatividad por los poros de la piel…
Agricultores de la comunicación social
¡Atención al cubo de la basura!
Tirar alimentos forma parte de una cultura insolidaria y despreciable que parece haberse instalado en los aledaños de la pobreza. El presidente de la Federación de los Bancos de Alimentos de España (Fesbal), José Antonio Busto, exige e compromiso político y social para revertir la “intolerable” cifra de ocho millones de toneladas de comida que se produce cada año en España.
En resumen, por un lado, hacemos campañas de donación de recursos básicos necesarios. Y, por otro, mandamos al contenedor aquellos que ‘a nosotros nos sobra’, sin considerar si puede o no ser aprovechado por personas que cuentan con menor número de oportunidades de militar en el despilfarro alimentario.
Mientras los comedores sociales no logran abastecer la demanda de familias azotadas por el desempleo y la crisis económica, en el otro extremo de la sociedad depositamos en el contenedor de los desperdicios, sin despeinarnos, un sustento que muchos estómagos vacíos agradecerían de buen grado.
No es suficiente que una directriz de la Unión Europea retire la normativa de la fecha de caducidad en alimentos perecederos en los supermercados. A golpe de ley podemos llegar variar el rumbo de hábitos y conductas a largo plazo, durante el proceso de cambio generacional; pero, se da la paradoja que la falta de tiempo es la principal carestía para afrontar un problema que llama, con sonoridad, a las puertas de nuestra sociedad.
La demolición del hospital de solidaridad parece haberse convertido en un proceso imparable mientras el hambre y la pobreza se fortalecen cada vez que nos acercamos al cubo de la basura
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Una progresiva suma de escollos
La gruesa cadena discriminatoria engorda en cuanto saltamos de un contexto social a otro. Analizar la atención política y social de las personas que integran los colectivos de discapacidad es un ejercicio de enorme paciencia, y conviene “no perderla”… Cabe señalar que los recursos actualmente dispuestos no forman parte de la generosidad de la sociedad. Al contrario, debemos pensar que entre las obligaciones del Estado Bienestar se encuentra el dar respuesta eficiente en los contextos en los que se haga necesario.
Más del 10% de la población convive con alguna clase de discapacidad. En mayor o menor grado; pero, lo hace afrontando todas las consecuencias. Entre ellas, soportar la carencia de las más elementales herramientas que ayuden a caminar hacía una autonomía personal integral, cuando el diagnóstico y las condiciones lo permiten. Esta visión se encuentra directamente relacionada con un campo laboral no saneado social y mentalmente. Primer escollo.
Desgraciadamente, las barreras no se miden por metros de altura de un muro de hormigón o ladrillo. Son las actitudes colectivas las que derivan en los mayores obstáculos para el desarrollo. En tiempos de crisis, parece que hemos entrado en una complicada espiral, de la que se antoja difícil escapar, en la que solo los desahucios o indigencia pueden formar parte de la agenda de los servicios sociales. Discapacidad y Dependencia, por ejemplo, deben dejar paso prioritario a los programas de emergencia social; un criterio que deja al descubierto un segundo escollo: La exclusión también amenaza a seres humanos con ‘capacidades diferentes’ ante la falta de respaldo administrativo y político.
Y llegar a plantear una mera atención asistencial (y quedarse tan ancho) puede calificarse de política de hojalata que tan solo contribuye a desandar en los avances registrados en los últimos años. La movilización del sector de la discapacidad (2 de diciembre de 2012), con miles de organizaciones y asociaciones en las calles de Madrid, debería ser entenida como una contestación, sin precedentes, al recorte…
Entretanto, la respuesta política se reduce a la exhibición de una cifra económica que sea más cuantiosa y espectacular que la del adversario. Ahí se acaba todo, en el partidismo. Nadie analiza el estado actual de la aplicación de la Liondau o las valoraciones y prestaciones de la Ley de Dependencia. Y, ante esto, la inclusión de las enfermedades mentales, tal y como demanda el sector de la discapacidad, tiene todos los indicios de quedar aparcada, sin que nada o nadie lo remedie. Un tercer escollo que, además, podría crecer con la progresión en la merma de recursos y el paso de un tiempo que corre en contra.
Ya lo manifestó el actual presidente de la ONCE, Miguel Carballeda: “Lo que se pierda ahora para el mundo de la discapacidad no se va a recuperar nunca”.
Una escueta frase que solo mañana conoceremos si suma nuevos escollos o se limita a una reflexiva advertencia incumplida en campo de la discapacidad… Volcaremos todas las esperanzas en la segunda opción. Así debe ser.




















